¡Abajo con la cruz del Valle!, sí, abajo, que la derriben, que le destrocen con explosivos, que la tiren por tierra como hacen con los derechos inviolables de los españoles; que el mundo vea a los abusos a los que nos somete este gobierno de brutos y fanáticos e inmorales.

Como católico tradicionalista –no se me interprete un sentido realista– llevo sufriendo por mi ideología abusos, discriminaciones, ultraje y humillaciones de toda clase, tanto políticas como a veces físicas y no hace falta decir que por su puesto morales.

Desde que tengo conocimiento de mi identidad filosófica; lejos de haberme acostumbrado a los excesos, cada día me dan más coraje y refuerzan mi compromiso ético con la visión cristiana de la existencia: Todo con Dios, nada si Dios; postulado que comparto sin vinculación alguna con la legitimidad carlista. 

Que nadie se engañe; todas y cada uno de los gobiernos de la democracia han sido un paso más en la transición de la aconfesionalidad neutral al laicismo persecutorio; con las declaraciones que hizo  hace pocos días la vocera del gobierno sobre el proyecto de ley, dicho proceso ha llegado a su último estadio: un programa masivo de destrucción de la tradición católica de España impuesto por el legislador; esto es la muerte de la patria española que es indistinguible y no se vislumbra en la historia sin el cristianismo.

Al Gobierno no le bastó con humillar tan jactanciosamente al disidente, si no que fue más allá e hizo gala de que es capaz de un despotismo nunca visto en España desde Almanzor; declaró que «reflexionará sobre el derribo de la Cruz del Valle»; que es una manera de advertir al ultrajado que a pesar de todo tiene que dar gracias por que la clemencia del gobierno, que en su magnanimidad, tendrá incluso la deferencia de tomar en consideración si derriba o no la cruz; como cuando el matón de clase te roba el bocadillo, pero has de darle gracias de que por ahora, no te ha dado una paliza de muerte.

 Ante el matón es mejor no ceder porque los abusos irán en aumento, y si nos ve llorar verá que ha conseguido su propósito, intimidarnos, avasallarnos de manera que la próxima vez se sentirá aún más seguro cuando decida abusar de nosotros. Saben que les digo; que tiren la cruz, no voy explicar cuáles son los motivos por los que no debe hacerse, eso ya lo sabemos todos; que el Gobierno siga con sus barbaridades, sus imposiciones, sus desvaríos de ingeniería social, esos excesos son los que nos van a garantizar un futuro libre de canallas de esta clase.

Ahora bien, lo que tampoco se puede pasar por alto es la amoralidad la derecha blanda; ya nos dice el evangelio que un lavado de manos fue la condena a muerte del hijo de Dios, y aquí el paralelismo es evidente, en este asunto el PP es como el amigo que para conservar su bocadillo te vende a la primera oportunidad al matón, le pelotea, y trata de ser amigable; es su cobarde mecanismo defensa , y así le pasa; que además de traicionar a los suyos en cuanto puede, el matón le roba el bocadillo y además le pega una colleja, pero en fin como solo es una colleja y no una paliza; su mirlo blanco –en palabras de Rufían– pone su sonrisa de escaparate y agradece la clemencia.  Es una actitud tan servil que resulta vomitiva, desde luego da vergüenza ajena ver a cualquiera caer tan bajo.

Por otro lado para el León de Amurrio  ha llegado el momento de cumplir con lo pactado, retribuir a los que han confiado en su representación –no caigamos en la demagogia de los propagandistas del Gobierno, al español no lo representa el Gobierno, si no el político al que vota–  con su voto; deben preparar el recurso de inconstitucionalidad, esa sería la máxima expresión de su logro electoral al conseguir más de 50 diputados – que no son pocos ni para el legislador - , y en su caso llegar hasta el tribunal europeo de derechos humanos si fuera necesario, pues lo que aquí está en juego es la dignidad de la mitad de los españoles. En esto no pueden ser laxos, ni deben evitar expresiones, ni términos que hay que poner sobre la mesa.

Ni profanaciones, ni herejía, ni blasfemias, ni poderes oscuros, ni secretos extravíos, ni hombre, ni demonio alguno, pueden vencer a Cristo Rey, el que es consciente de ese hecho puede vivir sin miedo; y vivir sin miedo es vivir en libertad, el cristiano solo inca la rodilla ante el altísimo y ante nada más.

¡Abajo la cruz canallas! y como dirían los cristeros ¡que viva Cristo Rey!