Vivimos en tiempos de relumbrones hijos de la mentira, camuflando oquedades profesionales o morales en las vanidades del orgullo infundado y el apetito desordenado de la propia gloria egocéntrica, que eso es la vanidad en términos de teología moral.

Pero si trasciende contra el bien común, sus consecuencias toman otro cariz de muy posibles consecuencias agravantes.

El vanidoso de candelero público, acaba en el personalismo que identifica autoridad legítima con autoritarismo tiránico y esto, le lleva a ver en toda ley, una vejación a la “dignidad” de su persona, tan solo por venirle de fuera, por muy justa y necesaria que tal ley sea.

El “personalismo” destruye la única naturaleza humana para poner en cada persona su propia norma moral, de forma que la individualidad del sujeto repudia la universalidad de su propia naturaleza.

Para ser meritorios los actos humanos, han de partir del hombre en cuanto libre (acto humano) y para ser buenos moralmente, han de ajustarse a la ley natural y divino-positiva del Decálogo.

El “personalismo” (por eso es chulesco). En vez de poner en la persona el sujeto de la responsabilidad moral, pone en la persona la autoría de la ley moral, convirtiendo así el objeto del bien, en el sujeto de su subjetivismo egoísta y pretencioso.

Su norma, no es obrar bien, sino obrar en libertad ilimitada, convirtiendo así, el medio para el bien, en un fin en sí mismo, sin mirar el objetivo perseguido del bien objetivo.

La anulación de la autoridad es el paso siguiente y el vacío de potestades en su consecuencia inmediata.

El “personalismo” no acaba exaltando la personalidad humana, sino exaltando la individualidad anárquica, y la persona acaba absorbida por el subjetivismo endiosado.

De ahí vienen las falacias, eufonías huecas y los sofismas ingeniosos con intentos autojustificativos de las aberraciones atentatorias contra la lógica, la moral y el sentido común más evidente.

Señor Presidente del Gobierno de España: la mejor “convivencia” ciudadana por usted cacareada, envenenando a la ciudadanía con mentiras sofísticas, discusiones intrafamiliares y de rango nacional, destiladas por un puñado de chulos contra todos los españoles, y la mejor manera de “reencontrarse” es la de no enfrentarse ni disgregarse en separatismos antipatrióticos, antinaturales, antifamiliares y anticonstitucionales.

Ya estamos más que encontrados y la mejor solución es no tener problemas artificiales de intenciones inconfesables, maquinadas en los bajos fondos del “poder del rostro oculto masónico” disolvente de naciones, de fronteras, de credos y de autoridades firmes e insobornables, de las que porque aman a Dios sobre todas las cosas, después aman a su Patria y a la Justicia.

Tampoco sirve la mentira de la “Patria” cuando se va contra ella sin demostrar nada tras el eufemismo hueco.

No pongan en tela de juicio el valor de la Justicia, cuando ni se cumple en todas las consecuencias lo sancionado, ni sirva para dar garantías de aplicación a las justas disposiciones.

No se venda al manejismo de los intentos de crear, según el plan Kalergi y el programa secreto de los “Protocolos de Sión” la dictadura del NOM, Nuevo Orden Mundial.

Si soltasen a un asesino que promete seguir asesinando al salir, ¿pintaría algo fuera de la cárcel…?

Atentar contra la evidencia, no es demostración de inteligencia, ni de santa intención.

Señor Presidente del Gobierno de España: La efectividad no se mide por la palabrería; de lo contrario, el Reino de los Cielos sería de los hipócritas.