El Olentzero es la figura mítica de un carbonero que baja del monte para dejar regalos a los niños en Navidad. 

Se impuso en los años ochenta, en el intento  de sustitución de los Reyes Magos por esta figura mitológica sin raigambre en la mayor parte del territorio vasco, y menos en Vizcaya y Alava, donde tenía gran arraigo la Epifanía y los Reyes Magos. No fueron capaces de eliminar la tradición de los Reyes de Oriente porque estaba fuertemente penetrada en el imaginario y las tradiciones cristianas tan intrínsicamente ligadas a las costumbres y a las formas de vida de las tierras que estaban a mitad de camino entre Castilla y la Vasconia original. Aunque lo han intentado.  

El Olentzero, como figura enraizada en el mundo rural,  estaba ubicado como elemento pagano entre Guipúzcoa y Navarra, y su impulso viene de la mano del nacionalismo en sus diferentes familias, que querían hacer una modificación de las cosmovisiones preexistentes para impidieran asociar a las provincias vascas con el resto de España; eliminando así  del acerbo cultural vasco, de forma artificial, burdo y descarado las costumbre centenarias.

 Es lo que yo llamo “molde cognitivo” al efecto de lograr una visión de los vasco que es una entelequia, y favorecer la desconexión con España; de la misma manera que en Cataluña. Todo ese proceso es una gran maquinaria de lavado de cerebro y configuración de una elaboración mental que parte de elementos falsos, deformados y construidos artificialmente, como la propia lengua vasca en el presente que es un refundido de laboratorio entre  los diferentes dialectos del euskera preexistente, allá finales de los años 60, una vez que Krutwig sustituyó el elemento raza, desprestigiado tras la II Guerra Mundial, por la lengua. Todo ello para inclinar las voluntades hacia lo etnicista, promover actitudes de segregación e impulsar las tendencias secesionistas.

En los años noventa el partido Unidad Alavesa, abogaba por separar a Alava de la Euskadi nacionalista, y lanzó una campaña en contra de esta figura de laboratorio, creada para confrontar con la visión católica de la Epifanía. No era la única vez que sucediera, pues en la II República los nacionalistas pasaron de ser los vaticanistas, según Indalecio Prieto, a sumarse a los quemacuras rojos, pese a que en Alava hubo una escisión de ese nacionalismo que se sumó a la sublevación de Franco para combatir a los que atacaban a la Iglesia Católica y asesinaban a clérigos. Siempre existieron dos almas en el nacionalismo, la ultracatólica y la laica, como la precedente de Eusko Alkartasuna que fue Acción Nacionalista Vasca situada a la izquierda del Partido Nacionalista Vasco, en 1930

 

Hubo una campaña de Unidad Alavesa con viñetas como la que incluyo a continuación, donde se apostaba decididamente por expulsar al  Olentzero. Incluyo a continuación una de ellas.

navidad

Estos días el Ayuntamiento de Lejona ha permitido un hecho sin precedentes que demuestra lo que hay tras esta figura sin alma ni tradición. El llamado Olentzero de esa localidad vizcaína ha dirigido una carta a los niños donde se dice que… «Queremos hablaros de vuestras cartas, que las esperamos con muchas ganas y estamos ansiosos por recibirlas. Así durante el año, tenemos la oportunidad de releerlas, que el año es muy largo en la montaña»«Sobre esto, debo daros un tirón de orejas, ya que sabemos que la mayoría sabéis euskera pero aún así, recibimos muchas cartas en castellano»

Es decir, se les abronca a los niños por usar el castellano, una lengua protegida por la Constitución Española en su artículo 3 que preserva el derecho a usarla y la obligación de conocerla, no así las lenguas autonómicas, aunque es obvio que se presiona a los niños de forma inmisericorde. 

No cabe interpretación benigna. La acción de coaccionar a los niños mediante elementos emocionales es verdaderamente una barbaridad y un hecho reprobable. La falta de escrúpulos de estos nacionalistas, sean del PNV, del PSE o de Bildu, desbordan todas las líneas rojas del respeto. Nada nuevo bajo el sol.

Esta calaña no es capaz de desarrollar un juicio de valor sobre lo que sentirá un niño que ha idealizado al personaje cuando le riñe por no escribir en euskera. No calibran sobre la frustración que sentirá por no poder usar la lengua materna, la suya natural y  predominante en su entorno. Es de una falta de escrúpulos repugnante.

Lejos quedaron aquellas palabras escritas en Bilbao, en “La lucha de clases” periódico socialista, que en 1901 lanzaban esta idea: “El euskara no es ya válido, su completa desaparición permitirá una mayor comprensión entre los hombres. El vascuence es un enfermo tuberculoso en su último grado. Irremisiblemente perece.”  Y es verdad que perece, pues es imposible que los millones de euros gastados para la formación del espíritu nacionalista puedan contener las aguas de la naturaleza que hacen que se hable lo que siempre se ha hablado, es decir el castellano, que nació justo en las estribaciones de la Comunidad actual del País Vasco, a caballo entre Alava y Burgos.  La prueba es que tienen que perseguir a los niños para que no hablen lo que les da la gana. Pero algunos eso de la libertad lo entienden a su manera, es decir hacer lo que deseen ellos y prohibir lo que deseen los demás.  Como los feudales medievales.

Me sumo a Pio Baroja, que escribió en 1919, en “Momentum Catastróphicum” que “Respecto al posible empleo de los idiomas regionales en la vida moderna, no cabe duda que el más impropio para las necesidades actuales es el vascuence. Los demás, el caló mismo, como idiomas de sintaxis latina, sirven como el castellano o como el francés. El vascuence no, porque representa una mentalidad tan arcaica que es imposible amoldarla a la vida actual. Por eso retrocede no porque nadie le haga la guerra, sino porque no sirve para la vida moderna. […] El hacha de piedra se guarda en el museo, el cuchillo de cocina se emplea en los usos domésticos”