La retirada de Afganistán, con la salida en desbandada de las fuerzas estadounidenses y el abandono de los que hasta ese momento eran sus “amigos” afganos, hizo añicos la credibilidad del gobierno de Joe Biden y despertó los peores temores de muchos de sus aliados, sobre todo de Ucrania. Hace sólo unos meses, en abril, la tensión en el Este y la movilización de unidades militares rusas amenazaron con desatar una guerra abierta entre Rusia y Ucrania. Ahora, la amenaza parece mas creíble, además del aumento significativo de tropas rusas en la frontera, los servicios de inteligencia estadounidenses han alertado de que Rusia está movilizando a sus reservistas, en lo que sería la mayor movilización desde la caída de la URSS.

Lo cierto es que los acuerdos de Minsk firmados en septiembre de 2014 por Rusia, Ucrania y los separatistas bajo el amparo de la OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, y el posterior Minsk-2 de febrero de 2015, que incorporó a Alemania y Francia, no han significado en ningún momento el final del conflicto. La artillería, las incursiones, los disparos de francotiradores y los muertos y heridos son el pan de cada día en el Este de Ucrania. Por poner un ejemplo,  entre el 2 y el 7 de diciembre el Ejército Ucraniano informaba de trece ataques de las fuerzas separatistas contra posiciones ucranianas en los sectores de Donetsk, Luhansk y Mariupol con el resultado de un soldado herido y otro muerto. La única diferencia entre una semana y otra es el número de ataques y de bajas. De hecho, según la Misión Especial de Observación de la OSCE, este año se han producido 442 violaciones del alto el fuego, incluidas 44 explosiones en la región de Donetsk y 178 violaciones, incluidas 78 explosiones en la región de Luhansk.

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La reacción de la Unión Europea ante esta nueva crisis ha sido la esperada, impondrá sanciones económicas al gobierno ruso en caso de estallar un conflicto. Biden, que se reunió el pasado martes mediante videoconferencia con el presidente ruso Vladimir Putin, se ha expresado en términos similares, habrá sanciones, pero nada más. El Congreso estadounidense aprobó una ayuda de 300 millones de dólares para las Fuerzas Armadas de Ucrania, que debe ser ratificada por el Senado y firmada por el presidente Biden. Además, según Reuters, EEUU tiene un acuerdo con Alemania sobre el cierre del gasoducto Nord Stream 2 si Rusia invade Ucrania. Las declaraciones más duras por parte estadounidense fueron las de la vicesecretaria de Estado, Victoria Nuland, que acusó a Putin de estar intentando restaurar la Unión Soviética y le advirtió que una nueva agresión contra Ucrania le costaría “mucha sangre”.

Los que tienen que poner la sangre, los ucranianos, han manifestado que, como es lógico, no aceptarán ningún acuerdo que se haga a sus espaldas. Después de la conversación entre Biden y el presidente ucraniano Zelensky, el ministro de asuntos exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, dijo a Sky News que no esperaba tropas de la OTAN sobre el terreno ante la amenaza de Rusia, pero sí el apoyo militar de los aliados: “Ellos [Estados Unidos y otros aliados] pueden atacar económicamente. Nosotros estaremos luchando sobre el suelo. Lamento decir esto, pero habrá muchos soldados rusos muertos y esperamos que el presidente Putin no quiera que eso suceda”.

Pero no sólo Ucrania se siente gravemente amenazada, los países Bálticos y Polonia también observan con preocupación los movimientos de su antiguo ocupante. Además, en Polonia saben muy bien que sucede cuando tus aliados te dan la espalda y, en consecuencia, su gobierno ha decidido reforzar considerablemente su ejército. Jarosław Kaczyński anunció en octubre el proyecto de ley de defensa de la patria. En una rueda de prensa con el ministro de Defensa, Mariusz Blaszczak, Kaczyński citó la máxima romana: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.  El proyecto de ley implica aumentar el número de tropas, que pasarían de los 110.000 efectivos actuales a 250.000 más otras 50.000 en la reserva, y la compra de equipo militar producido en Estados Unidos (como los 250 tanques M1 Abrahams que empezarán a llegar a Polonia en 2022) y en otros países europeos.

Pero el que ha expresado la postura polaca con mayor rotundidad ha sido el general Roman Polko, ex comandante de la unidad “Grom” de operaciones especiales, que, tras la videoconferencia entre Biden y Putin, señaló que ya es hora de que Occidente tome la iniciativa ante “un Putin agresivo y su impredecible subordinado Lukashenko”. Para el general, “estamos al borde de la guerra y Ucrania merece que se le abra el programa de adhesión a la OTAN y garantizar su seguridad. Estados Unidos y Reino Unido fueron los garantes de la seguridad de Ucrania durante la anexión de Crimea”. Las declaraciones del militar pueden parecer exageradas, pero la “guerra híbrida” desatada contra Polonia y los países Bálticos por Bielorrusia, enviando a miles de inmigrantes contra sus fronteras, ha hecho saltar todas las alarmas. También se han producido incidentes, como el acaecido a principios de noviembre, cuando soldados polacos localizaron a tres individuos uniformados y armados con fusiles a 200 metros de la frontera, dentro del territorio polaco. Tras ser descubiertos, los individuos regresaron al lado bielorruso. El general Polko se refirió entonces a estos individuos como “hombres de verde”. En 2014, las tropas rusas  que entraron en Crimea para apoderarse de ese territorio no portaban banderas rusas ni ningun otro distintivo, por lo que fueron descritos como “hombres de verde”.

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Por ese motivo los países Bálticos y Polonia han reforzado sus lazos, como hemos visto en el despliegue de soldados estonios en la frontera polaca, y su colaboración política y militar con Ucrania. El jueves, Lituania entregaba la primera parte de un lote de ayuda militar a Ucrania de mano de su ministro de Defensa Nacional, Arvydas Anušauskas. El día anterior se celebraba en Varsovia la 11ª Asamblea Parlamentaria del Triángulo de Lublin (formado por Lituania, Ucrania y Polonia) para tratar la acumulación militar rusa en la frontera ucraniana y la crisis migratoria artificial creada por Lukashenko. El próximo jueves, Polonia y los países Bálticos, junto con los demás países del grupo de Visegrado, Rumanía y Bulgaria, tienen previsto debatir con Joe Biden la complicada situación en el Este.

Con un Occidente más preocupado por la perspectiva de género, la ideología LGBTQ y el histerismo climático que por defender sus fronteras, las posibilidades de victoria en este y en cualquier conflicto venidero son más bien escasas. Dicen que quien olvida su historia está condenado a repetirla, haríamos bien en no olvidar a los romanos.