Las últimas semanas hemos vivido varias polémicas algo surrealistas entre trabajadores de hostelería, empresarios del sector, medios de comunicación y gobierno, algunos de cuyos representantes siempre están en medio de todos los debates sin aportar nada valioso en ellos.

Se quejan y con razón, los empleados de hostelería, de las malas condiciones laborales que a menudo padecen. Se quejan por su parte, algunos de sus empleadores de la dificultad de conseguir camareros en temporada alta. Responde la vicepresidenta, con lógica liberal, pese a ser comunista (o comunistoride) que si quieren camareros que les paguen más. El problema es que muchos de los dueños de bares no pueden pagar más a sus empleados porque eso les llevaría a la ruina.

Obviamente, todo se solucionaría y cuadrarían las cuentas si bajaran los impuestos, pero existen gastos inaplazables del estado que lo impiden, como destinar 20.000 millones al ministerio de igualdad, por ejemplo. ¿Cuál es la solución que ha encontrado nuestro gobierno a este dilema? Facilitar todavía más la inmigración masiva. Mientras, los millones de parados españoles esperan su oportunidad de encontrar un puesto de trabajo digno... ¿Vemos la trampa retórica del sistema?

Según el estudio del Grupo de estudios estratégicos, GEES “El coste de la emigración extranjera en España”, los extranjeros en España, pese a representar el 13% de la población, aportaron solo el 3% de la recaudación del IRPF en 2014 y 2015, y consumen, sin embargo, en torno al 50% de los programas de ayuda contra la pobreza (para 2022 esas cifras serán seguramente más exageradas).

Esto viene a demostrar que eso de que necesitamos inmigrantes, que vienen a pagarnos las pensiones, etc., son cuentos, ya que los inmigrantes son básicamente deficitarios en la seguridad social, porque aportan poco, ya que ganan poco, y a menudo en la economía sumergida, y son acreedores netos de prestaciones para paliar su desafortunada situación, sin perjuicio de los múltiples fraudes que algunos cometen, como el conocido recientemente del senegalés que estafó más de un millón de euros en ayudas sociales del gobierno vasco con pasaportes falsificados.

Por todo ello, no solo no corrigen el déficit de la seguridad social, sino que lo aumentan, no solo no palian los efectos de la crisis demográfica, sino que los incrementan, por lo que el reemplazo poblacional que suponen no solo amenaza destruir nuestra identidad, sino que no representa ninguna solución para el problema de la baja natalidad, por el contrario, la inmigración masiva es parte fundamental del problema.

Las políticas simultáneas de fomento de la inmigración masiva y de impuestos confiscatorios a las clases medias, pymes y autónomos sirve a las élites financieras a las que se nutre de mano de obra barata inagotable y a la clase política subordinada a ella que encuentra financiación también ilimitada a sus desvaríos, mientras nos empobrece y destruye a todos los demás.