Hace poco escribí en mi blog un artículo[1] en el que recordaba la oportunidad que tuvo Rusia y la UE (entonces aun CE) de emprender un camino juntas. Durante la segunda mitad de la década de 1980 Gorbachov hizo valientes propuestas en favor de la distensión entre la URSS y el bando occidental. Puso mucho de su parte y creo que logró la comprensión de un convencido anticomunista como Ronald Reagan, que también puso de su parte para iniciar el camino hacia la distensión.

El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín, tras el que se estaba descomponiendo un régimen que mantenía a la República “Democrática” Alemana en el tedio y la oscuridad. Gorbachov no envió a sus tanques a resolverle la papeleta al “reformista” Egon Krenz, que había sucedido poco antes al perenne Honecker. Después fueron cayendo, como fichas de dominó, todos los regímenes comunistas del bloque soviético. Gorbachov siguió a lo suyo, con su perestroika y sin sacar los tanques, es más inició un repliegue de la fuerzas de la URSS desplegadas por Europa oriental.

En cuestión de meses las jugadas a varias bandas que se sucedieron en Europa terminaron con el sueño de los rusos de implicarse en una Europa más inclusiva y de acabar tanto con la OTAN como con el Pacto de Varsovia, para poner la seguridad europea en manos de la Comunidad de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE, luego OSCE). El presidente Bush y su secretario de Estado James Baker hicieron carambola a tres bandas: lograron mantener la preeminencia la OTAN en Europa, el ingreso de las dos Alemanias, ya reunificadas en la OTAN y el aislamiento de una Unión Soviética que comenzaba su descomposición. Lo malo es que las promesas hechas a los dirigentes soviéticos de no expandir la presencia militar de la OTAN hacia el Este no se cumplieron entonces, ni después.

En definitiva, después de 30 años, tras un largo periodo de recuperación económica y de imprescindibles reformas militares, la Rusia de Putin, más nacionalista que nunca, ha decidido sacar a relucir la afrenta a la que le sometieron entonces y recordar el incumplimiento de la palabra dada por los norteamericanos de no ampliar la OTAN hasta las fronteras rusas. El presidente ruso está determinado a lanzar un órdago a EEUU, aprovechando el delicado momento por el que pasa en su enfrentamiento con la emergente China. Putin quiere forzar la retirada de los norteamericanos de Europa o, por lo menos, del centro y Este de Europa. A Putin no le preocupa una UE que sigue sin tener una política exterior única y clara, en la que los Estados tiran cada una por su lado. Él sabe que para cuando los miembros de la UE lleguen, si llegan, a un acuerdo sobre cómo afrontar esta crisis, Rusia ya ha ido y ha vuelto de donde sea.

Rusia ya ha obtenido lo que quería de Ucrania, está fuertemente asentada en Crimea, tiene asegurada su salida al Mar Negro y el control de ese mar. En realidad a Putin le da igual lo que suceda dentro de Ucrania. Ahora tampoco le preocupa tanto el gasoducto que atraviesa Ucrania, Rusia ya tiene alternativas (incluido el gasoducto Nord Stream 2).

 

Lo que persigue Putin es sacar a los norteamericanos de Europa o reducir al mínimo su control sobre Europa y lograr que la OTAN se repliegue a sus posiciones anteriores al año 1999, esas son sus mayores motivaciones. Como mucho, por aquello de dejar bien sentada su autoridad, puede que entre en la región de Donbas. Pero para eso se tendría que dar mucha prisa porque el deshielo es muy peligroso por esas tierras y si no que se lo pregunten a Napoleón y a Hitler.

Ya veremos hasta donde aguanta el pulso el viejo Biden teniendo en cuenta que no ha solicitado los sabios consejos de Pedro Sánchez, no sabe lo que se pierde. La UE sigue en el gimnasio haciendo músculo pero, por si acaso, nuestro presidente ya envía barcos y aviones a pesar de la oposición de sus ministros podemitas.

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[1] Conflicto en Ucrania. De aquellos polvos estos lodos http://www.bailedelosdomingos.es/2022/01/conflicto-en-ucrania-de-aquellos-polvos.html