Mientras Mañueco pide que Díaz Ayuso se deje caer por Castilla y León, el vacío «señorito» del PSOE de Castilla y León no quiere que Pedro Sánchez aparezca en campaña electoral

Cierto y sin tapujos: ni el PSOE de Castilla y León ni su protestón líder en la comunidad quieren que aparezca en campaña el vulgar y mentiroso gafe de Moncloa, Pedro Sánchez. Es un peligro público que el presidente se desplace a esta tierra tras su desprecio a los ganaderos, a los agricultores, a los autónomos y a los trabajadores. Allí donde acuda recibirá un sinfín de improperios como compañía merecida. Su torpeza la ha hipotecado con su cercanía a la mafia bolivariana de Izquierda Unida y ahora paga los desvelos que imaginó si pactaba con «Pablenín», el comunista de altar menor.

Fernández Mañueco ha comprado la estrategia de Díaz Ayuso. En el cuerpo a cuerpo, Tudanca es un cero a la izquierda y un pollino haciendo planteamientos inservibles; su caduca política es más socialismo más comunismo más pobreza y más miseria. Hace tiempo que Tudanca (el candidato, no la raza de vacas ni la localidad cántabra) perdió las llaves de la gobernabilidad en esta comunidad. Mientras Mañueco pide que Díaz Ayuso se deje caer por esta tierra vaciada, el huero «señorito» del PSOE de Castilla y León no quiere que Sánchez aparezca en campaña electoral; es consciente de la mofa que suscita y del rechazo y desprecio que concita.

Ese desprecio de la ciudadanía hacia Pedro Sánchez «El mentiroso» lo ha trasladado el PSOE-CyL a Moncloa y a Ferraz. Prefieren que el presidente se pierda con el Falcon por los prostíbulos de Sevilla afines a los ERE y a los expresidentes condenados, aunque genere las mismas emisiones que 16.000 vacas flojas de vientre. Ha hecho tanto daño a ganaderos y agricultores que, hoy por hoy, es un peligro que aparezca por Castilla o por León. Nunca dos miserables hicieron tanto daño en tan poco tiempo: Garzón por indigente bocazas y Sánchez con ruin consentidor. Lo de la pobreza y la miseria inherente a la izquierda no es una frase hecha y mucho menos un sueño imaginables. La realidad se constata.

Las reiteradas brutalidades e incompetencia de Sánchez, desde que asumió el Gobierno de la nación con los comunistas de extrema izquierda, pueden hacer que en unas elecciones generales caiga el PSOE al cuarto puesto, en palabras de Iván Redondo. Además, Pedro Sánchez es desecho político tras la trama corrupta y mentirosa de sus padres en PLAYBOL; tal vez sea la podredumbre que le entierre políticamente. De nada sirve que lloren sus medios de comunicación comprados y sus sindicatos mercenarios corrompidos hasta extremos inimaginables. Nunca el sindicato vertical cayó tan bajo como los sectarios y clasistas con trasero descubierto y a disposición del Gobierno en dirección a Cuenca.

Recordemos que Luis Tudanca ganó los comicios anteriores. Ahora estará en la segunda posición y perdiendo entre 12 y 15 procuradores, si bien VOX podría sorprender con «sorpasso». El PP barrunta mayoría absoluta, para lo que guarda a Díaz Ayuso en dos apariciones estelares y en el cierre de campaña. Es indiscutible el arrastre de esta líderesa admirada en medio mundo y catalogada como ejemplo a seguir desde la UE y hasta por la ciudadanía y la alcaldía de Nueva York, además de ejemplo mencionado reiteradamente por Joe Biden en sus intervenciones cual modelo a imitar.

El nulo carisma de Tudanca y su falta de preparación política hace pensar al electorado que el PSOE-CyL ha tirado las elecciones. Parece que Castilla y León le importa tres huevos duros y dos hojas de lechuga: es menos conocido en tierras castellanas y leonesas que los «autos locos» o «Pocoyo» entre los mayores de setenta años.

A pesar de lo dicho, y siempre desde mi punto de vista, Fernández Mañueco con mayoría absoluta en una comunidad como Castilla y León es como un chimpancé con un subfusil de asalto disparando a discreción. De la misma forma, Luis Tudanca (el candidato, no la vaca ni la población cántabra) en el gobierno regional es como un irreverente en una sacristía o Rita Maestre en la Capilla de la Complutense; es decir, desnudos, con el culo al aire y sin futuro inmediato.