La convivencia en armonía entre españoles bajo cierta unidad política, es algo que los españoles dejan perder sin importarles, como si no fuera con ellos, sin darse cuenta de que la pierden e incluso de que existe. Se quieren tan poco, como se odian entre sí. Y caen en la indiferencia y el desprecio.

A la mayoría de españoles no les importa España, ni se preocupan en saber qué es España, ni por qué no les importa. Sus incapacidades superan a sus capacidades. Su pecado de la pereza es tan grande como su vicio de la envidia; ese vicio que lastra a la masa española, y es la íntima gangrena del alma española, según Unamuno. Raíz de infinitos males y carcoma de virtudes, que vemos en El Quijote.

España camina rumbo incierto, entre la pobreza espiritual, la holganza y la ignorancia; tremolando al viento la vieja bandera del absurdo "por donde cruza errante la sombra de Caín": Abunda el hombre malo del campo y de la aldea, capaz de insanos vicios y crímenes bestiales, que bajo el pardo sayo esconde un alma fea, esclava de los siete pecados capitales.

"No contradigas, contra piensa", que afirmaba Jacinto Benavente, es un sabio principio que no entra en la mente del español a donde difícilmente caben dos ideas. Por eso nace la postura a la contra, ante la incapacidad de pensar más allá. La contra que implica la falta de consideración, respeto y acatamiento. La soberbia de no oír ni escuchar a los demás. Y conlleva la desobediencia y la rebelión. Es la incapacidad de pensar fuera del propio ombligo, y menos en el de los demás. Como si no formaran parte de ellos, viajaran en el mismo barco, ni tiraran piedras a su propio tejado.

Así se ha ganado la fama de pueblo ingobernable. Por eso solo ha funcionado y ha construido bajo el palo, y cuando se lo quitan de encima solo funciona para destruir lo que ha creado. Eso mismo es lo que ocurre hoy, cuando hemos llegado bajo este largo estado de pandemia que nos imposibilita hasta la comunicación, y por cuyo origen nadie se pregunta, a votar en masa como verdaderos zombis, el 4-M. ¿Será también eso la inmunidad del rebaño? Pedir milagros a los políticos, es como pedírselos a los médicos, una manifestación más de la estupidez humana.

Si a la cerrazón mental sumamos la envidia, lo entenderemos todo. La envidia, la desobediencia y la discordia, son las tres patas de la mesa coja de España. No cabe decir decadencia, que se refiere a la salud, cuando si nunca tuvo salud, sobra hablar de decadencia. Nunca fue intervenida quirúrgicamente en condiciones; nunca tuvo una revolución capaz de modificar sus estructuras sociales, intelectuales, sus actitudes e instituciones corruptas o innecesarias. Sólo torpes matanzas de sus órganos vitales, jamás una ágil revolución que modificara lo esencial. Los dos grandes episodios de la España contemporánea, la catástrofe del 98, y la guerra civil de 1936, no han solucionado el problema del cáncer de España. Funcionó con la dictadura de Primo de Rivera, y con la de Franco, pero después se acabó el funcionamiento, y el problema de fondo sigue.

En España sólo hubo lo peor que puede haber: guerras civiles. Absurdas y destructoras guerras entre los españoles. Nunca una revolución capaz de hacer de los españoles un solo pueblo. Hoy gran parte de los españoles están enfermos de odio y militan en las izquierdas. No podemos entender el porqué, porque no hay motivo, lo que da crédito a tal hipótesis, al ser ellos los que se inventaron un enemigo inexistente y enfermaron su alma en la que no creen.

La actitud a la contra es algo tan viejo como las enfermedades de siempre. En el siglo XIII los españoles ya quemaban conventos. La Contrarreforma es un puntual momento para entender España. Y hasta en la última guerra civil, 1936/39, un bloque se llamaba Antifascista, y el otro Antimarxista. Las peleas entre españoles giran en torno a la fe. El fenómeno religioso es llevado hasta sus últimas consecuencias. Y se ha resuelto en gran parte, gracias a la caridad que es una herramienta cristiana que detesta la mentira y la violencia. España es un pueblo de fe, que en cuanto se la quitan anda muy mal. Cae en picado sobre sus propios pecados capitales: (la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza).

La participación activa de una parte de la iglesia, cuando en ella se mete el demonio, deja mucho que desear; y vemos cómo ETA nació en los seminarios, o el nacionalismo actual catalán, está en las iglesias. Hay que tener en cuenta hechos capitales como son la expulsión de los jesuitas del Imperio Español por Carlos III, en 1767, acusados de instigar el motín de Esquilache. Aún los jesuitas serían expulsados de España dos veces más: en 1835 y en 1932, en plena Segunda República.  (Continuará)

 

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¿Aprendieron a convivir los españoles en su Patria, o vuelven a las andadas?

-¿Qué venganza quisiste ayer del envidioso mejor que estar él triste cuando tú estás gozoso?

-Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza, guarda su presa y llora la que el vecino alcanza.

-Si te sientes superior, Encima de mi pecado, ¿Quién es el más pecador?