Lo hemos advertido en más de una ocasión, este afán permisivo e intolerable por parte del gobierno socialista-comunista de permitir, de forma indiscriminada, la llegada a España de miles de inmigrantes ilegales siguiendo las interesadas instrucciones del globalismo internacional, dirigido por masones indeseables y canallas como Soros o Gate, nos va a traer muy malas consecuencias.

Lo hemos visto en el incremento de las cifras de la criminalidad con el aumento exponencial de delitos contra la libertad sexual, contra las personas y contra la propiedad de las que sus sujetos activos, en la mayoría de los casos, pese a que la prensa oficialista trate de ocultarlo, son de origen magrebí o subsahariano que han accedido a nuestra Patria de forma irregular sin que se haya puesto coto a tal invasión, antes bien, todo lo contrario, incentivándola por medio del “efecto llamada”.

Un ejemplo lo tenemos en lo sucedido en fechas pasadas en Vitoria donde una mujer fue brutalmente agredida por varios jóvenes, según ella de origen magrebí pese a que la prensa pesebrera pasó por alto este dato para ellos poco relevante, cuando regresaba a su domicilio. No hemos visto que la tipa esa del ministerio de “igual da” ni sus secuaces saliesen a clamar justicia haciendo buenas sus palabras de “sola y borracha quiero volver a casa”, se ve que la joven vitoriana no había bebido y, por tanto, no cuenta para la ex concubina del macho alfa de pelo sucio.

También tuvimos ocasión de comprobarlo el otro día cuando efectivos de la Policía Nacional se vieron en la penosa necesidad de abatir a tiros a un individuo de origen subsahariano, con numerosos antecedentes, en el barrio de Villaverde de Madrid, cuando este trataba de agredir a un policía con un cuchillo de grandes dimensiones.

Vimos también como esa ultraizquierda canalla -la malvada podemia, los golpistas catalanes y los miserables filoetarras- ponían el grito en el cielo ya que para ellos la vida de un servidor del orden no vale ni un euro y sino que se lo pregunten a los batasunos que todavía homenajean, sin recato, a sus ascendientes etarras por asesinar a mansalva a cientos de buenos y honrados españoles, entre ellos muchos servidores de la Ley.

Sorprende que toda esta canalla que debería estar callada levante la voz exigiendo justicia para un delincuente, cuando todos ellos deberían estar en la cárcel, unos por alta traición al recibir dinero de una potencia extranjera; otros por dar un golpe de Estado contra España y los otros por delitos de enaltecimiento del terrorismo. Sin embargo, nunca mejor dicho aquello de la “mierda es la que primero vocifera”.

En mi caso, apoyo sin recato a los policías que intervinieron en Villaverde ya que he trabajado toda mi vida profesional en la calle y de sobra sé lo que ello representa y los problemas que hay que afrontar de los que culpo a ese malvado buenismo oficial, de unos y de otros, que, merced a leyes ambiguas, ha permitido que se pierda el respeto debido a las fuerzas del orden.

Y ahora, tan solo unos días después, nos encontramos con el suceso acaecido en el aeropuerto de Palma de Mallorca donde un grupo de inmigrantes procedentes de Marruecos, en una operación perfectamente orquestada a través de las redes sociales, huyó del interior de un avión marroquí sin que nadie pudiese impedírselo, internándose en territorio nacional.

Estamos siendo testigos de una operación de invasión en toda regla sin que nadie sea capaz de frenarla ya que cuenta con las bendiciones de foros tan macabros como el de Davos que propician situaciones como esta que, finalmente, nos conducirán, si no lo impedimos, a la muerte de la civilización occidental.

A lo largo de los últimos años, especialmente desde que los socialistas -el partido más corrupto de España- y la malvada “podemía” -el peor cáncer que asola nuestra Patria- están en el gobierno hemos asistido a una auténtica invasión que pone en serio peligro nuestra seguridad y por ende nuestra convivencia.

Desde entonces, miles de individuos, en edad militar, de fuerte complexión física, dotados de telefonía móvil de última generación, han accedido a España, distribuyéndose por las diferentes ciudades donde ocupan barrios enteros, organizándose a base de “pisos-patera” donde conviven, formando células elementales que, en cualquier momento, pueden activarse y provocar situaciones de muy difícil control al menos con los medios disponibles y la legislación garantista que tenemos.

Si la invasión de Ceuta en fechas pasadas fue un aviso que ni tan siquiera hemos considerado, lo de ahora de Palma viene a demostrar que estos grupos de inmigrantes ilegales están debidamente organizados y estructurados y en cualquier momento pueden darnos un serio disgusto, ejemplos suficientes tenemos a lo largo de los últimos años.

Dejemos a un lado ese buenismo insano y perverso y exijamos que, de una vez por todas, se detenga esta invasión utilizando la totalidad de los medios y recursos disponibles antes de que sea demasiado tarde.