El arte de la comunicación consiste en sintonizar al emisor con el receptor en una misma longitud y alcanzar juntos un destino proyectado. Muchos de quienes intentan comprender lo que ocurre en Cataluña han pensado, a lo largo de muchos años, que era una cuestión que se resolvía (o dulcificaba) con dinero. Craso error.

España por un secuestro de su Soberanía fue convertida en 1978 en un Estado Autonomico sin techo legal que resolviera hasta donde el Estado central podía o debía transmitir sus competencias. Ello se acompaño de una ley electoral (impuesta antes de la citada carta constitucional) que privilegiaba en mayor numero de escaños los votos obtenidos en regiones como Cataluña o Vascongadas sobre el obtenido en computo nacional. Esta perversa ley fijaba con ello, antes de empezar la partida, el carácter predominante de unas muy concretas fuerzas políticas sobre otras, rompiendo con ello el axioma de “un hombre, un voto”.

Jose Manuel Otero Novas, pro hombre de la Union de Centro Democrática (UCD) fue el último Ministro de Educación en España antes de que las competencias fueran cedidas a las nacidas comunidades autónomas. Se establecía así, y por voluntad de una fuerza política con mayoría absoluta y sin coacción alguna, un sistema que fragmentaba el relato histórico de quienes habíamos sido los españoles y por qué lo eramos.

Las consecuencias de aquellos pasos inadvertidos entonces por muchos tardarían en aflorar, pero cuando se han hecho presentes constituyen el mayor problema de entendimiento entre los españoles entre sí porque muchos de ellos (en estas regiones) ya han dejado de sentirse como tales. Ante ello, es ridículo pensar que mayores competencias o distribución de los recursos puedan silenciar o resolver un problema que lo es de sentimiento de pertenencia.

Y esa organización y forma de enteder la política y su ejercicio en España se ha extendido desde aquellos años 70 hasta hoy. Hasta que ese modelo ha entrado en crisis terminal porque quienes han nacido, crecido y han sido educados en ese sistema creado y fomentado por todas partes políticas en España han manifestado su voluntad de no ser parte del todo que les ha cobijado. A su alrededor se ha edificado un mito fundacional diferente al común español (y se ha consentido); se ha cedido toda la acción cultural a fuerzas que nunca creyeron en ese pasado común y se ha pensado que la alternancia de poder entre izquierda y derecha compartiendo parte de ese poder con esas fuerzas falsamente aupadas como decisorias de mayorías débiles, consolidaba un original modelo de democracia que les hacia decir y hablar de la •”ejemplar transición española”. Todo eso ha saltado por los aires…

Y cuando las consecuencias de esa obra llegan a su conclusión no se les ocurre cosa mejor que mandar a la Guardia Civil.

¿Con que legitimidad moral se puede pensar que todo se reduce a un problema de “orden público”? ¿Acaso no es lo que buscan quienes ahora desafían las instituciones con un golpe de estado que pretende crear una nueva y distinta legitimidad?

Desde aquel lejano 77 todo se reduce a una cuestión de Soberania entendida en su más amplia acepción.

¿Acaso piensan quienes promueven la secesión que su modelo de sociedad será distinto a las sociedades individualistas, materialistas y sumisas a los poderes de la globalización?

¿Acaso quienes intentan detener la secesión anunciada tienen un modelo de convivencia distinto al mantenido todos estos años?

España ha sido vaciada desde dentro y hacia fuera en dos vectores centrifugos y centrípetos. Sólo desde la reformulación de un nuevo proyecto comunitario para todos los españoles podrá atraer a todos. Quienes han pensado que un texto constitucional, el peso de una ley o la amenaza puede reconducir o cambiar ideales o ilusiones (por más equivocadas que podamos pensar que estén), realmente no ha entendido nada y será arrastrado por los acontecimientos.

El modelo de sociedad identitaria que el catalanismo secesionista promueve comprensivo de una multiculturalidad que solo excluye lo hispánico para afirmarse lleva en sí su raíz de auto destrucción porque es terriblemente tributaria de las directrices neo liberales imperantes .

El modelo del 78 que encorseta a España es, igualmente, caduco. Sobre su fundamento disolvente no puede construirse futuro.

¿Cuál es entonces la alternativa? Diferenciarse claramente de una y otra opción afirmando la unidad de la Nación como presupuesto de Libertad colectiva y lanzar la propuesta de otra forma muy diferente de organizar la sociedad, la economía, la educación y el mundo del trabajo y la relación de todo ello con Europa.

Mientras tanto, que no me busquen como guardián de la porra del 78 ni como comprensivo asistente silencioso ante quienes romper mi Patria. Ésta no es ni de unos ni de otros.

Falta grandeza.