La primera década de reconstrucción de España, 1940-1950, arranca desde el fin de la Guerra Civil, 1936-39, y pone los cimientos de la España actual que ya se acaba. Es quizá la década más pura e ilusionante de la historia de España. Hay que considerar, previo a la fractura de la guerra civil, el estado moral y material de la Segunda República que dio origen a la anti-España, contra la España de los eternos destinos que sufría la decadencia española desde un siglo antes. La España vencedora logró rectificar la historia buscando las esencias de la raza, y reconstruyó, ya empezando antes de acabar la guerra, la España actual sobre las cenizas de la vieja, que fue lo que le legaron sus inmediatos antepasados, tras la República y la Guerra Civil. Las arcas vacías,  la total pobreza por el secular abandono de unos y el espíritu de rapiña de otros que despojaron el oro de los bancos; la red ferroviaria semidestruida; los campos abandonados y los campesinos sin ganados con sus casas quemadas en muchos casos, una sociedad machacada y hambrienta por la guerra, atrasada sin cultura ni medios, etc., es la herencia que los forjadores de la nueva España se encontraron para construir la Patria que aún, hasta hoy, hemos disfrutado. 

Por si fuera poco, tras tener que resolver de tan triste manera los problemas interiores, de la división a muerte, nada más acabar la guerra estalla la Segunda Guerra mundial.  El Generalísimo logró con su gran habilidad la neutralidad de España, pero no pudo escapar a los daños colaterales que toda gran guerra produce. En definitiva, los difíciles comienzos de construcción, tratando de entender los antecedentes y esencias de la Guerra de Liberación, se conciben providenciales. A los principios del Movimiento Nacional, por mucho que se busque, no se les puede encontrar otra justificación. Fue una revolución nacional necesaria que el pueblo pedía a gritos para liberarle de la opresión del comunismo, la anarquía y el pistolerismo que sumían a España en su peor miseria. El Alzamiento Nacional que el pueblo calificó de glorioso, fue espontáneo, y justo además de necesario, dio origen a la guerra civil de tres años que la sociedad conoció como Guerra de Liberación, al librar las zonas rojas de la esclavitud, la guerra y la barbarie, a cambio de la paz y libertad. Pues no existen éstas cuando el hombre está encadenado. Las tierras que resistían bajo el dominio rojo o terror comunista. También se conoció a la guerra como Cruzada que sería la primera razón espiritual al ser sistemáticamente atacada la religión católica española, raíz y motivo de la existencia, y que sufrió el pueblo en sus carnes pagando con su vida. Ello motivo la unidad frente al enemigo, pues no es gratuita la edificación de la obra del Caudillo, sobre los pilares de la fe católica, la Patria y la justicia social. Justicia ésta que daría lugar a la clase media, a la sociedad del bienestar, que es decir, democracia previa y preparación para su desarrollo y estabilidad futura desde un régimen que parte de una guerra.

El comunismo, cuya doctrina se asienta en la filosofía marxista, fue letal para España, y a él se debe el debilitamiento y fracaso de la Segunda República, el hundimiento español y el estallido de la guerra civil 1936/39, ya iniciada teóricamente en el 1934. Es una filosofía diabólica creada por el demonio para destruir el mundo. En España encontró el terreno abonado (como está pasando hoy), para debilitar el estado y dividir a la sociedad, hasta llevarla a desencadenar la guerra civil. Se inicia con el "comunismo idea", seduciendo, ejerciendo la atracción y el engaño; le sigue la acción clandestina, huelgas, sabotaje, terrorismo... y la amenaza bélica, introducción de "quintas columnas", etc., Fue el caldo de cultivo para el inicio de la destrucción de España. El comunismo destructor de la sociedad y del orden existente, y la masonería que actuó abriendo la puerta al comunismo. Anterior a estos acontecimientos ya se manifestaba como un país difícil, ingobernable, de tal modo que las ideologías marxistas llegaron predicando falsamente ser la solución de los problemas, y acabaron por ser su remate verdadero. Recordar la crisis del 98, lo que había sido el imperio español, y la decadencia de España, iniciada con Felipe III, hasta la Guerra de la Independencia 1808-1814, contra los invasores franceses. Fue la última vez que los españoles estuvieron unidos, logrando vencer a Napoleón. A partir de entonces se inició la división de los españoles. "Se fueron los franceses, pero quedaron los afrancesados", que decía Francisco Franco. Acabada la Guerra de la Independencia, surgen las luchas entre absolutistas y liberales y que sirvió para que las colonias americanas volvieran a sublevarse. Todo el siglo fue un despropósito sangriento y destructor. Acertada la calificación que daba Franco de "maldito siglo XIX".

Desde la Generación del 98, también llamada generación del desastre en alusión a la pérdida de Cuba por España, se sitúa claramente España como problema antes que como solución. La crisis ya venía de antes. Al acentuarse la decadencia española en los siglos XVII y XVIII, España ya no es el país en cuyos dominios no se pone el sol, "un monarca, un imperio, una espada", sino una nación desgarrada y empobrecida en decadencia, hasta llegar al triste estado que alcanzó pasada la Guerra de la Independencia, sumida en sangrientas guerras fratricidas.  Ya se habla de dos Españas. "Españolito que vienes, al mudo te guarde Dios, una de las dos Españas, ha de helarte el corazón", Antonio Machado, o "Aquí yace media España, murió de la otra media", de Larra. Un tema reflejado ya mucho antes, teniendo en cuenta a Quevedo: "Miré los muros de la Patria mía / si un tiempo fuertes, ya desmoronados, / de la carrera de la edad cansados, / por quien caduca ya su valentía..." Un sentimiento que encontraría su denominador común, en el "Me duele España...", de Unamuno.