El “respeto” es actuar de manera positiva hacia los demás, significa aceptar a los demás por lo que son, sin juzgarlos. Respetar significa no discriminar, no ofender a otras personas por su forma de vida y sus decisiones. 

La palabra proviene del latín respectus, que en su traducción significa “atención”, aunque originalmente significaba “mirar de nuevo”. Es por ello, que se considera que aquello que merece una segunda mirada es considerado digno de respeto. 

El respeto es un valor moral y cívico, y es uno de los principios que debería sustentar un sistema democrático.

Y es en este sistema democrático, donde el Servicio Catalán de la Salud (competencia de la Generalitat de Cataluña) ha creado el servicio de atención a la salud de las personas “trans”, centrado en atender a las personas con disforia de género .

Uno de los objetivos de este servicio público es el acompañamiento y atención a las personas desde una perspectiva biopsicosocial.

“Biopsicosocial” es un concepto que NO forma parte del diccionario de la Real Academia Española.

Suele decirse que el ser humano es biopsicosocial por el hecho de estar determinado por sus características biológicas/físicas, por sus deseos/motivaciones, y por su entorno social. 

No sé cual de estos tres rasgos ha llevado a que el “Servei Trànsit del Institut Català de la Salut” haya pasado de atender mayoritariamente a hombres  adultos que desean cambiar de sexo a tener como principales “demandantes”a  niñas adolescentes.   

Resulta preocupante que uno de los factores motivadores del cambio de sexo sea el entorno social (redes, medios de comunicación..).

Resulta todavía más preocupante que esta decisión esté influenciada por “ideologías políticas” introducidas en las escuelas a través de asignaturas que intentar asemejarse a la enseñanza de literatura o filosofía y que hace que los jóvenes duden sobre su propia  identidad sexual. 

Hay personas dedicadas a la sexología , que consideran que la educación sexual debe comenzar desde el periodo infantil escolar con el objetivo de fomentar un mayor respeto sobre sí mismos y con los demás. Desde mi punto de vista, el respeto sobre uno mismo y hacia los demás no depende de la educación sexual que un menor de edad reciba en la escuela. Estos valores se reciben desde la familia. Es aquí donde los menores deben de obtener su educación sexual primaria, y es en este contexto, donde deben de desarrollar sus propios valores para ser adultos maduros, responsables, conscientes y libres en sus decisiones. Libres de ideologías políticas, de manipulaciones y, siempre, indudablemente,  respetando las libertades individuales de pensamiento y conducta.