Muy serio el Sr. Ministro de Sanidad. 

Me parece bien, tiene muchos motivos para estar serio, preocupado, y hasta intransigente, si se me apura. El hombre no da abasto a tapar agujeros, también los muchos que él produce, y no podrá taparlos, es imposible: No se empeñe Sr. Ministro, hay tantos y tanto roedor en el gobierno de Vds que ningún soldador daría abasto a poner parches al colador en que han convertido este gobierno.

El empeño más reciente del ejecutivo español, lo viene predicando el Presidente, se titula VACUNAS. Vamos ya por el cuarto sermoncillo en los términos esos como de papá comprensivo, sugerente, bondadoso gesticulador que exhibe PS en la tele, ante las cámaras, naturalmente. Una figura algo así como de Fray Campazas. Y lo hace solemne, poniendo mantequilla para tapar butrones: ¡Ya tenemos vacunas!

Detrás viene el ministro Illa para intentar lo imposible, y se pone serio, casi amenazante porque “las vacunas salvan vidas”, así pues, sobre eso nada de chistes y pocas bromas.

Pero Sr. Ministro, por favor, no nos regañe ni nos culpe a los pobres españolitos, no nos amenace más, que bastante tenemos con el paro, los ERES, los ERTES, las colas del hambre, las trapas bajadas, los aforos al tercio, los seises juntos, los perimetrales, los tapabocas, los parques cintados para que los niños no se ejerciten y que se anquilosen, etc. etc.

Déjenos al menos bromear, reírnos, hacer inocuos chistes para poder sobrevivir. Nuestra fuente de diversión (trágica diversión) casi única, es el Presi. Apenas aparece ya estamos al acecho, ¿qué mentira nos va a contar?

Y ¡claro!, aparece una y otra vez con las vacunas …¿Se extraña Vd. Sr. Ministro Illa que la confianza y la buena disposición de los españoles hacia las vacunas descienda en picado?

Cada prédica del Presidente afirmando la “absoluta seguridad”, el índice de confianza de los ciudadanos baja un 30%. No nos queda más remedio; palabra del Presidente, garantizada la mentira. Él anuncia “total seguridad”, “plenas garantías”,…y media España tiembla ante la vacuna.  Las farmacéuticas productoras se lavan las manos y exigen que otros asuman posibles riesgos, otra media España tiembla.