Era cuestión de tiempo que tantas incoherencias y caprichos terminaran por explotarle a Irene Montero en la cara, lo que contribuye a que renazca la confianza en mi género, una confianza que iba perdiendo a medida que veía cómo muchas mujeres escuchaban las ocurrencias del momento de una Ministra caprichosa que ni siquiera se ha molestado en pronunciarse sobre el caso de las tarjetas Dina Bousselham que califican a Pablo Iglesias, según algunos sectores, de machista, e incluso la senadora María Salom le acusa de violencia de género y «de representar el machismo puro y duro»,  una grave acusación que jamás debería dejar indiferente a la Ministra de Igualdad, y menos aún cuando el señalado es su pareja. Parece que en este caso las acusaciones no importan, quizá debido a la identidad del señalado. Una hipocresía más del Ministerio de supuesta Igualdad.

Asociaciones feministas están en contra de la difusión de la guía «somos diversidad», y no es para menos, pues ¿qué hay más diverso que la propia guía? Las feministas advierten al respecto: «…estamos ante un documento científicamente insostenible e ideológicamente inaceptable». Y es que si nadie le pone límites a la Ministra, en breve nos veremos obligados a aceptar toda clase de necedades y despropósitos.  

¡Se ha venido arriba la Montero! Menos mal que no todas las feministas siguen a la «madre jefa» como si sus discursos fueran oro de ley. ¡Bravo por ellas en esta ocasión!

Una guía creada para que los docentes instruyan a los niños acerca de la diversidad de género, incluso fomentando actividades variopintas dentro de las horas lectivas, pero, si ser hombre o mujer ya no es una cuestión de género sino de sentimientos, ¿podremos elegir sentirnos hombres o mujeres según la hora del día? ¿Qué ocurrirá si un violador declarase haberse sentido mujer y lesbiana durante una violación, o lo que es lo mismo, del género fluido? ¿Se le juzgará como hombre o como mujer? ¿También deberán abordar estos temas los profesores?

¡En menudo jardín pretenden meter al profesorado!

A este paso tendremos que pedir que elaboren un diccionario de términos para saber si somos mujeres, hombres, cisgénero, transexual, transgénero, bisexual, intersexual, pansexual, hetero, travesti, transformista, drag queen, drag king, queer, género no binario, hijra, two spirit, xaniths, agénero, tercer género, TL mermaid, genderqueer, intergénero, género no conforme, gay, passing, fluido… Un gran escaparate donde elegir a la carta quiénes somos o nos gustaría ser. Bastaría con que cada uno fuera lo que le viniera en gana sin necesidad de dar explicaciones, ponerle nombre, elaborar leyes o conceder subvenciones. Ni qué decir de estos términos, que la mayoría ni siquiera se reflejan en la RAE; es decir, introducen un neolenguaje que aboca en una enorme confusión.

En la página 141 encontramos «la ruleta de la familia», donde en un alarde más de incultura, se ha incluido el término «monomarentales». Y es la que la Ministra de la sinrazón, ni aprende, ni investiga, ni lee lo suficiente.

Una guía confusa en el uso de la terminología, y aburrida de leer, donde se hace hincapié en la formación de familias de diversa índole atendiendo a variables como la religión, el estado civil, la tutoría legal, edades de los adultos, nacionalidad y orientación sexual de cada uno entre otras variables, donde lo extraño y menos habitual parece la formación de una familia heterosexual. Todo ello edulcorado con ejercicios para debatir con los grupos de niños sobre las experiencias con todo tipo de diversidad familiar.

Es tan ridículo y a la vez tan discriminatorio cuanto hacen, que me quedo sin palabras para definir la barbaridad que supone ponerles la cabeza como un bombo a los niños que nacen inocentes y aceptan cualquier cosa que nadie se moleste en clasificar como diferente, algo en lo que Irene Montero, sus secuaces, el Ministerio de Igualdad y el Instituto de la Mujer se empeñan en hacer cada vez más grande y palpable, convirtiéndose en auténticas profesionalas en el arte de dividir.

Incluso Lidia Falcón, Presidenta del Partido Feminista, ha sentenciado lo siguiente: «Montero, ni ha estudiado, ni sabe, ni tiene experiencia, ni se ha batido el cobre como nosotras durante los años necesarios para tener una formación feminista».

Ni las feministas la ven con buenos ojos. ¿Por qué no dimite ya y desaparece de la escena política? ¿Es mejor vivir de la sopa boba a costa de la sopa lésbica? Tomen nota…