Unamuno fue un personaje fascinante con un indudable prestigio internacional labrado no solo a base de su ingente y gran obra sino también por su carácter. Fue un hombre dado a la polémica y la controversia, un heterodoxo pero a la vez poseedor de una serie de principios, y como popularmente se dice “un tipo de los que no se callan ni debajo del agua”.

Era políticamente liberal y republicano aunque se fue desengañado poco a poco de la Republica que no del liberalismo, dada la deriva tomada por esta desde la tramposa victoria en febrero del 36 del Frente Popular. La ola de crímenes, incendios de iglesias, ataques a sedes políticas, sindicales y culturales desde esas elecciones, así como el carácter antidemocrático del PSOE y su deriva hacia posiciones estalinistas, le llevaron a tomar postura tras el inicio de la guerra civil por el bando rebelde.

A nadie se le escapa que Unamuno no era militarista, ni falangista, ni franquista, ni carlista, ni nada por el estilo, pero tampoco hay que obviar que la violencia generada por el Frente Popular le produjeron indignación y miedo. Tampoco era Unamuno socialista o comunista pero intuía que la republica caminaba hacia un estatismo tipo soviético a pasos agigantados.

Sin embargo de un tiempo a esta parte, e incluso de antes, los revisionistas de su figura, la mayoría más cercanos a la izquierda que al conservadurismo, falsean la realidad de estos últimos meses de su vida, la que va desde el 18 de julio de 1936 hasta el 31 de diciembre de ese año fecha de su fallecimiento, tratando de crear a base de insinuaciones y versiones no constatadas un relato diferente.  

Lo último ha sido un libro titulado La doble muerte de Unamuno de Luis García Jambrina y Manuel Menchón, publicado este año 2021 por la editorial Capitán Swing. Es un panfleto donde se insinúa nada más y nada menos que Unamuno fue asesinado, hecho que dan a entender pero que no establecen de ninguna de las maneras, señalando que su posible autor podría haber sido un falangista llamado Bartolomé Aragón, yo diría como mucho un neo falangista, ya que los mismos autores señalan que se afilió a Falange a principios de la guerra civil y que combatió en Huelva en el Tercio Requeté Virgen del Rocío, lo cual de por si es bastante inverosímil, siendo la última persona que vio con vida al escritor.  Aunque lo principal que buscan es desmarcar a Unamuno de sus veleidades franquistas desde el inicio de la guerra civil, lanzando para ello el órdago del posible crimen.

En realidad dichas veleidades no lo fueron tanto ya que Unamuno tomó clara postura por el bando nacional al estallar la contienda, lo que no significa que el formara parte de los rebeldes ya que ello no fue así. Hay unas declaraciones de Unamuno hechas un par de meses antes de morir, el 21 de octubre del 36, que los autores del libro citan de pasada pero no reproducen, efectuadas al periodista francés Jérôme Tharaud en donde sin ambages manifiesta “que se ha unido a la causa nacional y al movimiento salvador que acaudilla Franco porque hay que salvar en España a la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional, ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional. En tanto que me iban horrorizando los caracteres que tomaba esa tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura con cierto substrato patológico corporal. Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retorica barata”.

El libro no aporta la más mínima prueba de ese supuesto asesinato, aunque señala indicios, pero tan vacíos de contenido y tan limitados en su recorrido que para nada apuntan hacia algo significativo. Para decir que Unamuno no era Franquista no hacía falta este libro, cualquier persona con un poco de conocimiento político e histórico lo sabe. Y para sugerir que fue asesinado, con alguna dosis de credibilidad, hacen falta como mínimo indicios de verdad y no embustes y circunloquios. Para ese viaje no se necesitaban alforjas

Nos cuentan en el libro que Bartolomé Aragón se contradijo en varios aspectos de su relato acerca de la muerte de Unamuno así como en las circunstancias de su llegada a Salamanca y relación con el filósofo.  Vale, de acuerdo, ¿pero qué tiene que ver eso con que lo matase? ¿Qué clase de indicios son esos?

Igualmente nos cuentan aspectos de la vida de Millán Astray. Que si Unamuno le odiaba, que si el General había tratado sin éxito de relacionarse en el pasado con él, que si el enfrentamiento entre ambos en el paraninfo de la Universidad el 12 de octubre del 36 fue de tal o cual manera, etc.… Y digo lo mismo. Vale, de acuerdo ¿pero qué tiene que ver eso con el posible asesinato de Unamuno? ¿Qué clase de indicios son esos?

Por llamarlo de alguna manera lo más cercano a tener dudas, pero en ningún caso indicios, es el certificado de defunción hecho por su médico habitual Adolfo Núñez Rodríguez, al que los autores del libro califican de republicano y que además de médico era su amigo, en donde se dice que este murió a causa de una hemorragia bulbar por arterioesclerosis e hipertensión.

Según un experto, el Doctor Francisco Etxeberria, así se indica y reproduce en el libro, para certificar como esa la causa de un fallecimiento hubiese sido necesaria una intervención forense que no se llevó a cabo, siendo imposible señalar esa causa en caso contrario. Sin embargo el mismo experto indica la excepción, que son las exploraciones anteriores y en vida que ya hubiesen diagnosticado la arteriosclerosis y la hipertensión, y por ende esa posibilidad de hemorragia bulbar. Esto, que sale en el libro, se cuenta de refilón, sin darle importancia, de pasada, ya que lo importante para los autores y lo que se maximiza es la imposibilidad de dar ese diagnóstico sin examen forense, minimizando la amistad del médico con el filósofo así como su conocimiento previo de la arteriosclerosis y la hipertensión que padecía Unamuno.

Y ya, donde demuestran los autores su escaso conocimiento de la Salamanca política en esas fechas, es cuando hablan de Falange y de la Prensa y Propaganda a las órdenes de Millán Astray.

Hasta el 19 de abril de 1937, con la Unificación, Falange Española de las JONS fue un movimiento político autónomo con vida propia al margen de la Prensa y Propaganda del cuartel general de Franco, que primero dirigió Vicente Gay, que era franquista furibundo y nazi perdido, y después el General Millán Astray. Obvian, o porque no lo saben o porque no les interesa, los enfrentamientos de la Prensa y Propaganda falangista con la del Caudillo, que habían llegado hasta el punto de la detención de José Andino, Jefe Provincial de la Falange Burgalesa, por reproducir y distribuir un discurso de José Antonio, texto anticapitalista, siguiendo instrucciones de Manuel Hedilla, Jefe de la Junta de Mando Provisional.

Tampoco cuentan que los responsables de la Prensa y Propaganda falangista eran Vicente Cadenas y Vicent y Vicente Gaceo del Pino, ambos Hedillistas, que tras la Unificación el primero se exilió a Francia y el segundo fue juzgado y sentenciado en un  consejo de guerra posterior al que a su vez condenó a Manuel Hedilla a la pena de muerte, luego conmutada.

Una serie de acontecimientos que no vienen ahora al caso, anteriores y posteriores, llevaron a Franco a decretar la Unificación de Falange con el Carlismo, asumiendo el su Jefatura y acabando con su independencia y su propia existencia, pasando a partir de entonces a ser la Falange con la T de tradicionalista.

Jambrina y Menchón hacen un batiburrillo de personas varias haciéndoles depender de Millán Astray metiéndoles a todos en el mismo caso, mezclando churras con merinas sin distinguir a que Prensa y Propaganda pertenecían. Es el caso de los falangistas Víctor de la Serna, Martín Almagro Bosch, Maximiano García Venero o el tenor Miguel Fleta.

Como es natural aprovechan el libro para atacar a Falange, que bueno es que haya niños, calificándola de …. lo de siempre. Evidentemente, puestos a decir cosas que nada tienen que ver con la muerte de Unamuno, no “entiendo” porque no dicen nada de los antidemocráticos, estalinistas y violentos del PSOE o del Partido Comunista, o de los terroristas de la FAI. Supongo que si tenían que hacer más gordo el libro y llenarlo de páginas inútiles hubiesen cabido muchas cosas más, alguna de ellas bastante interesantes, sobre todo si se busca cierta objetividad. Eso sí, escriben sobre otras de hechos bastante posteriores a esas fechas relacionados con la quema de libros, cuando ya Falange no existía y si la Franco Falange.

Solo dicen la verdad cuando cuentan que José Antonio admiraba a Unamuno y le hubiese gustado que se acercase a Falange Española, hecho que no sucedió. Y también aciertan cuando cuentan que a la muerte del filósofo quienes se hicieron cargo de su entierro son los falangistas a propuesta de Víctor de la Serna, hijo de la escritora de la generación del 98 Concha Espina, escritor y periodista, que formaba parte del equipo de asesores de Manuel Hedilla, el cual dio su consentimiento, hasta el punto de que el hijo mayor de Unamuno acudió tras el entierro al despacho de Hedilla para agradecerle el gesto, que lo fue de simpatía, apoyo y reconocimiento hacia el escritor.

¿Este comportamiento de Falange fue interesado? Vista la repercusión que tuvo digo sin temor a equivocarme que no. Falange Española de las JONS contaba esos días con una extensa red de periódicos y revistas, los cuales se limitaron a dar la noticia así como que el féretro fue portado a hombros por falangistas, y nada más. No se explotó el hecho propagandísticamente hablando.

El libro es tendencioso y malo, de los que hay que olvidar con premura.  Aunque lo importante para mí es la denuncia de lo que representa: la manipulación, la tergiversación de la historia al objeto de crear ficticias realidades que nunca ocurrieron. Parece como si todo formase parte de la llamada memoria democrática que interesada y falsamente se está reconstruyendo.