Ya saben ustedes que el padre Ángel, el de la bufanda roja, le ha escrito recientemente una carta a Pablo Iglesias en la que, entre otras cosas, le decía textualmente lo que sigue: “Doy gracias a Dios por personas como tú, que con tu trabajo y esfuerzo, y el de tu equipo, ayudáis a que un mundo mejor sea posible”. Es verdad que luego se ha sabido que la carta se la envió también a más personas, pero eso no quita la gravedad del asunto: el sacerdote le mandó la carta a Pablo Iglesias, y le dijo lo que le dijo, que le daba gracias a Dios por personas como él, es decir, como “el coletas”.

Pues bien, esto último me ha sumido en una profunda crisis de fe que, lo reconozco, me causa cierto desasosiego, y creo que voy a necesitar la ayuda de la jerarquía eclesiástica y, como yo, bastantes cristianos.

Que conste que no digo que yo sea más bueno que Pablo Iglesias, no, yo no estoy diciendo eso. Lo que sí afirmo categóricamente es que yo tengo más vergüenza que él, y más dignidad, y más honradez, y más saber estar (valores, se llaman esas cosas ahora), y que tan en desuso están actualmente.

La crisis de fe a la que antes hacía referencia, consiste en una duda que la Iglesia Católica, mi Iglesia, me tiene que aclarar, redefiniendo el misterio de la Santísima Trinidad. Porque cuando yo era pequeño, en la catequesis, aprendí aquello de que hay tres personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero un solo Dios verdadero. Pues bien, después de lo que ha dicho el padre Ángel, personas no sé cuántas habrá, pero Dios, tiene que haber varios, o al menos dos, uno para Pablo Iglesias y otro para mí.

Porque yo me niego a aceptar que el mismo Dios al que le rezo por las noches, con el cual hablo cuando voy a una iglesia, el que tomo con devoción cuando comulgo, el que ha dirigido mi vida desde siempre, me niego a aceptar, como decía antes, que ese mismo Dios ampare a Pablo Iglesias, no por el aspecto físico que tiene el colega (un fallo lo tiene cualquiera, incluso Dios), sino por sus palabras, dañinas hasta la náusea, por sus hechos, nocivos para la convivencia, y con los cuales el mundo, es desde luego peor, mucho peor de como era antes; antes de que “el coletas” entrara en política, digo.

Así es que ya se pueden poner a trabajar los concienzudos teólogos que, a buen seguro, tiene la Santa Sede. Y que me aclaren la cuestión, formulando de nuevo el misterio de la Santísima Trinidad, para quedarme con la conciencia tranquila, y volver al redil. Aunque yo ya he tomado alguna medida: jamás daré un euro a Mensajeros de la Paz, ni asistiré a una misa oficiada por un sacerdote que pertenezca a esta ¿ONG?, unos sacerdotes estos que, por cierto, están cortados todos con el mismo patrón.

Pero para quedarme tranquilo de verdad, necesito saber que el Padre Celestial en cuyas manos pongo yo mis cosas desde hace tanto tiempo, es distinto al que, según el padre Ángel, ha bendecido a Pablo Iglesias, sí, “al coletas”.

Es verdad que todo esto lo podría solucionar apostatando de mi fe cristiana y pasándome al ateísmo militante, pero la verdad es que después de toda una larga vida siendo hijo de la Iglesia Católica, para lo bueno y para lo malo, no quiero quedarme ahora a la intemperie, espiritualmente hablando, porque fuera hace mucho frío, sobre todo ahora, con la que está cayendo.

Por eso quiero quedarme tranquilo de verdad, y saber que cuando me llegue la hora de presentarme ante Dios Padre, ese Dios es el mío, porque como San Pedro se equivoque y me lleve al Dios de Pablo Iglesias, la verdad es que lo tengo crudo, que no tengo solución, vamos, que voy de cabeza a las calderas de Pedro Botero, me ponga yo como me ponga.