Hablaba hace unas horas con un viejo amigo residente en Andalucía, en un pueblo donde el subsidio conocido como “PER” se ha repartido históricamente como las piruletas a las puertas de un colegio, y me comentaba: “ intuía, semanas atrás, que el voto al PP –en las elecciones autonómicas del pasado 19-J-  iba a ser grandísimo, al menos en mi provincia, socialista de toda la vida, porque los del PER, los del ayuntamiento, los colocados de la diputación que enchufó el PSOE de Chaves, anunciaban en los bares que votarían a Moreno Bonilla, lo ven majete, y para que no llegara la ultraderecha”. Y a renglón seguido me comenta algo muy inquietante: “la izquierda ha visto que Moreno Bonilla les ha mantenido los sueldos, y que en algunos casos los ha aumentado; además, Moreno Bonilla impuso el “Pasaporte covid”, aplicó la dictadura sanitaria, y eso al socialista andaluz más cacique que ninguno aunque lleve chándal y cobre el PER, le mola”

Es razonable pensar que el PP habría metido en sus bolsillos a parte de la izquierda andaluza, la enchufada y apesebrada de toda la vida, temerosa ante el único partido político con redaños para arrebatar el gasto improductivo, parasitario y mezquino que vacía las arcas públicas españolas: Vox. Hay que subrayar cómo Vox ha promovido, en cuanto ha tenido poder institucional y desde el gobierno de Castilla y León, un hachazo en el 50 por cien a las subvenciones de UGT y CCOO. El ejemplo de Castilla y León asustó a mucho paniaguado andaluz, enamorado repentinamente de Moreno Bonilla.

Anda ahora la derecha mediática vaticanista y liberal azotando a Vox a cuenta de su campaña electoral que consideran errónea, despotricando contra Macarena Olona y llamando a Moreno Bonilla “Don Juan Manuel Moreno” o  “el liberal estratega” cuando hasta anteayer lo llamaban  “Moreno Nocilla”. Según la derecha mediática el “discurso emocional, proteccionista y social” de Vox durante la campaña electoral, apelando al debate ideológico y cultural, sobraba. “Se alejó del liberalismo”, dicen.

Otros pensamos que los quinientos mil votantes que Vox cosechó en Andalucía; que sumar 100.000 votos más y aumentar dos escaños respecto a los comicios regionales de 2018; que defender a España como nación unida; que recorrer los olivares y las ganaderías exigiendo el fin del fanatismo climático y la competencia desleal extranjera; que defender la reindustrialización y el rearme energético…Que nada de esto fue un error, sino una imperiosa necesidad.

Con todos los poderes mediáticos de la desinformación en contra y patrocinando el silenciamiento cuando no la diabolización. Con curas lanzando homilías anti Vox en tierra tan tradicional como Andalucía. Con un sistema clientelar socialista que desde la “Andalucía Olímpica” hasta los observatorios de violencia de género mantiene a decenas de miles de parásitos encantados con la nadería del PP que les conserva los sueldos. Con la predominante mentalidad bipartidista atornillada en las conciencias de una tierra, desgraciadamente tan devotamente acostumbrada a ser mandada como un cortijo –como ha hecho el PSOE durante casi 40 años; como ha hecho el dictador sanitario Moreno Bonilla-…Contra un ecosistema hostil hasta el tuétano Vox ha aumentado en cien mil votos y en dos escaños. Ni es una derrota, ni es un demérito para Macarena Olona.

Por supuesto que es necesaria la autocrítica y analizar los aspectos a mejorar: en el discurso, en la organización territorial y local, o en lo que se quiera. Pero la conclusión objetiva es que Vox es un partido que viene para quedarse y para crecer en cada comicio electoral como lo viene haciendo desde que un 2 de diciembre de 2018 entrase por primera en una institución pública, en el Parlamento andaluz.

Los problemas por los que Vox lucha –inmigración masiva e ilegal, ideología hembrista y de género, adoctrinamiento sexual e ideológico a menores, fanatismo climático, fracaso del sistema autonómico, auge del separatismo, pérdida de Soberanía, auge de la delincuencia- van a ir agudizándose progresivamente. Por eso, mientras Vox no cambie su discurso y si lo hace lo sea para recrudecerlo y endurecerlo, Vox no va a fenecer y va a seguir siendo la última luz de esperanza que en el actual sistema partitocrático le queda a millones de españoles.

La realidad es que en estos años de presencia institucional de Vox, a medida que este partido ha perfilado un discurso social, más obrerista y más soberanista, alejado del liberalismo relativista, ha aumentado su representación institucional, su poder de convocatoria y sus afiliados.

Mi augurio es que si los de Abascal no se dejan llevar por los cantos de sirena de la caverna liberal, del enano gruñón que nos llama bebelejías, y si suben los decibelios ideológicos, que nadie lo dude; el futuro a medio y largo plazo será suyo.  Los resultados de Vox en Andalucía no son una derrota, son un aviso: el camino adoptado es el bueno y puede ser mejor, la clave es perfeccionarlo, pero no truncarlo.