La humanidad se enfrenta a problemas muy graves para los que realmente no se encuentra una solución válida. Por no hablar de la tan traída y llevada crisis, que a tanta gente ha dejado en la calle, ahora nos encontramos con el problema de los refugiados. Que no pasa de ser una hiriente agudización del problema de la emigración. Los millones de personas que llaman a las fronteras de los países ricos huyendo de la miseria y de los mil conflictos que azotan a múltiples regiones del mundo empobrecido. Todos los intentos de buscar una solución en el fondo sólo apuntan a reforzar un apartheid planetario, que es un recurso brutal, en flagrante contradicción con un mundo realmente globalizado y con nuestros solemnes discursos sobre la democracia y los derechos humanos.

 

Los gobiernos no cesan de dar palos de ciego en busca de soluciones inmediatas, pero se habla muy poco de las causas, de las causas profundas, de los principios que rigen la organización económica y social en la que surgen esos problemas. En los grandes medios de comunicación nadie cuestiona los principios del sistema capitalista, que es el entramado sobre el que nacen, crecen y se perpetúan todos estos grandes problemas.

 

Parece que con el hundimiento de los países de la órbita soviética todas las críticas al sistema capitalista perdieron su valor, y el capitalismo quedó totalmente legitimado. Pero esta consecuencia, la legitimación del capitalismo, no tiene el menor fundamento lógico. Muchos tratamientos para curar el cáncer han fracasado, pero a nadie se le ocurre mantener por eso que el cáncer es algo positivo

Parece que con el hundimiento de los países de la órbita soviética todas las críticas al sistema capitalista perdieron su valor, y el capitalismo quedó totalmente legitimado. Pero esta consecuencia, la legitimación del capitalismo, no tiene el menor fundamento lógico. Muchos tratamientos para curar el cáncer han fracasado, pero a nadie se le ocurre mantener por eso que el cáncer es algo positivo. Fracasó un intento de establecer un sistema socialista, pero las grandes cuestiones que empujaron al nacimiento del socialismo siguen ahí. Sigue la desigualdad, la falta de libertad y la explotación. Y ahora está cada vez más claro que no es sólo explotación de los seres humanos, sino explotación del planeta, que está llegando a sus límites y puede provocar un colapso enormemente grave para toda la humanidad.

 

Por parte de los sectores críticos se señalan muchas veces las consecuencias a las que está llevando este sistema, pero mi impresión es que no se expone una crítica a los fundamentos básicos del capitalismo de una manera suficientemente clara para el hombre de la calle. El pensamiento anticapitalista sigue muy pendiente de la obra de Marx que, desde mi punto de vista, es una aportación monumental al pensamiento humano, pero también es dependiente del pensamiento de su época, lo que le lleva a errores básicos, que hoy habría que superar. Y su obra cumbre, “El capital”, es un tocho difícil de digerir para el hombre y la mujer de hoy.