Desde 2004, año de infausta memoria, la sociedad española ha puesto al frente del país a personajes como Zapatero, Rajoy y Pedro Sánchez. Incapacitada para distinguir lo que es bueno para la nación y lo que - revestido con el oropel de las palabras melifluas, el postureo indecente y vano y las milongas de la igualdad, tolerancia y “progreso - es perjudicial para su país; esta sociedad anquilosada, isquémica y floja carece de la inteligencia y del valor que hacen que las sociedades pongan al frente del país a líderes sólidos, antes hombres de Estado que políticos profesionales. Aquí, en este pobre país de nuestros pecados, basta con que un histriónico personaje de cualquier lado carente de todos los valores que deben adornar a un hombre de Estado, pero con buena planta, capaz de mentir sin tasa, de prometer antes de meter, de dibujar a los ciudadanos una utopía de felicidad imposible de hacer realidad, pero que suena bien; de hacerles oír lo que quieren oír no lo que deberían oír, de manipular hasta la  náusea, se presente arropado por los medios de comunicación que lo elevan a la categoría de personaje mundial siendo en verdad un mindundi, perdulario, ignaro al que solo adornan la cualidad de una ambición bárbara de poder a costa de lo que sea; sonría ante las cámaras y suelte cuatro o cinco gilipolleces de manual, para aparecer ante los ojos de nosotros los ciudadanos que formamos esta sociedad como el adalid que va a hacer de España el nuevo paraíso terrenal donde las fuentes manen leche y miel y el vivir consista en recibir un subsidio mísero, máxima ambición de millones de ciudadanos a los que en los últimos años, estos líderes de cartón piedra les han dicho que ¡para que se van a molestar en trabajar! que tan solo han de votarles a ellos que les van a dar una mísera paguita para que puedan respirar, que no vivir.

Todo empezó en 2004 tras la barbarie de Atocha. Un pueblo estuporizado y acobardado, noqueado por las explosiones, ausente de nervio y determinación; creyó que lo mejor para España era ponerla en manos de un personaje de la catadura de Zapatero. Son ya 16 años de caída libre de España que va a ser rematada por esta pandemia sanitaria, económica y de pésima gestión de un gobierno que tan solo atiende a maquinar la forma de permanecer en el poder y de unos presidentes de autonomías enfrascados en la misma labor. Y es que desde hace 16 años esta sociedad ha venido practicando el deporte de. “En el peor momento, el peor gobierno central y autonómico”, y así nos va. Esta sociedad está enferma, carente de los valores y principios que han hecho y hacen de siempre fuertes y sólidas a las sociedades y a sus países. Carece de dos de las virtudes que son necesarias para que una sociedad prospere. Inteligencia y valor. La inteligencia ha sido sustituida por la estupidez y el valor por la cobardía, si no ¿cómo los ciudadanos de esta sociedad permanecen callados como putas viendo desfilar miles de muertos ante ellos? ¿cómo permanecemos anestesiados ante la catástrofe sanitaria y económica que nos está asolando y nos va a dejar en pelotas vivas? ¿cómo, en un ejercicio de aborregamiento, enviamos a nuestros niños a las escuelas, lugares carentes de las garantías necesarias para salvaguardar su salud?

Esta sociedad que durante 16 años ha entregado las riendas de España a personajes tan vacíos como Zapatero, Rajoy y Pedro Sánchez con los resultados que estamos viendo día a día, lo ha hecho porque, entre otras cosas, confunde lo superfluo con lo necesario y lo necesario con lo superfluo; dándole importancia a lo que no la tiene y huyendo de lo verdaderamente importante porque esto conlleva necesariamente una responsabilidad y la responsabilidad es dura, mientras lo superfluo es divertido. La actual sociedad española se comporta como un adolescente al que le faltan muchos hervores para madurar. Y así nos va.