El parlamento español se suicida y decide conceder a Pedro Sánchez seis meses de poderes absolutos que le convierte en un dictador, en un pequeño tirano, que ni siquiera tiene la decencia de permanecer en el hemiciclo mientras se debate la implantación de un larguísimo e innecesario estado de alarma. La excusa es el control de la pandemia, la realidad es otra bien distinta. Sánchez tiene menos escaños que cualquiera de los presidentes que le antecedieron en el cargo y sin embargo, concentrara en su persona mucho más poder que todos ellos. La pandemia es su más fiel aliado y todos aquellos que nos hablaban de la imposibilidad de Sánchez para formar gobierno con la anti España, se equivocaron, midieron mal sus fuerzas, pues Pedro Sánchez forma parte de aquellos que desean acabar con España. Solo así se entiende que los grupos parlamentarios minoritarios separatistas, se pongan de acuerdo con Socialistas y Comunistas, pues todos ellos tienen en común su deseo de acabar con España tal y como la conocemos.

Se escudan detrás de la pandemia, para acelerar sus planes de bolibarización de la sociedad. Ofrecen medidas exclusivamente políticas a lo que es una crisis sanitaria. A la inexistencia de soluciones reales que nunca estuvieron en la agenda de este gobierno,  se le debe sumar ahora el miedo que han inoculado a la sociedad, miedo del que se sirven para justificar las criminales e ilegales medidas de secuestro de nuestra democracia, de nuestra libertad y de nuestros derechos más elementales. Abren un falso debate sobre la dicotomía de elegir entre salud o economía, entre vivir o comer, cuando sin no comes no vives. Han conseguido tensionar la sociedad y volver a enfrentarnos y dividirnos. Son los magos del engaño, la tergiversación y la manipulación.

La izquierda muestra su verdadero rostro, felices con un estado de alarma que se asemeja más a un estado de excepción, con toque de queda incluido. Aquellos que nos hablaban de libertad, son los que más han hecho por acabar con ella, los que están deseando someternos a arresto domiciliario, encerrarnos en nuestra casa y limitar nuestros movimientos. Nunca antes en la historia de este país, un personaje tan nefasto, siniestro y peligroso como Pedro Sánchez, había acumulado en su persona tanto poder y discrecionalidad, como el actual Presidente de gobierno.

Un nuevo estado de alarma para evitar la expansión de la pandemia, cuando el primer estado de alarma de la pasada primavera, no evito las más de 50.000 muertos de lo que han denominado como la primera ola del coronavirus, con un confinamiento obligatorio de más de tres meses, que no ha servido absolutamente para nada. Son los mismos ineptos de antes, lo que ahora nos vuelven a poner las mismas e ineficaces medidas. Ocultan información, la manipulan y no explican que la mayoría de los que ahora se contagian son asintomáticas y la gravedad de los casos, nada tiene que ver con la del pasado mes de marzo. Un estado de alarma criminal e ineficaz, cuya implementación, nada tiene que ver con causas sanitarias o científicas. El gobierno de la transparencia, se escuda en un inexistente y desconocido comité de expertos y se niegan a comparecer en el congreso cada quince días, como si tuviesen algo más importante que hacer.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no están solos en su tarea de deconstrucción de la sociedad, cuentan con la inestimable ayuda de los “colaboracionistas”, cuentan con la oposición domesticada de “bizcochito” Casado y la “inane” Inés Arrimadas. El primero, en un acto de valentía sin límites, se abstiene a pesar de reconocer que Sánchez está cometiendo una ilegalidad, y él para mejorarlo, le ofrecía al Presidente que cometiera otra ilegalidad, pero algo más pequeña, que el estado de alarma, en lugar de seis meses, durara ocho semanas y no los quince días preceptivos que en realidad marca la ley. La segunda directamente presta su apoyo a Sánchez, en la seguridad y en el convencimiento de que algo la tocara, después de la desaparición de su partido. Esta tipa no conoce eso de que Roma no paga traidores.