Todo lo relacionado con la covid está resultando ser rocambolesco por definición. Comenzaron negándonos la epidemia, la magnitud del problema les superó desde el minuto cero, planificaron una desescalada de Perogrullo, desconocemos el número de fallecidos, entramos sin saberlo en la segunda ola y venimos sufriéndola con más pena que otra cosa durante el verano y todavía no nos han dicho que en realidad estamos en mitad de la tercerea oleada.

Con un mínimo, no digo de compromiso con los ciudadanos, sino de dignidad, deberían empezar a sincerarse con la población. Digo esto porque si quienes nos gobiernan no son ni han sido capaces de controlar la pandemia, deben decirlo claramente y entonar el mea culpa. Sobre todo cuando han decidido sin reparo alguno trasladar al ciudadano la responsabilidad de la contención de la transmisión. Ya saben, manos limpias, mascarilla y distancia social. Bueno, ahora piden también confinamientos voluntarios, el colmo.

Si pensaran y sintieran como hay que hacerlo, serían capaces de explicar y justificar ante la opinión pública que determinadas medidas son necesarias y válidas a medio y largo plazo. Sin embargo, lejos de esta posición prefieren tomar medidas tímidas, cortoplacistas.

Cierran la hostelería y restauración a medias, poco a poco con miedo, dando margen al virus para propagarse. No son capaces de velar por nuestros intereses, legítimos. Hoy saben que hay que cerrar, pero cierran solo la barra, mañana las mesas, pasado las terrazas y finalmente hay que cerrar el negocio entero porque no compensa. Pero así no lo cierran ellos sino el autónomo, el empresario, el emprendedor.  Eso sí, la famosa incidencia acumulada por las nubes. Como desde el principio, como si no hubiéramos aprendido nada, las medidas tarde y mal.

El problema, además del propio virus, es que si la economía cierra tras una larga agonía puede no haber recuperación posible. Este es el resultado de la letal gestión de la pandemia. Miles de muertos, muchos más infectados y una economía destrozada, arruinada.

Para desgracia de país, desangrado por las autonomías, el par de rojos que nos des-gobiernan, lo digo como siempre sin odio ni rencor pero dirigiéndome a ellos, aprovechan la confusión para rematar a la educación, las pensiones, la dignidad de las víctimas del terrorismo de ETA, la unidad de la Patria y todo lo que se les antoje. Nada nuevo que no nos haya enseñado ya la historia de España, cosas de rojos. Y de no rojos, porque la historia también nos dice que excepto en una ocasión, nadie ni nada se ha opuesto a semejantes despropósitos.

Y la última noticia es la vacuna contra el covid. La medicina nos dice que sin duda es la mejor arma para combatir una enfermedad transmisible. Pero hablando de armas, la vacuna y de guerras, la covid, ahora necesitamos quien sepa y quien quiera manejarse en estas lides.

No creo que el par de dos tengan intención alguna de hacerlo con éxito sino con rédito y a lo peor se vacuna antes a un preso de ETA que a este humilde servidor. O quizá llegue antes a Cataluña que a Andalucía. O quizá, quién sabe, no se negocie bien la compra y nos quedemos sin dosis suficientes o paguemos por ellas lo que no está escrito. Puede incluso que nos llegue tan tarde, tan tarde que su llegada pille a la mayoría inmunizada por el padecimiento de la enfermedad. En fin, qué podemos esperar de quienes no saben ni gestionar las ayudas europeas.

Mucho me temo, visto lo visto, que la vacunación se gestionará tan mal como el resto de la pandemia y que nos queda, por tanto, mucha enfermedad por soportar, la del covid y la de los que solo buscan el rédito, letal el virus, cómplices los otros.