Nos hemos hartado de achacar al Gobierno social-comunista de todo: ineficacia, inutilidad, opacidad, improvisación, insolvencia, escándalo, parasitismo, tergiversación, negligencia e incompetencia… Se muestra indiferente ante el sufrimiento de la población a la que pide el voto. Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír, pero sí lo hay: el que por un oído le entra y por otro le sale. Estamos ante el Gobierno del disparate y la falta de sentido común.

Ahora se cumplen cien días desde que se formó el Gobierno social-comunista y no han dado la talla, excepto para ponerse unos sueldos que no merecen y, muchos menos, ganan. Adopta medidas sin consenso, improvisa y tergiversa la realidad. Lanza el globo sonda y, en función de cómo compruebe que son las opiniones ajenas, rectifica o anula lo dicho. Eso mismo es lo que ha sucedido con la cuestión de las salidas controladas de los menores de 14 años: lo que era firme al mediodía dejaba de serlo por la tarde. Era tal la cantidad de ataques por parte de padres, redes sociales y oposición que se vio desbordado y no se atrevió a seguir delante.

La población ya no tiene confianza en esta “tropa” del Ejecutivo porque ha demostrado que es una “peña” incoherente. Tan surrealistas son las medidas improvisadas que parece que no hay ningún padre ni madre en este Gobierno de catedráticos de la estupidez y saltimbanquis del sentido común. Ha conseguido aglutinar todas las quejas de los progenitores y hacer que ardan las redes sociales. ¿Pero cómo se puede definir que los menores puedan salir con un adulto a los supermercados, al quiosco o a las farmacias? Pretendían que fueran a espacios cerrados donde hay aglomeraciones y pueden tocar todo y de todo. “¡Joder, qué tropa!”, que diría Romanones. Hoy mismo, Día del Libro, ya ha “cambiado el rabo” Pablo Iglesias y, dirigiéndose a los niños y niñas –aburrido y denigrante lenguaje inclusivo— ha hecho de paternalista y ha enumerado algunas de las medidas que aparecerán en la guía en el BOE del viernes o sábado. Algunas cuestiones de esa salida de menores empiezan a conocerse, pero habrá que leer el BOE porque siempre hay sorpresas.

La vuelta al colegio será una importante piedra de toque por el peligro que conlleva: espacios pequeños, ratios elevadas, pasotismo de los menores, proximidad en las relaciones personales, facilidad de contagios y un largo etcétera, etc. Aún no conocemos la guía al completo, pero sí pinceladas que ha revelado el ministro de Asuntos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias. Y ahí es donde se han de definir todas cuestiones de interés.

La población está expectante. Ya sabemos cuándo y cómo puede salir un menor y con quién, durante cuánto tiempo y a qué distancia de su domicilio, con juguetes propios pero sin compartirlos. Deben respetar la distancia social y asumir que han de tener mucha higiene, pero no olvidemos que son menores con lo que eso supone. Algunos ministros han renunciado al lenguaje inclusivo, pero Pablo Iglesias abusa de él unas veces y lo olvida otras; es conocedor de su tono cansino, multiplicando el mismo cuando insiste machaconamente en “niños y niñas”. Deberían explicar al ministro comunista cuándo se utilizan los dos géneros y cuándo no. Sí se videncia lo nada didáctica que es la RAE; jamás ha demostrado que el lenguaje inclusivo es veneno para una comunicación eficaz.

Miedo me da la “peña” que debe elaborar la guía para las salidas de menores. En su vida se han visto en otra igual. Como gestores son inútiles esféricos; es decir, inútiles se mire por donde se mire. Esta gente es capaz de proponer, para el paseo de los menores, las mismas normas que para el paseo del perro. Alguien ha dicho en los medios, y con razón, que “hasta ahora era imprescindible sacar al perro y no se entendía el hecho de no poder salir con menores a dar un paseo semejante”. No es que vieran peligro en ello, simplemente mostraron la incompetencia que les es propia.

Si sale mal la medida que se adopte o hay repunte de la enfermedad, piensen que la culpa no la tendrá el Gobierno: se las apañará para echar la culpa a alguien: Feijóo, Ayuso…. Llegado el caso, tampoco se cortará en culpabilizar a los padres. ¿Acaso no culpó a los médicos de haber extendido el virus por vivir con sus familias y visitar a otros familiares? ¿Por qué no veían eso mismo en las burdas aglomeraciones del 8M?

Empecemos por comprender a los menores para entender mejor los mayores. Salir a la calle con un menor, no supone convertirse en el típico “padre helicóptero” que acaba por agobiarlo. Esas salidas paulatinas son imprescindibles porque, durante la niñez, no se trata de formar a todo el hombre del mañana sino que se trata de que se consuma el niño que es hoy. Recuerden que el Ejecutivo nunca tendrá la culpa, si no sale bien; seremos los demás quienes lo hacemos mal. Otra cuestión es si la medida es exitosa porque el comunista sectario y reaccionario, Pablo Iglesias, no tardará en proclamarse salvador de “los niños y niñas”. Pero ese endiosamiento se paga. Doy fe.