Nos pongamos como nos pongamos, las elecciones catalanas han sido un aplastante triunfo de la AntiEspaña. Los analistas de vuelo gallináceo buscarán en la fragmentación del voto de lo que llaman constitucionalismo y la abstención para explicar el desastre. No nos engañemos, el triunfo del separatismo se debe a que durante 40 años no se ha dado batalla alguna por las ideas y se ha abandonado, sin remordimiento alguno, la cultura y la educación en manos de la izquierda y el nacionalismo. Las consecuencias de semejante negligencia las sufrimos ahora.

El paradigma de esta negligencia, cobardía y traición la representa el PP, que ha jugado un papel transcendental durante todos los años que disfrutó del apoyo masivo de las bases de la derecha en el proceso de desnacionalización del pueblo español. No sólo se trata de la corrupción en la etapa de Rajoy, sino de sus continuas cesiones al nacionalismo y su perpetua abdicación en la defensa de valores. Baste repasar su política lingüística en Galicia, Valencia o Baleares para comprobar que el PP sólo ha servido para allanar el camino a los nacionalismos en vez de para aislarlos.

Los catalanes que creen en la Nación han dicho ayer alto y claro la verdad que algunos venimos denunciando desde hace años: el PP no sirve para nada a la hora de defender la unidad de España. El batacazo del PP de Casado demuestra que esos catalanes consideran que su estrategia de giro al centro es pura basura política. La inmundicia de un partido que no piensa en defender principios, que no piensa en el bien común, que no piensa en la patria, que sólo piensa en salvaguardar sus intereses y sus cargos. Tampoco los bandazos y la claudicante moderación del Ciudadanos de Arrimadas, dispuesto a pactar con Sanchez lo que haga falta, ha sido capaz de movilizar a un lectorado que en 2017 les votó con la intención de parar al separatismo. Hoy los catalanes que buscan un escudo contra el separatismo, no componendas y tibiezas, han votado a VOX.

Pero tomando perspectiva, lo que supone el aplastante triunfo del separatismo, solo encuentra un resquicio de esperanza en el hecho de que VOX se convierta en la única oposición viable. Solo con un enfoque que recupere la iniciativa cultural y social puede revertirse esta situación. Solo dando la batalla de las ideas y los principios se puede vencer a la AntiEspaña.

Que nadie dude que en los próximos años se planteará la ruptura de España y su desaparición como Nación a través del Estado confederal, la nación de mininaciones que propugna el PSOE. Ante este desafío, el único baluarte donde nos podemos refugiar es VOX. Los resultados de las autonómicas catalanas ya nos anuncian que tarde o temprano Abascal representará al principal partido de la oposición. En esta tesitura sería deseable que el PP dejase de estorbar cuanto antes, porque cuanto antes nos arremangamos para defender la idea de comunidad nacional, antes frenaremos este avance imparable de los enemigos de la Nación española. Nos dirán que con VOX se garantiza la victoria de las izquierdas por muchos años, pero lo cierto es que con el PP, lo que esta garantizado es que, más allá de prolongar la agonía, nunca habrá oportunidad de cambiar el sentido en el que se dirige ideológicamente el devenir histórico de España, hoy marcado por izquierdistas y separatistas.