Puigdemont no se fía ni de su sombra. Esta es una de las muchas realidades de la política catalana. Desde su retiro espiritual en Waterloo -que no exilio- se vive muy bien. Acude al Parlamento Europeo, para distraerse y, de vez en cuando, le permiten hacer el ridículo. El otro día hizo su interpelación ante un Parlamento vacío. Aquella fuerza que tuvo el independentismo en 2017 -si es que alguna vez tuvo fuerza y no fue más una ficción o un fake de los medios de comunicación- la ha perdido totalmente. Puigdemont no le interesa a nadie y cada vez menos a los suyos.

En las próxima elecciones al Parlamento de Cataluña se presenta el partido de Puigdemont, Junts per Catalunya. Se había acordado de que la número 1 seria Laura Borràs y el segundo Joan Canadell, presidente de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona. Un tándem plenamente independentistas. El problema es que en política, como en el amor, la distancia es el olvido. No se puede gobernar un partido desde Waterloo y esperar que los de Cataluña te hagan caso. Algo se habrá olido Puigdemont pues, esta pasada semana se expresó en estos términos: “Tal como anuncié, estaré en las próximas elecciones del 14F, y lo haré encabezando la lista por Barcelona de JxCat para cerrar filas y conseguir que Laura Borràs se convierta la primera presidenta de la Generalitat de Cataluña”.

 

El ojo derecho de Puigdemont, en su tiempo, ha dejado de serlo. Recordemos que el candidato de Puigdemont en las primarias era Damià Calvet -el conseller que sueña como Cyrano de Bergerac en ir a la Luna-. Aquella derrota no le gustó al de Waterloo y menos que el número dos sea Joan Canadell. Este “gasolinero por la independencia” es más extravagante que Quim Torra y podría dar un giro a la situación, dejando fuera de juego a Puigdemont. Para paliar todo esto ha decidido ser el cabeza de lista.

 

No acaban aquí los problemas para Puigdemont. Esta semana hemos sabido que el PDeCat ha ganado poder ostentar los derechos electorales para emitir spots gratuitos y participar en los debates de TV3. Esto significa que Junts per Catalunya no tendrá repercusión mediática en las elecciones catalanas. El partido de Artur Mas, con Àngels Chacón y Joana Ortega le han ganado la batalla a Puigdemont. Un revés que no habrá gustado al “prófugo de la justicia española” y por eso ha dado un paso adelante. Pretende copar espacio electoral con su presencia. Considera que su sola presencia es más importante que todo lo que se pueda publicitar su rival político. Esto es PDeCat.

 

Esta no es la única batalla que ha perdido Puigdemont. Para poder presentar JxCat a las elecciones -actualmente se le considera un partido extraparlamentario al haber roto con PDeCat- necesita presentar a la Junta electoral un total de 7.000 avales. De no hacerlo se puede olvidar Puigdemont de concurrir a las elecciones. Seguramente los conseguirá y este es el mal menor. Por el contrario sí que necesitan la presencia en TV3. Sobre todo en los debates electorales contra su enemigo natural que es la ERC de Pere Aragonés. Si no tiene este posibilidad, difícilmente podrán ganar unas elecciones. Y ese es el temor de ERC. Piensan que cualquier excusa será buena por parte de JxCat para aplazar las elecciones. Evidentemente la pandemia es la excusa perfecta. Ahora bien, no lo harán por la pandemia, sino por la pérdida de share.

 

Con lo cual las elecciones catalanas se nos presentan divertidas. Tenemos a los de ERC que cada vez se consolidan más internamente y no muestran grietas políticas. Tienen muy claro la línea que han de seguir y, si en anteriores elecciones tomaron decisiones más populistas que políticas, en estas elecciones -como decía Pujol- “aniran per feina”. Luego tenemos la antigua Convergència llamada ahora PDeCat. En sus listas los antiguos miembros de un partido que debió desaparecer por sus innumerables casos de corrupción. Recordemos que la número 2, Joana Ortega, fue juzgada junto con Artur Mas. El tercero es JxCat, que es la escisión de la escisión y está formado por post-convergentes y nuevos adscritos al independentismo o a la derecha independentista, como los bautizó Junqueras. Y el cuarto en discordia es la Coalición de Represaliadas.

 

¿Qué es esto? Roger Español, el cual perdió un ojo a causa de un pelotazo policial durante el 1-O, encabezará una candidatura denominada Coalición de Represaliadas, CDR, las mismas siglas que los comités de la república y con la que esperan pillar un puñado de votos. Español no es un novato en materia electoral. Formó parte de la candidatura de la CUP al Congreso en las elecciones de abril de 2019 sin obtener el acta de diputado. En la repetición de esos comicios cambió de partido y se presentó al Senado por JxCat cosechando idéntico fracaso. Así que la del CDR es su tercera experiencia. 

Puigdemont/JxCat, PDeCat, ERC, CDR, más el Partido Nacionalista Catalán (PNC) y el Front Nacional de Catalunya (FNC). Una sopa de letras política. En total seis partidos que quieren repartirse el pastel del independentismo y lugar por tener representación parlamentaria. Si las encuestas no se equivocan sólo tres conseguirán alzarse con actas. El problema no es la diversificación de partidos, lo anormal es que aún la gente les crea y vote una opción divergente de la realidad en la que vivimos.