El término “feminazi” fue definido por la RAE en su cuenta de twitter el pasado 21 de agosto de 2018 a raíz de la consulta de una usuaria.

         La voz “feminazi” –explica la RAE– es el acrónimo de “feminista” + “nazi” y se utiliza con intención despectiva con el sentido de “feminista radicalizada”.

         Una nueva acepción del vocablo que nos ocupa y que es urgente incorporar es la que hace referencia a toda mujer que denuncia en falso (más de 1.000.000 de denuncias instrumentales desde 2004) para sacar provecho de una separación o divorcio. Feminazi, pues, es aquella que denuncia para blindar su separación y divorcio cogiendo el atajo que le brinda el gobierno de turno.

         Otra acepción no menos importante que la anterior hace referencia a toda mujer que pertenece al régimen nacionalfeminista español o feminazismo clientelar, esa Dictadura de Género que han montado aquí, la misma que vive sus días de máximo esplendor.

         Las similitudes entre el nazismo alemán y el régimen feminazi español obedecen a una simetría perfecta, ya que se trata de un calco, porque la historia de los pueblos viaja en una noria, de ahí que las dictaduras se repitan allá y acullá, eso sí, con su debido desfase temporal.

         Puntualicemos las similitudes entre el feminazismo español y el nazismo alemán:

         Una: Allí se perseguía a un grupo social, los judíos; aquí se persigue a los hombres heterosexuales nativos del país. Colectivos sociales muy definidos en cada caso.

Dos: A los judíos se les robaba su patrimonio; aquí, a los hombres, se les quita la vivienda, se les retiene el sueldo…En ambos casos el gobierno de turno los conduce a la miseria material.

Tres: Allí se creó el odio al judío; aquí se ha generalizado el odio al hombre heterosexual que es maltratador, machista, peligroso, matahijos, violador…

Cuatro: Allí crearon tribunales y jurisprudencia específica para los judíos; aquí han instalado Juzgados para Mujeres y aplican las leyes españolas de género.

Cinco: Allí se gaseaba a los judíos; aquí se usa un sistema mucho más inhumano, macabro y sutil que deja a sus asesinos (presidentes del gobierno, máximos responsables de las políticas de género) en una aparente sombra, aunque todos los señalamos. Aquí se arrebata a cada hombre el afecto de sus hijos, se secuestran esos menores, se los aboca a la indigencia, a una injusticia extrema para la que no encuentran explicación y a la miseria material…y ese hombre, al no tener escape posible, sin una luz de esperanza, sin ayuda alguna, se ve abocado al suicidio (de 3 a 4 cada día, 16.000 desde el año 2004 en que ponen a funcionar la LIVG).

Estos 16.000 hombres suicidados son crímenes de lesa humanidad por persecución a un colectivo social por razón de sexo. Un delito tipificado en el Estatuto de Roma. Asesinatos aún pendientes de ser juzgados en la Corte Penal Internacional sita en La Haya, al igual que en Núremberg se juzgó a los dirigentes nazis.