En una noticia que ha pasado bastante inadvertida entre la tensión del conflicto entre Rusia y Ucrania, han sido publicados varios documentos que prueban que el actual canciller alemán, Olaf Scholz, estuvo bajo el escrutinio de la Stasi, la policía secreta de la República Democrática Alemana. Un espionaje que el propio Scholz ha lamentado, pero que no ha causado ningún revuelo político. Sin embargo, el historiador alemán Hubertus Knabe ha publicado el “archivo Scholz”, en el que detalla el idilio del político socialdemócrata con las organizaciones juveniles comunistas en la década de los 80. En aquellos años Scholz era uno de los líderes de las juventudes socialistas (JUSO) del Partido Socialdemócrata (SPD) y era un marxista declarado. Para Knabe es evidente que la Stasi le consideraba una herramienta para sus fines.

Las JUSO establecieron relaciones con la federación juvenil de la RDA, la FDJ (Juventud Libre Alemana), y en mayo de 1980 Gerhard Schröder, canciller alemán entre 1998 y 2005, recibió en Bonn al dirigente germanoriental, Egon Krenz. Krenz, el último presidente de la RDA, describió la caída del Muro de Berlín como la “peor noche de su vida” y fue condenado a seis años de cárcel en 1997 por el asesinato de cuatro personas que intentaron cruzar el Muro. El punto de unión de ambas organizaciones era la oposición a la política de la OTAN, en la que Scholz, que fue elegido vicepresidente de las JUSO en 1982 y se mantuvo en el cargo hasta 1988, participaba activamente. En 1982 escribía en el “Zeitschrift für Sozialistische Politik und Wirtschaft”, que la única política para las fuerzas democráticas progresistas alemanas era un “No” rotundo: “Solo hay dos soluciones alternativas, un ‘giro a la derecha’, que en última instancia significaría ‘la completa subordinación a la estrategia global ofensiva del imperialismo estadounidense’, o un ‘giro a la izquierda’, que tendría que corregir la decisión de la OTAN”.

Los comunistas no dudaban en tirar a matar a cualquiera que quisiera abandonar el paraíso socialista, pero bajo el disfraz pacifista extendieron su influencia por la República Federal. De hecho, otro de los grandes éxitos de la Stasi fue su infiltración en el movimiento verde. Dirigidos por la policía secreta de la RDA, los dirigentes de los Verdes se posicionarían a favor de la RDA y en contra de la reunificación alemana por representar una “amenaza para la paz”.  

Scholz, se reunió por primera vez con representantes del FDJ y del Komsomol soviético en marzo de 1983 en un congreso federal extraordinario de las JUSO en el que consideraron unánimemente a Estados Unidos responsable “de la peligrosísima escalada de la situación internacional”. En septiembre, Scholz acudió a un “Campamento Internacional de la Juventud” en la RDA con el lema “¡La paz es nuestro primer derecho humano! Europa no debe convertirse en Euroshima”. Desde ese momento y hasta 1988, la JUSO y la FDJ se reunieron en numerosas ocasiones. Scholz, era un invitado frecuente en la RDA y los documentos publicados lo señalan como un “político profesional que tiene mucha influencia en su organización”. Durante sus visitas al otro lado del Telón de Acero, Scholz y sus acompañantes fueron recibidos “literalmente” con alfombra roja.

Knabe afirma que esta antigua relación de Scholz con los países socialistas es una de las razones por las que es partidario de las políticas del Kremlin y contrario a la OTAN. Lo cierto es que Alemania está manteniendo una postura contraria a apoyar a Ucrania y enfrentándose con otros gobiernos europeos. El gobierno alemán prohibió a aviones británicos que trasportaban armas con destino a Ucrania sobrevolar su espacio aéreo. También se negó a la petición de Estonia de entregar piezas de artillería de la RDA al gobierno de Kiev. Sin embargo, esta postura del PSD está provocando tensiones con los otros miembros del gobierno de coalición, especialmente con los Verdes.

La lideresa Verde y ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, afirmó la semana pasada que rompería el contrato del gaseoducto Nord Stream 2 con Rusia si continuaba la escalada en Ucrania. Unas declaraciones muy contundentes, pero alejadas de la realidad. Hace dos décadas el gobierno alemán abandonó la energía nuclear, haciéndolo cada vez más dependiente del gas ruso: Alemania es ahora el mayor comprador mundial de gas ruso y más de la mitad de sus importaciones de gas proceden de Rusia. El gas se utiliza para calentar la mitad de los 41,5 millones de hogares del país, y también tiene una enorme importancia en el sector manufacturero y en la producción de electricidad. Es decir, son precisamente los postulados de los Verdes los que impiden que Alemania pueda tomar determinadas decisiones soberanas porque carece de independencia energética, por más que se empeñe Baerbock. Independientemente de las simpatías del canciller Scholz por el Kremlin, el gas decide en Alemania gracias a la agenda verde.