Se cumplen 85 años del asesinato de José Antonio y yo desde este nuestro medio quiero recordar y contar, por qué no, mi descubrimiento y a la vez deslumbramiento de la inmensa figura política de un hombre irrepetible de una talla intelectual indiscutible.

         Tenía yo 15 años, ahora tengo 63, cuando un amigo de una de mis hermanas mayores, estudiante de derecho traía a casa a menudo un libro voluminoso de pasta azul con una foto de un busto tumbado como muerto y esto me llamó mucho la atención. Se trataba de las obras completas de José Antonio, Textos de doctrina política, en la famosa edición de Agustín del Río Cisneros editada por el Movimiento y que yo empecé a leer a retazos con un interés vivo de preguntar e interesarme por lo que leía. Así conocí a José Antonio.

         También coincidió que en ese momento mi primo más querido y algo mayor que yo militaba y todo esto hizo que en pleno deslumbramiento vistiera la camisa azul con poco más de 16 años. El día de mi cumpleaños mi padre me regaló la autorización para poder formar parte de un grupo fraternal de camaradas.  Han pasado muchos años de eso, pero aunque lógicamente mi falangismo evolucionó desde un sentido puramente ideológico a un sentido pragmático que fuera capaz de llevar a cabo el mayor número de puntos de nuestro ideario nacionalsindicalista, que en parte se consiguió al aglutinar un cuerpo político factible y realizable en un tiempo real cuando el Jefe era ya el ausente y muchos camaradas decidieron aunar esfuerzos consintiendo y formando parte medular de la unificación, mi espíritu falangista en esencia sigue siendo el mismo. Mi camisa azul la llevo, como otros camaradas, en el alma.

         José Antonio convirtió a muchos falangistas de la primera hora, aquellos "camisas viejas" en depositarios de un mensaje claro de dignidad humana y justicia social y ese mensaje nos ha calado a todos los que con la T de tradicionalistas o sin ella somos y nos moriremos falangistas. Muchas cosas que dijo e incluso hizo José Antonio a día de hoy son inviables, pero el cuerpo ideológico, esa mezcla de tradición con una trascendencia del hombre, es de una importancia y de un recorrido infinito. Como cantaba una jota de esos tiempos posteriores a su llegada a los luceros, nos mataron al mejor hombre de España. Un hombre en el esplendor de los 33 años y que a día de hoy sigue siendo un auténtico desconocido. Los afortunados que lo conocemos bien tenemos que, como corresponde al laconismo militar de nuestro estilo, dar gracias a Dios por habernos puesto en nuestro camino la posibilidad del conocimiento de un hombre y de una ideología iluminadora de nuestras vidas. En el recuerdo imborrable. En este 85 doloroso aniversario de una canallada gigantesca.

JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA ¡PRESENTE!