Lo que está ocurriendo en el PP tiene un análisis. Por un lado, a partir del éxito en la Comunidad de Madrid de su candidata Díaz Ayuso, la intención de voto para el PP, subió como la espuma.

Un primer análisis a hacer, además de las características personales de la presidenta, que pueden tener una cierta influencia, son sus propuestas y las acciones que en los años que lleva gobernando ha puesto en marcha.

Hizo una defensa numantina de los pequeños negocios de Madrid protegiéndolos de la locura del gobierno socialista de hundir la economía sobre todo de los pequeños y medianos empresarios y de los autónomos y al ser muchas familias las que se han visto beneficiadas de su valentía aplicando políticas liberales se lo han pagado en votos.

Este primer análisis sería – el liberalismo funciona para captar votos de autónomos, pequeños empresarios y obreros- y esa es la masa social que predomina en España.

Pero al parecer la estrategia del equipo de Casado es diferente, sin tener constancia de que vaya a funcionar ha puesto en marcha una estrategia de renuncia a las políticas liberales, moderando tanto el discurso liberal, que ha llegado a proponer al PP como el partido socialdemócrata que España necesita.

En segundo lugar, no ha parado de enfrentarse a todos aquellos que proponen políticas liberales tanto dentro de su partido como en VOX.

Creo que la estrategia de Casado, se basaría en captar el voto moderado del PSOE, que descontento de las políticas de extrema izquierda de su partido aceptará al PP como el sustituto ideal socialdemócrata, dando por muerto a Ciudadanos, que de forma natural sería el depositario de ese descontento.

Por tanto, el PP se enfrenta a un dilema, ya que por un lado sabe, o debería saber, que funcionan las políticas liberales como Díaz Ayuso ha demostrado, sin importarle la presencia de VOX en su mismo universo liberal.

Por otro lado, al proponerse como partido socialdemócrata tiene un riesgo evidente, derivado por un lado en que los votantes socialistas desconfíen de que PP sea un partido socialdemócrata y voten en plan voto de castigo a Ciudadanos, aún a sabiendas de que serán votos perdidos, ya que en eso consiste el voto de castigo –no te voto, y te castigo, pero tampoco lo hago a los que puedan hacer mucho daño a mis ideas-

Ciudadanos está muy tocado, pero no está muerto. Tiene una cierta representación municipal y autonómica y puede ser quien reciba este voto descontento del PSOE antes que el PP.

Otro riesgo es que el PP al renunciar al liberalismo deja a VOX como único partido liberal, defensor de la familia, el cristianismo, la cultura española y las tradiciones.  Esto puede hacer que, aunque ganase algunos votos procedentes del PSOE, cosa que considero poco probable, muchos más son los que puede perder hacia VOX, cada vez más identificado con una ideología liberal, sin dar bandazos y que a poco que moderase el discurso en algunos puntos, podría atraer a muchos más votantes populares.

En resumen, me sigue pareciendo suicida la estrategia de Casado, ya que nadie le garantiza que los votos descontentos de PSOE vayan a recalar en el PP, ya que Ciudadanos aún respira y su único nicho electoral es la socialdemocracia, ya que el liberalismo está ocupado de sobra.

Según la psicología existen 26 tipos de suicidio.  Lo que está ocurriendo en la cúpula del PP, si se analizase psicológicamente, podría calificarse como “suicidio como huida”, para que cese el sufrimiento, por el gran éxito obtenido por Díaz Ayuso, o bien un suicidio por venganza, o un suicidio egoísta por falta de realización social de la cúpula del PP, y así hasta 25 tipos más.

Pero si no reaccionan pronto los llamados barones regionales, se puede parecer más al número 26 “un suicidio colectivo” o suicidio en masa, ya que lo que ocurra con esa estrategia aparentemente suicida de abandonar el liberalismo y abrazar la socialdemocracia les pasará también factura en las próximas elecciones autonómicas y municipales, y dentro de poco Andalucía puede ser el ejemplo de esta teoría.