Un amigo me ha enviado un vídeo donde se ve a la juventud comunista en un campamento de verano – ¡fantástico por lo que se ve en el vídeo!—, y lo acompaña con este comentario: “¡Y nosotros tocando el violón!”…

No se podía resumir en menos palabras la actitud de “nuestra gente”. Desde que Dios se llevó al Caudillo, los españoles  (acostumbrados a la comodidad proporcionada por el Régimen de la Cruzada y su Caudillo, con su seguridad, su prosperidad, su triunfo definitivo  sobre los que mentían sobre la realidad española, y como consecuencia presenciar la llegada de millones de turistas para disfrutar del mejor lugar del mundo para vivir) se han dejado llevar por los políticos enemigos de España, herederos de ese Paraíso. (Luego, con desfachatez nos lo han presentado como “fruto de la Democracia”… ¡ja! ¡ja! ¡ja!).

 Quienes defienden nuestros valores,  han dado por buena esa versión  y  se han dedicado a “tocar el violón”. ¿Por qué? Sencillamente,  porque todo lo que no sea invertir el tiempo en  organizarse, es simplemente, “eso”: ¡tocar el violón!

Resulta para mí incomprensible que quienes desean hacer algo por Dios y por España no entiendan que sin ORGANIZACIÓN, no se puede hacer nada,  e, igualmente, que tampoco es posible  lograr el menor éxito. Los discursos sirven, sí,  para “empujar a la acción” , sin ésta, únicamente son palabras inútiles y energías malgastadas.

Dice el refrán castellano: “Del enemigo el consejo”.  Llevo décadas mostrando mi admiración por esa “organización bimilenaria perfecta” llamada “Sinagoga de Satanás”. Gracias, sin la menor duda,  “a su organización” ha podido adueñarse del Mundo.

Durante diecinueve siglos tuvo en frente –frenando y anulando su poder--  a la otra organización que podía plantarle cara: ¡la Iglesia Católica!,  --con unas estructuras humanas adecuadas al fin buscado-- pero el concilio  Vaticano II, eligió el “suicidio” y se dedicó  a minar esa organización, a derribar sus “baluartes” y,  no solo abrió las “ventanas”  a Satanás, --como proclamó el papa Pablo VI,--  también  le abrió las puertas de par en par.  Cincuenta y seis años lleva desmontando la solidez de la Curia vaticana, --y muy especialmente  desde el año 2013--  alejando a los Cardenales y obispos más fieles  al Magisterio bimilenario  y  perenne,  para colocar en su lugar  a modernistas de tomo y lomo, auténticos herejes al servicio de Lucifer. Al tiempo que veta el “proselitismo católico”, contradiciendo lo mandado por  Jesús, de “ser todos propagadores de su Verdad y procurar convertir a nuestra Fe al Mundo entero. Así lo ha entendido siempre la Iglesia,  como lo prueban los misioneros como San Francisco Javier…

El “leitmotiv” de muchos de mis escritos ha sido siempre  “la importancia de la Organización” y la “necesidad de organizarse”.  Sé de que hablo. Mis éxitos profesionales han tenido por base mi capacidad para la organización: He organizado todo lo organizable, desde empresas, hasta equipos de fútbol, pasando por publicaciones, cine foros, grupos de Acción Católica, catequesis, grupos de teatro, etc., etc. Podría preguntarme: ¿qué es lo que no he organizado?.  Me resulta tan fácil organizar, como a Messi, driblar a los contrarios. (Dios reparta las cualidades como le place.)

Organicé Fuerza Nueva en Cataluña y, al destacarse sobre el resto, Blas Piñar me pidió ir a Madrid, para hacer lo mismo a nivel nacional, nombrándome Secretario General. Desgraciadamente, sus “marcadores” -- la Sinagoga, “marca” siempre a los “peligrosos”-- propiciaron mi “dimisión”. Había iniciado ya la organización nacional y convocado el primer Congreso “nacional” en Zaragoza (1970)  Por cierto, un amigo “maño”, ajeno a Fuerza Nueva, -- agradecido por la elección de su ciudad--, al encontrarnos,  me dijo, “toma,  este cheque: corro con la mitad de los gastos (su buen ojo, clavó la cuantía).

De regreso a Madrid,  Mariano Sánchez Covisa –inolvidable amigo--, me avisó: “les estorbas”, y me dio pruebas… ( No fue el único).

La Sinagoga  sabe lo que hace. Pueden estar seguros de  que, hoy,  gobernaría España “Fuerza Nueva”,  si hubiese podido ayudar a Blas Piñar con la organización iniciada (¡que “no siguió”!)… Nunca hubiera conseguido Fraga,   “eliminar a Blas y su Movimiento”,  si hubiese estado organizado como mandan los cánones. Mi plan de “peñas” (células “bien formadas”, “bien informadas”,  “entrelazadas, comunicadas y bien mandadas”— se quedó en proyecto “presentado”… Teníamos afiliados en 1970,  como para hacer DIEZ MIL  “peñas”, p ero se eligió el camino de los “discursos brillantes” (que llenan, teatros, plazas de toros, etc.,  pero en realidad son “fuego de paja”, y duran lo que los aplausos,  si no hay detrás algo más. Las batallas se ganan con el único método eficiente: la ORGANIZACIÓN…

En mi vida, he hablado y escrito mucho pero,  si he triunfado profesionalmente, ha sido,  por dominar la organización. Sería fácil probarlo, pero no tengo espacio, ni interés. Importa sólo que los jóvenes amantes de España  aprendan la lección de este escrito. No soy ni humilde ni modesto, para decir como se estila: “Yo no tengo nada que enseñar”.  Llevo haciéndolo desde antes de cumplir diecisiete años, no voy a a los 93.

Agradezco al amigo ese video "aleccionador”, que muestras a los comunistas trabajar con inteligencia, en los cursos de verano de “sus campamentos”. Mientras, los “nuestros”, ¿qué hacen? ¿Siguen impasibles viendo a España camino de su aniquilación, a los españoles en ruta hacia la hambruna y la esclavitud marxista? ¿Todo financiado por el Capitalismo?

Marxismo y el Capitalismo (que no quiere decir los empresarios) son los dos brazos del mismo Amo del Mundo: la Sinagoga de Satanás. Eses lo mismo Bill Gates y Soro, que Falconetti y el Coletas, o Junqueras o  Iñigo Urkullu

Voy a hacer una confesión: No sé cómo aguantan mis escritos en este “CORREO DE ESPAÑA”,  pues me imagino que a sus lectores les debe extrañar leer –si me leen-- cosas tan ajenas a lo “sensatamente correcto”. Porque se puede defender a Dios y a España, pero con otro lenguaje que no parezca ajeno a lo considerado como normal. Gracias mil   al Editor, al Director, y a cuantos eligen lo publicable.