Llegó la peste, la infección, la enfermedad, el peligro de muerte y por ello se impone la vuelta del cordón sanitario. Esa catástrofe es el avance de la ultraderecha antidemocrática. El gobierno, las izquierdas, separatistas, filoterroristas e incluso una parte de los de la foto de Colón, es decir PP y Ciudadanos concuerdan en el diagnóstico: la enfermedad tiene nombre y se llama Vox.

Según la ministra Irene Montero el resultado de la formación de Santiago Abascal, amenaza “las políticas feministas y lo derechos de las mujeres” que “conforman la mejor vacuna y el mejor antídoto frente al odio y frente a la reacción que la derecha y la extrema derecha quieren imponer en nuestro país”. La ministra eurochavista y miembro del Grupo de Puebla agregó que “No creen en los derechos de las mujeres, no creen los derechos LGTB. No sé en qué derechos creen”, y que su fórmula para combatir la enfermedad es “frenar a los antidemócratas, a la extrema derecha y a la derecha”, hacer “políticas decididas que garanticen los derechos de las mujeres y las personas LGTBI”. Y por si no quedaba claro agregó que “no hay mejor antídoto, no hay mejor cordón sanitario para la extrema derecha, para los que quieren destruir nuestra democracia”. ¿Os habéis percatado de la cantidad de veces que expresó el mantra de extrema derecha? Es evidente que es el único argumento y último recurso que poseen los globalistas de izquierdas para intentar contener la reacción de sentido común, satanizando a un partido y a millones de españoles que simplemente no se avergüenzan de serlo, ni aceptan los mandatos de la Agenda 2030, ni la sumisión al totalitarismo de la corrección política.

El Gobierno en su conjunto advirtió de manera firme que “El Estado tiene herramientas para actuar” en caso que Alfonso Fernández Mañueco se atreviera a formar gobierno con la ultraderecha en Castilla y León, es decir con Vox. Isabel Rodríguez, ministra y portavoz del gobierno de España afirmó que “Estaremos muy atentos a que no exista ni un retroceso en materia de derechos, especialmente de las mujeres. Ningún derecho puede ser moneda de cambio”.

Mañueco aseguró el día después de su pírrica victoria autonómica que tiene “grandes principios” y que “la igualdad no es negociable para el Partido Popular”, cuando Juan García-Gallardo anunció que reclamará la derogación de las leyes contra la violencia de género y el decreto de Memoria Histórica. “Si alguien piensa que el PP de Castilla y León va a dar un solo paso atrás en defender la igualdad social, la igualdad laboral, la igualdad de oportunidades, la igualdad entre hombres y mujeres se equivoca”.

El pasado martes en el Senado el presidente Pedro Sánchez, magnánimo y exultante frente al complejo y cobardía del PP, fue el que despejó las dudas al respecto de los apoyos suficientes para un gobierno a la medida y gusto del PP: “Si explica que hay que poner un cordón sanitario a la ultraderecha, a lo mejor nos podemos entender”, es decir si rompe todo tipo de acuerdo, dialogo o acercamiento con la extrema derecha, a lo mejor se lo piensa y le echa una mano.

Las preferencias, afinidades cercanías y conveniencias entre PP y PSOE, aunque en escena a veces no lo parezca, son más que evidentes. Los unen los mismos objetivos finales, comparten una misma visión del mundo y solo difieren a alguna forma o estrategia, nada más. Génova y Ferraz están muy cerca y la distancia con Bambú es exactamente igual a partir de la moción de censura fallida al gobierno en octubre del 2020. Ese mismo día se comenzó a levantar el cordón sanitario a la ultraderecha en España con la anuencia de absolutamente todos los partidos con representación parlamentaria.

Los que hablan de profundizar en libertades, de incluir nuevos derechos, los que gobiernan con terroristas sin capucha, separatistas, comunistas, bolivarianos y la progresía globalista le dictan al otrora partido de la derecha sociológica, cuales deben ser sus políticas, pactos y aliados. Esta acepta gustosa ser aceptada en el consenso democrático que expulsa del mismo a millones de españoles que depositan su esperanza en un partido absolutamente legal y respetuoso de la institucionalidad como Vox. Pedro Sánchez por una vez dijo algo cierto al PP: “Le ha llegado la hora de la verdad, tiene que decidir si gobierna con la ultraderecha o no”. El cordón sanitario, aparentemente, está cerrado.