Winston Galt, seudónimo de un conocido novelista español, y autor cada vez más popular por su impresionante novela Frío monstruo, acaba de publicar ahora un ensayo demoledor que bajo el título de MXXI. La batalla por la libertad y con el subtítulo de “El socialismo es el opio del pueblo” se presenta como “un violento golpe para la disputa política, un auténtico acto de rebeldía, porque la rebeldía no está en las ideologías y utopías, sino en enfrentar a los poderes que ahogan la libertad”.

¿De qué trata La batalla por la libertad?

Es un libro nacido al hilo de la escritura de mi novela Frío Monstruo, una distopía ambientada en la Europa de 2050 en la cual, a través de los partidos de izquierda, de la dictadura de lo políticamente correcto, en clara colisión con un islamismo que para entonces probablemente será incontenible y que es incompatible con la democracia y con nuestros valores de tradición judeo-cristiana, provocan el colapso de la libertad, de la Europa democrática y de nuestro modo de vida.

Estudiando la situación europea para la novela me di cuenta de que no cabían todos los argumentos ni razones en la novela, de modo que concluí por escribir este libro, que, al igual que la novela, he tenido que publicar en Amazon, ya que no hay editores que, por ser ideológicamente de izquierdas o por miedo, quieran publicar libros como éstos.

En la actual situación, ¿qué podemos esperar del socialismo y dónde se encontraría la socialdemocracia, habitualmente considerada moderada y democrática?

Defino el socialismo como el opio del pueblo, que es el subtítulo del libro. La calificación creo que no es gratuita. El socialismo funciona como una droga que entretiene y falsea la realidad, pues se basa en la promesa eterna de una mejora incesante que se ha demostrado falsa, porque se fundamenta, además, en mentiras primigenias que obvian y contradicen la naturaleza humana, y que busca sacrificar al individuo en función de un colectivo que jamás puede alcanzar la satisfacción. Funciona como una religión falsa y vacía, buscando supuestamente una forma utópica de vida que ni sería mejor ni sería plena pero que promete un mundo ideal para todos. Lógicamente, la realidad contradice su mensaje, lo que convierte al socialismo en una auténtica superstición.

La realidad ha puesto de manifiesto que el socialismo, al final, no es más que un modo fácil de acceso al poder. Al prometer a capas amplias de población una mejora utópica de sus condiciones de vida obtiene adhesiones permanentes que les sirven para acceder al poder de forma más sencilla que a otras formaciones políticas que defienden la libertad, siempre difícil de gestionar para muchas personas, o la responsabilidad individual, premisa indispensable para una vida plena, pero a la que muchos están dispuestos a renunciar a cambio de una imaginaria mejoría de vida que supuestamente ha de venirles dada.

La historia demuestra que esa máquina de poder es implacable una vez alcanza su objetivo. Si bien podemos hablar de una socialdemocracia moderada aún en países como Suecia o Dinamarca, lo que también sería discutible, pues están contribuyendo a destruir sus países, no es discutible en países como Italia, Francia, España y ahora EE.UU., donde los partidos socialdemócratas se han radicalizado y se han convertido en meros medios de acceso al poder de élites políticas implacables que están arruinando Europa y que pretenden hacer lo mismo con EEUU. Por eso no es exagerado decir que hoy la socialdemocracia se ha convertido en un vehículo de acceso al poder del comunismo.

¿Qué cree que puede aportar su libro a la actual guerra cultural?

La reivindicación de que el socialismo no es una ideología más perfectamente respetable, sino la advertencia de que es una ideología peligrosa, que cala bien porque supone un mensaje sencillo para mentes simples, y que pretende imponer una uniformidad de pensamiento y de conducta que constituye una auténtica dictadura. Su punta de lanza, el marxismo cultural o el pensamiento políticamente correcto, seguramente son los medios de censura más eficaces que podamos imaginar, porque se asumen incluso inconscientemente por la población y es muy difícil sobreponerse a ello.

El mensaje de que el socialismo se construye sobre el pensamiento que hemos definido como de la inferioridad y constituye una forma inferior de vida y que es mal negocio para los pobres tal vez deba ser jaleado con frecuencia para que alcance a capas de población que permanecen pasivos ante los mensajes de la izquierda y de la progresía.

El concepto de industria política sobre el que nos extendemos en el libro y que constituye una auténtica forma de opresión sobre la sociedad civil entiendo que es muy importante de comprender para poder combatirlo y que nos debe llevar a considerar un nuevo concepto del lobo de Hobbes, que ya no es el hombre que lucha por vivir sino el que vive a costa de los demás y el que forma parte de esa industria política que nos oprime y desvelar que el socialismo no es más que una forma más fácil que otras de acceso al poder, creo que son conceptos muy importantes que, de generalizarse, llevarían a mucha gente a abrir los ojos ante el peligro que supone hoy la izquierda, especialmente en nuestro país.

¿Cuáles entiende que serían los enemigos de la libertad?

En este momento la colusión entre las élites económicas con las élites de la industria política, representadas en España por algunos de los líderes de las empresas del IBEX y por la élite política de izquierdas, personificadas en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, constituyen un evidente peligro para la democracia y para nuestra forma de vida y nuestras tradiciones y valores.

A ambas élites les interesa un Estado cada vez más grande que ahogue la sociedad civil. Los miembros de la industria política no son nada sin el dinero público, y las grandes empresas son cómplices porque se retroalimentan del estatismo creciente. A medida que dicho estatismo aumenta, se cohíbe la iniciativa privada, nada se puede hacer al margen del Gran Estado y éste determina todas las normas de tal modo que no sólo establece lo que depende directamente de él sino que su influencia es tan poderosa que condiciona todas y cada una de las acciones de la sociedad civil.

Dimitida la derecha tradicional del debate político, que con Rajoy ha pasado a formar parte evidente de la industria política, apenas queda una derecha mal llamada fascista que reivindique algo de libertad para la ciudadanía.

Si a estos poderosos enemigos de la libertad, respaldados por la propaganda masiva de los medios de comunicación, todos prácticamente en sus manos, por las universidades, que educan a medias a los alumnos para imbuirles el marxismo cultural, y por la judicatura (de la Fiscalía ni hablamos por ocioso) que supone que tengan a los jueces, como el Padrino, "en el bolsillo", y a todo ello añadimos el islamismo creciente que en Francia ya es insoportable y en España lo será, lo que obtenemos es un panorama muy sombrío para el futuro de nuestro país y de toda Europa y de nuestra cultura y nuestra libertad.

Habla usted de liberalismo duro y dedica un capítulo a realizar advertencias sobre el futuro, ¿puede contarnos a qué se refiere?

Menciono que el socialismo, incluso el supuestamente moderado, es agitador y hostil. En cambio, los liberales y conservadores siempre hemos respetado mucho más la libertad de los demás y hemos evitado hacer proselitismo. De este modo, además de ser un mensaje mucho más sencillo que se acepta fácilmente por personas poco dispuestas a la reflexión, el socialismo cala con más facilidad en capas amplias de la sociedad.

Con liberalismo duro y las advertencias que menciono en el libro me refiero a la necesidad que tenemos de plantear batalla, a pesar de las dificultades, oponernos a la inercia socialista y estatista y librar esta batalla cultural o ideológica en la que estamos inmersos, aunque algunos ingenuos quieran seguir negándola. Sólo a través del activismo desde la libertad podremos ganar la batalla porque, de perderla, nos espera una época muy oscura en las próximas décadas en toda Europa y, especialmente y muy pronto, en España.

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