Si hay una cosa que no gusta y alarma al consejo de administración de Pfizer, a oligarcas como Bill Gates, a nuestros políticos autoritarios y a los medios de desinformación de masas, es que la variante Omicron se esté extendiendo a una velocidad inusitada por el orbe entero y que sea cuestión de días que desplace a Delta.

Los jerarcas mentirosos que gobiernan en los regímenes occidentales, nos habían dicho un millón de veces a través de sus sicarios a sueldo de los medios de desinformación, que los no vacunados eran los culpables de que el abuelo de 86 años falleciera de coronavirus tras haber recibido  tres pinchazos de Pfizer. Pero lo cierto es que la muy poco vacunada e inmunodeprimida población sudafricana (casi el 13% contagiada con SIDA), ha sido la artífice de la creación de una nueva variante leve que mantiene al país con la mayor ola de contagios registrada, pero con una baja tasa de hospitalización y mortalidad.

Lo ocurrido en el segundo y tercer mundo no vacunado, es el proceso lógico de un virus que mejora su velocidad de transmisión a la vez que aminora su virulencia, con el objetivo de garantizar su supervivencia (ya pasó con la gripe). Justo lo contrario a lo que se pretende en Occidente, coaccionado a vacunar a niños con una probabilidad de morir del 0,00023861%, mientras se potencia a un virus que hará todo lo posible por defenderse.

El hecho está perfectamente documentado si atendemos a los resultados de las vacunas imperfectas en la enfermedad de Marek en aves, lo que permite al virus evolucionar hacia una mayor agresividad. 

Nada de lo que estamos viviendo parece inocente, ni la aparición de un virus tan sofisticado, ni la poca vigilancia de las fronteras en un principio, ni la totalitaria política del pasaporte Covid y la vacunación masiva después. Afortunadamente para nosotros, ni la mayoría de los negros de Sudáfrica, ni los talibanes que hicieron correr a las tropas de Joe Biden en Afganistán, ni los habitantes de Guadalupe que hicieron arrodillarse a Macron, ni los centroeuropeos que sufrieron la represión comunista, se vacunarán.

Si el virus no se incomoda en Occidente al encontrar una población temerosa masivamente vacunada, tendremos la suerte de enviar a la pandemia al basurero de la historia. Otra cuestión será si en Occidente tendremos el valor de derrocar a los tiranos.