Cuando un político, del gobierno o de la oposición, o un personaje de cierta relevancia social realiza unas declaraciones que se apartan un poco de las vacías vulgaridades de todos los días, se suele formar un gran revuelo en los medios de comunicación. Comentaristas, tertulianos, periodistas, todos se enzarzan en ardorosas discusiones ensalzando o denigrando lo dicho y a la persona que lo ha dicho.

Sin embargo nos encontramos con una persona de primerísima fila en el panorama mundial, el Papa Francisco, que continuamente está realizando declaraciones de una radicalidad a la que muy pocos personajes se atreven hoy a llegar, y sorprendentemente tienen muy poca repercusión en los grandes medios de comunicación. Estos prefieren pasar de puntillas sobre el tema, realizar una pequeña mención, sin entrar en detalles, y esperar que la cosa pase rápidamente al olvido. Eso ha pasado con el discurso dirigido en Roma el pasado día cinco a los Movimientos Populares. Allí, por ejemplo, el Papa dice:

“¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor, cuánto miedo! Hay -lo dije hace poco-, hay un terrorismo de base que emana del control global del dinero sobre la tierra y atenta contra la humanidad entera. De ese terrorismo básico se alimentan los terrorismos derivados como el narcoterrorismo, el terrorismo de estado y lo que erróneamente algunos llaman terrorismo étnico o religioso. Ningún pueblo, ninguna religión es terrorista. Es cierto, hay pequeños grupos fundamentalistas en todos lados. Pero el terrorismo empieza cuando «has desechado la maravilla de la creación, el hombre y la mujer, y has puesto allí el dinero»”

No puede haber una denuncia más clara de nuestras falsas democracias y una condena más terminante de la divinización del dinero, que es el que realmente gobierna el mundo. ¿Por qué no se rasgan las vestiduras todas las derechas del mundo y, como el Sumo Sacerdote Caifás ante las palabras de Jesucristo, claman: ¡Ha blasfemado!? Por mucho menos que eso a Pablo Iglesias o a cualquier persona de la izquierda española les llueven las descalificaciones y los anatemas más virulentos. Se les califica de extremistas, comunistas, defensores de la dictadura chavista, y a poco que puedan le buscan cualquier relación con el mundo de ETA, con lo que ya se han ganado el apelativo de terroristas. ¿Por qué no lanzan una feroz campaña de desprestigio contra el Papa Francisco que está rechazando de una manera terminante el sistema económico que hoy domina en el mundo?

“Hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”.

Prefieren dejar pasar en silencio las palabras de Francisco. Concederles sólo un pequeño y obscuro rincón en sus medios de comunicación y esperar que pronto las cubra el manto del olvido. El motivo de hacerlo así me parece claro: las palabras de Francisco son tan verdaderas y están tan apoyadas en unas razones irrefutables, que entrar en una polémica con él podría dejar al descubierto la cantidad de falacias y mentiras en que se apoya la ideología capitalista. Mejor es hacer oídos sordos a esas palabras y seguir insistiendo machaconamente en el discurso del pensamiento único: la economía de mercado y la competencia nos llevan al mejor de los mundos posibles, así las personas son libres para hacer con su vida lo que quieran. ¡No hay alternativa!

Y eso nos lo repiten todas las veces que sea preciso para que lo aceptemos como una verdad. Pero el discurso de Francisco muestra claramente que es mentira. Mejor que no se oiga.