Del resultado de las elecciones catalanas puede inferirse que el Partido Socialista de Cataluña ha crecido sobre la mentira, la publicidad y la retórica tramposa, y lo ha hecho sobre una sociedad zaherida por toneladas de intoxicación mediática.

La cosecha de votos obtenida por Salvador Illa proviene del saquito electoral de Ciudadanos; ése mismo que en 2017 se revolvió contra el canallismo del proceso separatista y harto de la cobardía de Rajoy, votó al partido de Inés Arrimadas y Alberto Rivera. Ese saquito, desmemoriado y convencido de la falacia de un Salvador Illa mutado en moderado defensor de la unidad nacional, ha optado por los socialistas. 

El talismán del socialismo español, Iván Redondo, es el Rasputín que entendió las claves de la percepción de la psicología ciudadana y el carácter borreguil de ésta, por lo que sabía que importaba un carajo que la gestión sanitaria de Salvador Illa haya sido la peor del planeta. Redondo sabía que lo importante era que a Illa se le había visto muchas veces en la Tele y que dada la birriosa capacidad de análisis de los ciudadanos anestesiados por la pequeña pantalla, el que más sale en la tele es el más preparado, listo y guay. Y si encima lleva gafas de pasta y su verbo es una diarrea semejante a la de un cura progre sermoneando sobre perdón y caridad, ya es un éxito asegurado…. El efecto Illa ha demostrado el grado de decadencia de una sociedad almibarada e idiotizada.

PP y Ciudadanos han navegado a favor de la corriente globalista, han lucido un discurso aburrido, gris y flojo, y se han bajado bragas y pantalones ante los grandes medios de comunicación, de los cuales buscaban que se portasen con algo de magnanimidad hacia ellos. Al PP no le ha hecho falta mucho: El Mundo, La Razón y la Conferencia Episcopal con Cope y 13TV, son la alfombra roja permanente para un fracaso llamado Pablo Casado.

Las élites globalistas pegadas al Ibex 35, los grandes bancos y los poderosos reflejados en el Foro de Davos, en definitiva: los que quieren destruir los Estados Nación, han elegido a la izquierda para terminar con estos Estados, también con el español. Es lógico que los votantes pastoreados por los medios informativos generalistas sumisos a esas élites y a la corrección política, se hayan decantado por los “originales” de la izquierda española y separatista en vez de por las “fotocopias” como son PP y Cs, partidos marxistas culturales, “centristas” y sin ningún principio claro, salvo el del oportunismo.

 

Tras los comicios del 14 F los separatistas catalanes (incluyo entre ellos al Partido Socialista de Cataluña) tienen más escaños en las Cortes catalanas; pero por fin tendrán una oposición españolista.
En el Parlamento catalán hasta ahora, los 40 escaños surgidos en las elecciones regionales de 2017 de la suma de C's (36 diputados) y PP (4) no hicieron nada: Arrimadas se fue de Cataluña para ponerle la muletita a Pedro Sánchez, y los traidores del PP incumplieron el deber de proteger la Nación cuando teniendo mayoría parlamentaria permitieron un golpe de Estado y promulgaron el famoso 155 fantasmagórico y para nada.


De la traición de PP y Ciudadanos, así como de la callada mediática en torno a Vox, ha  surgido buena parte de la elevada abstención electoral en este 14 F, en la que ha jugado un papel relevante la situación de miedo ante el Covid. Muchos catalanes que votaron en 2017 por Ciudadanos y contra el separatismo no han conocido a Vox porque ya no sólo el orbe mediático lo ha silenciado y calumniado, sino que PP y C´s se han encargado de desmovilizar ese voto, haciendo recaer sobre los de Abascal las estigmatizaciones y calumnias más perversas y falsarias.


Habiendo superado la campaña electoral más violenta y matonista, los 11 escaños logrados por Vox harán en la calle, el Parlamento y los Tribunales lo que otros con 40 nunca hicieron.


Contra las pedradas, la violencia y el terrorismo callejero, la España deseosa de romper amarras con las Autonomías, los islamistas y los delincuentes, tendrá por fin representación en Cataluña.


Aquellos que sobre las siglas tibias unieron sus destinos a los liderazgos centristas, estériles y traidores se llevaron las cenizas; Vox, con su verbo claro, limpio y honesto cautivó el despertar hispánico de Cataluña que hoy empieza.