[Pues sí, da más miedo no tener agua potable, alcantarillado en condiciones, algo que meterse en la boca… todo eso.]

El fenómeno y la vacuna covid han hecho despertar a muchos. Hacerse preguntas sobre tantas cosas que antes aceptaban como verdad porque sí. Debido a que la realidad ha escrito sus sentencias con letras de sangre, dolor y angustia. ¿Era necesario paralizarlo todo, para frenar una enfermedad que desde muy pronto se veía que no era ningún fin del mundo? ¿Quitar de un plumazo las libertades básicas, encerrar a los sanos por primera vez en la historia? ¿Coaccionar a masas sin fin a hacerse test de los más ineficaces, absurdos y violentos, a vacunarse con un tratamiento experimental del que sospechaba mucho mal, lo cual se confirmó en tantos vacunados, etc.?

Sin embargo, a pesar de todas esas evidencias, ingentes masas de gente en tantísimos países se han vacunado contra el covid. La cuestión: ¿por qué las han aceptado?

Varias son las razones para ello, incluido el temor a no perder el trabajo no sea que me exijan vacunarme y no pueda pagar tantas deudas que tengo. O hasta de no parecer un bicho raro. Sin embargo, hay razones intrínsecas relacionadas con la vacunación en general. Estas son:

  1. Creencia en la efectividad de las vacunas.
  2. Confianza en el sistema sanitario y personal médico en concreto. En su formación objetiva, sin compromisos alienantes.

Comentaremos algunas cuestiones a tener en cuenta sobre estos dos puntos. En cuanto al primero, como en tantas otras cosas de interés, la verdad se esconde o no se difunde entre el público. Y la verdad es esta, todavía referente al año 2010 en EEUU: en abril de 2011 el Programa Nacional de Compensación por Lesiones Causadas por las Vacunas del Departamento de Salud de EEUU publicó que las vacunas infantiles supuestamente seguras mataron o lesionaron oficialmente a no menos de 2699 niños en el año 2010 en EEUU. Los padres de esos niños recibieron 110 millones dólares en concepto de daños y perjuicios. Según se informa, el Gobierno de los EEUU también ha pagado una indemnización a los padres de niños autistas. Y aproximadamente al mismo tiempo el gobierno japonés detuvo parte de su propio programa de vacunación después de que varios niños murieran después de ser vacunados.

Autismo. En los primeros años 90, había en el RU 4 ó 5 personas de cada 10.000, que era una enfermedad rara entonces. Unos 30 años más tarde, ya había 100 niños autistas de cada 10.000. Un fenómeno que va en aumento. Al principio el autismo se definía como un daño cerebral, pero ahora lo definen más como un problema de psicológico. Ya que el concepto “daño cerebral” puede sugerir un daño físico desde el exterior. Y como las vacunas pueden provocar un daño físico en el cerebro, pues mejor no hablar de ello. De hecho, cuando en EEUU se estableció un programa de investigación para investigar cualquier vínculo entre la vacunación y el autismo, las compañías farmacéuticas solicitaron a un tribunal una orden judicial para detener la investigación. ¿A qué se debe el miedo a eso? Pero lo cierto es que por otra parte, en el mismo país hay un nutrido grupo de pediatras con nada menos de 30.000 pacientes infantiles que no vacunan a los niños encomendados en absoluto. Resultado: no tienen pacientes con autismo. Esa muestra es estadísticamente muy poderosa en cuanto a la tesis del artículo.

Hace hasta medio siglo aproximadamente, contra las enfermedades contagiosas comunes como varicela, sarampión, paperas los padres procuraban crear en sus hijos inmunidad natural. Si había un niño enfermo de ello, no había pánico. Hasta se le juntaban otros niños para desarrollar inmunidad natural frente a la misma como mejor protección. Y si alguno enfermaba, tampoco era muy grave. Lo que por otra parte se debe investigar es si las vacunas crean más enfermedades que dicen combatir. Circula también la mentira que estas enfermedades fueron erradicadas mediantes vacunas; falso, ya que casos correspondientes bajaron enormemente con el aumento de condiciones higiénicas en la sociedad, con más acceso al agua potable y un alcantarillado en condiciones.

Tuberculosis. Si una misma persona puede desarrollar esta enfermedad varias veces en su vida, es decir el superar la enfermedad no genera la inmunidad contra ella, ¿cómo podrá hacerlo una vacuna? Eso es absurdo, y así de inefectivas son campañas de vacunación contra esta enfermedad. Por lo demás, no erradicada a día de hoy ni en España, ni en otras tantas partes. Recuerdo el brote de tuberculosis en Yugoslavia en los años 80. ¿Causa? La crisis económica y el empeoramiento en la alimentación que un grupo poblacional no pudo evitar. A pesar de haber sido vacunados contra la misma, claro está. De hecho, en varios países se ha suspendido la obligatoriedad de vacunación contra tuberculosis, después de varios brotes de esta enfermedad después de las campañas de vacunación.

Entre los efectos secundarios de las vacunas están los daños cerebrales. Sorprendentemente, cuando la Academia Americana de Pediatría anunció que uno de cada seis niños estadounidenses tenía un trastorno del desarrollo o del comportamiento, nadie mencionó la posibilidad de que las vacunas pudieran, simplemente, ser responsables.

Las vacunas pueden contener ciertas cantidades de metales nocivos para el organismo como aluminio o mercurio (muchas contienen timerosal, que contiene mercurio; en los EEUU las prohibieron desde 2001). ¿Te das cuenta del absurdo de hablar sobre la contaminación por el mercurio – que tontería no es – en el medio ambiente, y no en el propio organismo? ¿Cómo puede afectar ese hecho a la salud de tu hijo? ¿Lo sabes? ¿O prefieres experimentar con el mismo, a ver si hay suerte?

La vacuna contra el cáncer de cuello uterino. ¿Alguien se acuerda de ello? Es cuando por primera vez detecté el absurdo, ineficacia y mal planteamiento relacionado con la vacunación. Se decía que de esta forma se evitaba el riesgo del cáncer… por si las adolescentes mantenían relaciones sexuales. Oye, con promover la castidad entre adolescentes, problema resuelto. Al final, el problema fue no resuelto con las vacunas, sino aumentado por los graves efectos que producía, hasta el punto de suprimir la vacunación. Deja de ser cobaya humano.

En 2007, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) detalló 1637 informes de reacciones adversas a la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), incluyendo 371 reacciones graves y tres muertes. Recuerda: en la ciencia no se cree, en la ciencia hay que examinar críticamente tantos los datos observables como teorías construidas. Porque puede no ser verdad lo que digan.

En 1988 el Gobierno francés abandonó su programa obligatorio de vacunación contra la hepatitis B para los escolares después de que se entablaran más de 15.000 demandas por daños cerebrales y reacciones autoinmunes como la artritis, la esclerosis múltiple y el lupus. Si cuela, cuela. Si hay que pagar, se paga. Y adelante, que no se perturbe tu fe en lo que te indique. Tú cree a ellos, sin rechistar.

El sistema inmune en los niños no se desarrolla hasta los dos años. ¿Para qué entonces vacunarlos antes? Uy, estoy tocando una verdad intocable. Pero en Japón sí la tocaron: no vacunan a los bebés hasta los 24 años. Pasó una cosa interesante también: desaparecieron las muertes súbitas en los bebés después de ello.

La difteria. La vacunación se introdujo en Alemania en 1925. Después de ello, el número de casos de difteria aumentó constantemente hasta que, poco después de la Segunda Guerra Mundial, se detuvo la producción de la vacuna. Se produjo una disminución de la incidencia de la enfermedad. Cuando posteriormente se reintrodujo, se ralentizó la disminución de la incidencia de la enfermedad. Al igual que en el caso de tosferina, el tétanos y otras enfermedades, la incidencia y el número de muertes habían disminuido mucho antes de que se introdujera la vacuna.

Y un largo etc., que por razones de formato no puede tener espacio suficiente para ser tratado en un artículo. Mencionaremos no obstante una reflexión clave en este asunto: si tú le preguntas a un médico si tal o cual vacuna le va a garantizar la salud a tu hijo, y que no le va a pasar nada, él te dirá que no puede afirmar tal cosa. Incluso, si es sincero, que puede que le toque a tu hijo. Porque las vacunas, según el planteamiento de sus defensores, está diseñada para salvar la comunidad, no al individuo. Y para ello, puede que a alguien le toque, con el fin de proteger la comunidad. Cosa que por empezar no es cierta, ya que la comunidad como hemos visto en pocos ejemplos, no queda salvada, ni enfermedad erradicada. Por otra parte, no se puede exponer a los individuos a riesgos tan graves y probados.

Por último, la razón económica o de ganancia (no para la gente común): mientras que un medicamento se aplica solamente a un pequeño subconjunto de población total, la vacuna se aplica generalmente a toda la población, al menos infantil, y ahora en el caso covid ya me dirás. Casi a todos. De allí las implicaciones directas sobre la ganancia de las farmacéuticas.

Punto 2. El fenómeno covid sin duda ha mermado en buena medida la confianza casi ciega que la población en general tenía respecto al personal sanitario. Una de las pruebas es que ya nadie se atreve a promover aplausos a los sanitarios. Hay que preguntarse quién les paga los cursos de formación a los médicos. Y por qué. Pudiendo ser desgravada esa inversión. En este punto sería conveniente reflexionar sobre la argumentación del libro "La Mafia Médica" que le costó a la doctora Ghislaine Lanctôt su expulsión del colegio de médicos y la retirada de su licencia para ejercer medicina.

Se trata probablemente de la denuncia publicada más completa, integral, explícita y clara del papel que juega a nivel mundial el complejo formado por el Sistema Sanitario y la industria farmacéutica que, recordemos, puede tener más activos que algunos países enteros de la UE.

No podemos omitir hacer referencia al tratamiento que los médicos generalmente dan a los pacientes hoy en día: se habla de la enfermedad, pero no de la salud. No se busca raíz de enfermedades en hábitos malos que deben abandonarse; todo se intenta resolver mediante fármacos. En EEUU hay vacuna incluso contra la obesidad, absurdo de los absurdos. En vez de decir: come menos, ten orden en tu vida y haz ejercicio, se buscar arreglar el problema a base de pastillas o hasta operación. No hay confianza en la creación de Dios, en el último término que es el cuerpo humano, al que cuidar responsablemente con hábitos sanos, que para eso está hecho. Para colofón, tampoco la “Iglesia conciliar” se ha cubierto de gloria en este asunto. Las vacunas por ejemplo de la “triple vírica” proceden de un feto abortado. ¿Tú has visto exhortación específica de que no hay que recibir esas vacunas por razones morales? Yo tampoco. De allí a que tampoco les importe lo mismo en el caso de la vacuna covid, un paso más en la misma dirección.

En conclusión: por tu bien y de los tuyos, no te pongas vacuna alguna, ni se la pongas a tus hijos. Hay mucha gente sin ninguna vacuna en su cuerpo, y funcionan perfectamente. He aquí uno al que le pusieron, por orden de Tito, una sola: la de viruela a los 11 años de edad. Pasé de jovencito sarampión, y eso era todo, aquí estoy. Pero una compañera mía de la clase, se quedó con el brazo inutilizado por la vacuna de viruela: caso reconocido. Un recuerdo anecdótico en la línea de lo expuesto, analizado de forma general.

Como decía Orwell: “A veces la tarea principal de un hombre inteligente, es examinar lo obvio.”

P.S. Para informarse más sobre el particular, ver por ejemplo el libro del médico y divulgador británico Vernon Coleman “Cualquiera que te diga que las vacunas son seguras y efectivas está mintiendo”.