En la guerra de Ucrania, la lacaya Unión Europea paga caro ser un espacio geopolítico tutelado por Joe Biden. Un Joe Biden que sabe nadar y guardar la ropa, que arroja a una sumisa Europa a los lobos del desabastecimiento y la inflación, pero que ya tiene asegurado el suministro completo de petróleo para  EEUU. Y para ello hace negocietes con la Venezuela del comunista Nicolás Maduro, dirigente político que hasta ayer era presentado como un ogro y terrorista y hoy como aliado y amigo.

La política exterior de EEUU es siempre hipócrita, y exige de sus aliados occidentales ser carnaza y moneda de cambio; a este fin deleznable sirve la pervivencia, tras la caída de la URSS, de la alianza militar OTAN.

El gobierno de Biden y sus grupos de presión económicos y políticos actúan como lo hacían aquellos gobiernos useños que durante la Guerra fría del siglo XX prohibían a cualquier potencia occidental mantener diplomacia con las naciones ocultas tras el “telón de acero”. Mientras, los EEUU sí ejercían esa diplomacia. Mientras, y de espaldas a sus “aliados” occidentales, los EEUU mantenían un flujo constante de divisas occidentales dirigido al bloque comunista.

Esa política norteamericana hipócrita fue perfectamente descrita por Blas Piñar López en un memorable artículo aparecido en ABC el 19 de enero de 1962.

Desde hace 15 años, el Occidente atlantista  se ha desgañitado en insultos a Hugo Chávez y a Nicolás Maduro; en airear su narcoterrorismo, su tiranía económica, su miseria social, su alianza con partidos políticos comunistas como Podemos. Pero…de la noche a la mañana y a toque de Biden han cambiado el relato. El comunista Nicolás Maduro también ha cambiado el suyo: llegando a elogiar, públicamente, la bandera useña y propinando besitos almibarados a las barras y las estrellas tras reunirse con los delegados de Biden y cerrar los futuros negocios petroleros entre ambas naciones.

Con la excusa de la guerra de Ucrania, las élites juegan su papel para dividir a los europeos y mantener la ficción grotesca e hipócrita de una guerra fría revivida: EEUU aparece como el “adalid de la democracia” y la seguridad de Occidente, capitoste de la unipolaridad internacional deseada por los liberales atlantistas. Las izquierdas, siempre estúpidas y panfletarias, juegan a pacifistas de moqueta y dividen teatralmente el gobierno español mientras envían armas y soldados al Báltico, donde a España nada se le ha perdido.

Pero hete aquí que EEUU se encama con el tirano de Venezuela, con el que arrojó de sus hogares a 5 millones de compatriotas desprovistos de medicinas o papel higiénico, y los globalistas de izquierdas y derechas están mudos. ¿EEUU negociando con el comunista Maduro?, se preguntan las derechas. ¿El bravo Maduro de la revolución socialista y bolivariana pactando con el imperialismo yanqui?, se preguntan las izquierdas. Y todos ellos concluyen: “ahhh, no”, “¡que el malo de todos es el Hitler del siglo XXI; que es Vladimir Putin”. ¡Que los demás, tiranos de la pobreza y las narcoguerrillas, ahora  son “Jauja”!

La lacaya Unión Europea ejerce de brazo ejecutor de las sanciones a Rusia desde hace semanas y lo hace obviando el coste millonario para nuestras economías domésticas y nuestros productores primarios. Por ejemplo, a los agricultores y ganaderos españoles, las sanciones a Rusia, ya les han costado más de 4000 millones de euros. El viejo Biden nos dice: “Poned sanciones a Rusia y no le compréis petróleo ni gas; su gas es un 40 por cien más barato que el mío, pero sancionadle y comprad mi gas norteamericano, ¡que la democracia de Ucrania está en juego!. ¡Ah! ¡Y si las cosas se ponen toscas con el gigante ruso, buscaos la vida para abasteceros de petróleo que yo ya lo he hecho y por eso pacto y negocio con el tan demócrata Nicolás Maduro!”.  

Gracias a este lacayismo vergonzante en relación a la guerra de Ucrania que Biden anheló, la Unión Europea se enfrenta a la inseguridad y al sometimiento decisivo a la Agenda 2030 suscrita por todos los gobernantes progres y liberales en 2015. Las élites financieras y políticas globalistas utilizan la guerra como pretexto para encarecer y desabastecer los mercados y los hogares. Esas élites son las que quieren que la ganadería española desparezca, asfixiada y sin piensos, y que consumamos los destilados veganos que Bill Gates ya produce masivamente. Esas élites abogan por liquidar los combustibles fósiles, eliminar el diesel e imponer los coches eléctricos, y para ello encarecen los combustibles hasta extremos pavorosos. Esas élites, las del “no tendrás nada y serás feliz”, están sentadas en los gobiernos de la mayoría de las naciones occidentales y en la Comisión Europea. Esas élites están empleando la guerra de Ucrania como excusa y a Putin como coartada, para imponernos su maldita Agenda de sumisión y esclavitud.

Y mientras tanto Europa se va al guano pero, eso sí, muy bravucona y altanera en las sanciones y en la rusofobia. ¡Venezuela volverá a ser la brillante potencia petrolera de antaño y pasará de producir los miserables 600.000 barriles diarios que generaba a lanzar más de 2.000.000! ¡Biden levantará las sanciones que Donald Trump impuso al país sudamericano y lo convertirá en pieza clave del comercio petrolero mundial!

Según Biden, y según la mamporrera Ursula Von der Layen, la Unión Europea tendrá que renunciar de aquí a 2030 –les suena la fecha, ¿verdad?- al abastecimiento de la Rusia que genera 11 millones de barriles de crudo diarios así como el 40 por cien del gas que consume Europa.

Todos los europeos, en definitiva, estamos pagando con pobreza y sumisión el ser vasallos de EEUU y de la OTAN, y el participar en una guerra que sólo sirve como pretexto para los planes globalistas de transformación social y esclavitud económica.