Podemos observar como la pléyade mediática española, la del consenso progre (o sea todos los grandes medios) dibujan como estampa de sus informativos, tan tóxicos y desinformadores,  la imagen de un Donald Trump malvado, enloquecido y evasor fiscal. Donald Trump se ha convertido en la coartada idónea, en la excusa perfecta, para crear un intencionado vacío informativo sobre los acuciantes y dramáticos problemas de España, el país con el mayor hundimiento económico del mundo desarrollado y con las cifras de desempleo más pavorosas.

Para cubrir sus informativos con sensacionalismo falseador, los mass media españoles atacan a Trump blandiendo las mismas informaciones sesgadas y maniqueas que utiliza el  “New York Times”; ese emporio pijo-progre que todavía no ha pedido perdón a la humanidad por haber blanqueado al régimen más genocida de la historia: la Unión Soviética. Y es que Walter Duranty,  famoso corresponsal de este medio en la Rusia comunista mientras Stalin mataba por hambruna inducida a cuatro millones de ucranianos durante el “Holodomor” de 1932-33, vivía en uno de los mejores apartamentos de Moscú a la vez que hacía entrevistas al tirano rojo y ocultaba sus crímenes. Rodeado de su chofer y amante -proporcionados por Stalin-, Walter Duranty le contaba al mundo que en la “URSS había dificultades alimentarias pero no hambruna”. Posteriormente justificó la represión estalinista afirmando que si se habían cometido crímenes en la URSS era inevitable porque “no se podía hacer la tortilla sin romper los huevos”.

Aunque pese a la pandemia y a la campaña difamatoria de “Black lives matter” registre índices de popularidad e intención de voto sorprendentemente altos, Donald Trump sigue siendo el objetivo permanente de calumnias por parte de los informadores españoles ya sean de izquierdas o de la “supuesta” derecha (13 TV, Cope, ABC, El Mundo).

Uno de los motivos que en las últimas semanas ha movilizado a todo el establishment español contra Trump ha sido la nominación de la juez Amy Coney Barrett como candidata para ocupar la vacante del Tribunal Supremo de EEUU dejada por la muerte de Ruth Bader Ginsburg. De ocupar el puesto, una línea ideológica mayoritariamente conservadora se impondría en este Tribunal. Una línea que podría doblegar leyes, iniciativas o actos administrativos que potenciasen el aborto, las prácticas eugenésicas, la eutanasia o los dogmas de la ideología feminista. Y es que la magistrada propuesta por Trump es una fervorosa cristiana, antiabortista y defensora de la estricta legalidad constitucional que ampara el derecho a la autodefensa con armas de fuego.

La juez Amy Coney Barrett fue la más brillante graduada en Derecho de su promoción en 1997. Ha sido profesora de Universidad desde 2002. En 2017 fue nombrada juez del Tribunal de Apelaciones del séptimo circuito a propuesta de Donald Trump y señaló su intención de dar fiel y estricto cumplimiento a la letra de la Constitución de EEUU, pues pertenece a la corriente jurista de los llamados “originalistas”: los jueces y magistrados que aplican la Constitución en su sentido literal y estricto, despreciando interpretaciones subjetivas o sesgos ideológicos maquinados desde los partidos políticos. Esa posición llevó a Barrett a defender la presunción de inocencia de un joven varón contra la acusación de violación no probada por parte de una joven, o a sentenciar taxativamente a favor del derecho a portar armas.

Pese a su trayectoria brillante, Coney Barrett fue puesta en la diana del ataque progre cuando en 2017, 27 organizaciones LGTB pidieron la revocación de su candidatura al Tribunal de Apelaciones del séptimo circuito.

Barrett es madre siete hijos, uno de ellos con síndrome de Down y dos de ellos adoptados en Haití durante el terrible huracán que asoló el país. Pese a su conservadurismo y a su fe cristiana, los medios supuestamente derechistas de España no han dudado en fustigarla. El periódico “El Mundo” ridiculizaba la devoción cristiana de Coney Barrett apostillando que “es una firme convencida de que el aborto está mal bajo cualquier circunstancia, sin importar la raza, el sexo o las discapacidades que pueda acarrear el feto” . Al parecer,  al periódico El Mundo le agradaría que Barrett defendiese el aborto a la carta que en función de la raza, el deseo de la madre o las presuntas taras del feto, desean generalizar los partidos de izquierdas. 

Tele Cinco y la Sexta no se quedaban atrás en críticas insultantes e insistían en la ideología ultraconservadora y anti abortista de la juez como ataque contra la misma. Y es que para los medios progres la condena a muerte por descuartizamiento de una vida inocente que yace en el vientre materno –aborto- es loable y necesaria, pero la pena capital contra asesinos y criminales es sin embargo perversa y repudiable. Los medios progres de izquierdas y derechas utilizan una vergonzosa doble vara de medir.

Otra de las notas que el periódico El Mundo, o recientemente 13 TV, atribuyeron despectivamente a Barrett fue la de “ser amante del derecho de los estadounidenses a comprar y portar armas”. ¿Acaso pretenden El Mundo y 13 TV que una magistrada de carrera, no politizada e independiente, se oponga a un derecho constitucional como es el de la legítima defensa del derecho a la vida y la propiedad privada mediante armas de fuego, derecho consagrado legalmente en la norma suprema de EEUU a través de la segunda enmienda? ¿Acaso sería lo correcto que una juez se plegase, como hacen las altas magistraturas de la politizada justicia española, a la dictadura LGTB, la memoria histórica o la dictadura buenista?

La derecha cobardona, a la que en España se llama “derecha”  pero que en EEUU no pasaría de ser una mera sucursal del Partido Demócrata – me refiero al PP-, es adjetivada como “moderada o centrista”. Los defensores, sin ambages ni rodeos, de los valores de la Patria, la familia, la vida o la propiedad privada, son directamente calificados como “ultraconservadores”, extrema-derecha y, cómo no, con los consabidos “piropos” adjuntos: racistas, machistas y xenófobos.

Los progres que como La Sexta tildan de “ultraderecha” a Trump y Amy Coney Barrett son los mismos que no adjetivan como comunistas o ultraizquierda a defensores del régimen leninista como Alberto Garzón o Pablo Iglesias. Basan su difusión del odio contra el patriotismo en el estigma que la corrección política ha impuesto contra estas posiciones ideológicas al identificar la bonanza y el progreso con el internacionalismo comunista y la tiranía y el despotismo con el patriotismo franquista.

La “derecha” mediática no se queda atrás en vileza. En la tertulia nocturna del programa “El cascabel”, de 13TV, del día 30 de septiembre, los contertulios así como el interviniente y ex diplomático Inocencio Arias volvieron a sacudir con descalificativos a Donald Trump, utilizando contra el presidente los consabidos apelativos de “bronco” o “provocador” mientras lanzaban constantes loas al aspirante a la Casa Blanca por el Partido Demócrata, Joe Biden.

A la COPE o a 13 TV no les importa que Donald Trump haya creado, durante los meses en que España ha destruido un millón y medio de empleos, más de 8 millones de puestos de trabajo; ni que la economía de EEUU haya caído sólo un 9 por cien del PIB durante la pandemia mientras España lo ha hecho en casi un 19 por cien; ni que EEUU haya crecido en los periodos pre-Covid 19 por encima del 4 por cien del PIB cuando España sólo lo hacía a poco más de un 2 –con Rajoy y con Sánchez-; ni que EEUU haya bajado los impuestos a las rentas y las sociedades aumentando los ingresos fiscales, y situándose ahora mismo en proceso de recuperación económica; ni que Trump haya estabilizado Occidente apartando al mundo del clima bélico constante en que Barack Obama prendió Oriente medio con el criminal intrusismo matón de su política; ni que el gobierno Trump defienda a sus agricultores patrios y a sus industrias mediante una política comercial soberanista arancelaria y proteccionista; ni que haya dejado sin financiación los proyectos escolares que adoctrinen contra la historia de EEUU; ni que haya amenazado con dejar sin fondos los servicios policiales de aquellos Estados demócratas que no persigan a los terroristas de “Black lives matter”.

A la COPE y 13TV no les importa que la agenda supra abortista y feminista de Kamala Harris, la lugarteniente del abortista Joe Biden, contemple convertir a “Planned Parenthood” en un ente paraestatal hiperfinanciado para seguir promoviendo no sólo el aborto sino también la venta de fetos abortados en un negocio millonario.

La COPE y 13 TV apoyan a Biden pese a su senil decrepitud física y mental demostrada públicamente;  pese a su indisimulada atracción por los menores de edad; y pese a sus gigantescos conflictos de intereses y corrupciones morales.

En el primer debate electoral con Biden, Trump pidió que el candidato demócrata se hiciese un análisis previo para comprobar que no iba “dopado” así como inspeccionarle para comprobar que no portaba dispositivos desde donde se le comunicaran las respuestas. El equipo de Biden rechazó estas peticiones y se negó por tanto a la “luz y taquígrafos” que Trump sí ofreció cuando tachó de falsas las acusaciones de evadir impuestos y anunció la pronta presentación de los documentos que demuestran el pago de decenas de millones de dólares anuales en tributos. Biden se negó a debatir sobre las oscuras relaciones comerciales de su hijo con China o sobre el escándalo corrupto en que se vio envuelto en Ucrania contando, en todo momento, con la impunidad brindada por Joe Biden, entonces vicepresidente de EEUU.

Nada de lo sucedido verdaderamente en el cara a cara Biden-Trump contaron en 13 TV o en la Cope como tampoco en la Sexta o TVE. Todos, al unísono, presentaron una imagen beatífica de Biden demonizando una vez más a Trump con las consabidas imputaciones farsarias patentizadas por el New York Times y los grandes lobbies de izquierdas.

Los medios de la derecha sumisa y cobarde, como los progres, comparten con el Partido Demócrata de Biden la defensa de la agenda globalista y del Nuevo orden mundial hurtando a los ciudadanos españoles el derecho a una información veraz y contrastada y mintiendo de la forma más descarada y generalizada.