Pedro Sánchez cree estar por encima del bien y del mal mientras pueda manipular la Justicia. El obligado pago de favores al independentismo con la intención de indultar deja entrever la inescrupulosidad que le ha permitido, torticeramente, mantenerse en el poder. Denigrada la actitud de servicio al país, los actuales gobernantes, los analfabetos de la democracia, el grupúsculo desmadejado del más rancio despotismo, han convertido el olvidado servicio a España en catapulta de corrupción sin ambages, traspasando los límites de la ley y confrontando contra el poder judicial para llevar el pulso hasta el actual estado de las cosas independentistas en que un gobierno nacional comulga con el delito desafiando abiertamente la independencia del Tribunal Supremo. 
 
Pedro Sánchez no debería avanzar más en sus delirios de eternizarse en La Moncloa. Poco camino debería quedar por andar cuando ha llegado el momento de pagar a sus delictivos socios sin haber conseguido la transformación sociopolítica de una España avisada y cuya multiplicidad de problemas, en todos los aspectos, cuestiona no solo la legitimidad de Sánchez, sino también la legalidad una vez que han quedado al descubierto los innumerables trapos sucios del indicio criminal permanente. 
 
Los indultos a  los independentistas para que vuelvan a las andadas, cuestionando el criterio del Tribunal Supremo, no es de las peores suciedades considerando la ristra delictiva que se acumula pese al encubrimiento de los medios comprados y cómplices de la estafa, pero podrían suponer el principio del fin de esta farsa gubernamental que algún día se mostrará en todo su calibre criminal si es que España reacciona ante sus enemigos: los de fuera estando en riesgo la Seguridad Nacional y los de dentro, los más peligrosos, que convierte en cuestión de supervivencia expulsar al golpista Sánchez, al que solo le resta jugar la baza de la imposición sin disimulo, con ese uso rastrero de poder que la mayoría de los ciudadanos aborrece como a él mismo. El gangster Ábalos ya avisa de que la decisión final de los indultos depende del Gobierno. Suma y sigue aberrante. Dependiendo de delincuentes para sostenerse Sánchez, se estrechan las posibilidades de esta legislatura y se encamina hacia el mismo embudo ideológico que encarceló a los golpistas de Cataluña. 
 
El desgobierno criminal usa los mismos pretextos de los golpistas para excusarlos, se sirve de los mismos argumentos de traición para satisfacer los intereses tabernarios del doctor cum fraude. ¿Dónde está el límite para sostenerse en La Moncloa con un claro chantaje al poder judicial? 
 
En realidad, desconocemos las verdaderas razones para indultar aparte de la supervivencia sin escrúpulos; ignoramos la verdadera hoja de ruta con la que ha puesto en venta España. Veremos cómo paga las deudas del poder Sánchez, siendo cómplice evidente de la misma traición por la que los jueces encarcelaron a los independentistas.