Este fin de semana el PP ha escenificado el entierro de la sardina, después del Carnaval, en realidad su propio entierro, “en diferido”.

         Es verdad que el Carnaval es una fiesta pagana, pero a un partido –o partida- que defiende el aborto, la ley de la memoria “histérica”, que es incapaz de defender la enseñanza en español en Cataluña, es decir, en España, le viene como anillo al dedo…

         Hace unos meses ya auguré en algún artículo anterior que a Rajoy la “cuestión catalana” podía suponerle su muerte política, y no me equivoque.

         Es lo que pasa cuando no se ha atrevido a decapitar a su número dos, la virreina de Cataluña, y “gran estratega” de la actuación gubernamental, con los resultados que están a la vista de todos.

         Al final vamos a tener un dos por uno.

         Además del asunto catalán, realmente penoso, pues nadie en su sano juicio podía pensar que las puñaladas nos vinieran precisamente de Alemania, nuestro “gran aliado”, con el remate de las declaraciones de la ministra de justicia, diciendo que la decisión era muy acertada, y además era la que ella esperaba (como ven, allí hay tanta separación de poderes como aquí…), Cristina Cifuentes, esa señora con una cara dura de hormigón armado, se paseó “triunfante” por la convención, aunque supongo que la procesión iría por dentro.

         Rajoy la besó en las dos mejillas, el beso de Judas, y dijo que confiaba en ella, pero que había que estar a lo que decidiera la justicia, más o menos.

         En otras palabras, la entregó a los leones, digo a los jueces, o a sus aliados de Ciudadanos, que andan locos por tocar poder, porque hoy por hoy, prácticamente no pueden “comisionar” nada, pues no mandan ni en su casa.

         Vivimos en una época en permanente zozobra; no puedo irme al pueblo, pues allí no tengo Internet, y no quiero perderme un solo episodio de esta comedia bufa que es la caída del imperio romano, digo de los mangantes del PP.

         No todos, a Dios gracias. Los honrados hace ya años que han sido marginados de los puestos importantes, y militan en puestos de segunda y tercera fila…

         En fin, lo siento mucho, pero para que las cosas cambien, no sé si a mejor o a peor, hace falta destaponar la situación, y es obvio que hoy por hoy el PP no es un dique de contención del separatismo, de la corrupción, ni de nada.

         A grandes males, grandes remedios…

 

 

Ramiro GRAU MORANCHO,

Abogado y escritor.