No todo el mundo ha nacido para ser valiente, sincero y honrado. Los que lo somos podemos estar agradecidos a la Divina Providencia de haberse fijado en nuestra humilde persona para depositar en ella esas excelsas virtudes que nos caracterizan y que guían el devenir de nuestras vidas, acaso para iluminar con nuestra luz y aleccionar con nuestro ejemplo  a esa gran parte de la humanidad que pervive y coletea sumida en tinieblas espirituales a consecuencia de su carácter impío y disoluto y, singularmente, a causa de su simpleza.

Estas gentes, esta masa  amorfa y desmadejada, debido a su naturaleza -digámoslo sin intención peyorativa- “inferior”, merecería nuestra ferviente repulsa si no fuera porque la caridad cristiana nos obliga a refrenar nuestros primitivos instintos transformándolos -con la perseverancia que suele acompañar a las almas forjadas en el cultivo de la pura virtud- en los más nobles sentimientos de conmiseración, tal cual las plantas convierten la savia bruta que se eleva de sus raíces, mediante el conocido proceso de la fotosíntesis, en una savia elaborada que constituye el alimento que las vivifica y hace florecer.  Esta es nuestra grandeza: que damos amor a quien no lo merece, que perdonamos a los que deberían ser humillados por su malignidad y estulticia, y que nos limitamos a no votar a sus representantes políticos cuando se presentan a las elecciones. Mas nuestro esfuerzo es vano: siempre ganan. El mundo es así y no podemos entenderlo.

Hoy vamos a centrarnos en el estudio científico de estos seres que, a efectos pedagógicos, podemos encuadrar en dos grandes grupos, diferenciados sociológicamente por su adscripción a sendas ideologías o proyectos políticos que, debiendo ser contrarios entre sí, se encuentran  unidos por una relación de complementariedad unidireccional. Hablamos de un primer grupo poblacional que se identifica con un difuso  “centro político”, llamado frecuentemente “centro-derecha”,  representado justamente por el Partido Popular, y de un segundo bloque, más o menos monolítico, al que podríamos llamar “izquierda” y que distribuye sus preferencias entre el PSOE, Podemos y otros partidos afines. No podemos dejar de lado, para no pecar de simplistas, a otro colectivo que rechaza adscribirse a uno de los dos bloques anteriores al estar afectado por lo que clínicamente se conoce como “crisis de identidad ideológica”, y del que por su escasa sustancia  -su ausencia de “materia gris”- nos limitaremos a señalar que el  partido que  lo ampara, conocido como “Ciudadanos”, está próximo a desaparecer del panorama político para no renacer jamás.

 Veamos en qué consiste esa complementariedad asimétrica entre estos dos grandes bloques:  El Partido Popular es capaz de ir asumiendo paulatinamente -hasta desdibujarse totalmente de lo que fue en sus orígenes- los postulados ideológicos de la izquierda tratando de congraciarse con una parte no desdeñable de sus votantes: aquellos que, además de ser enemigos de la ley, el orden, la moral y las buenas costumbres, desean pagar los menos impuestos posibles, único ámbito en el que ese “centro político” tiene muy claras sus ideas (que serían correctas si este Partido fuera coherente en su aplicación). He aquí una muestra significativa de esa asunción de postulados ajenos a que se ha plegado este partido vacuo, cobarde y trafullero: aborto libre y gratuito, ideología de género,  empoderamiento del colectivo LGTBI, condescendencia con las leyes de memoria histórica promarxista, indiferencia ante la inmigración ilegal masiva, desmantelamiento progresivo del Estado en favor de las Autonomías separatistas,  indolencia ante la inseguridad ciudadana y el apoyo, por activa o por pasiva, a todas las iniciativas de la izquierda persecutorias de la Iglesia Católica.

Sin embargo, la izquierda es incapaz de asumir postulado alguno del centro y, menos aún, de la derecha que es el sustrato del que se nutre principalmente ese sector ideológico. Por el contrario, la izquierda tiende a radicalizarse, maligna como es, con su objetivo mal disimulado de arrastrar a toda sociedad a la miseria, al desorden y a la inmoralidad. Digamos que si bien ambos bloques coinciden en su estolidez sistemática, en la izquierda predomina la  malignidad como elemento determinante mientras en el centro -o centro derecha- la pusilanimidad es el factor prevalente y caracterizador de su idiosincrasia. 

No hablaremos del factor corrupción, pues ya dice el refrán que en todas partes cuecen habas y más aún en las cocinas del infierno, que se las sirve precocinadas a la izquierda mundial.

Sentadas estas bases, estudiaremos esa cualidad común a estos partidos que la sociología positivista alemana denomina “schwachsinn strukturell” o idiotez estructural, centrándonos exclusivamente en el Partido Popular, dejando el estudio de la estulticia-malignidad de la  izquierda para futuras ocasiones. Para ello distinguiremos entre los dos fenotipos puros adscribibles a este grupo, resultado de la interacción entre  cada genotipo y el medio más o menos acomplejado en el que se desenvuelve: el fenotipo 1 ó “medroso-evasivo” y el fenotipo 2  ó “psicopatico-tonto”. El encuadre en una u otra categoría no siempre es fácil, pues estos individuos pueden combinar ambos caracteres por factores ambientales; no obstante, hemos realizado un estudio de campo sobre un amplio muestreo de especímenes políticos a los que hemos realizado un sola pregunta-clave que nos ha permitido clasificarlos con facilidad en una u otra categoría: “ ¿Qué opinión le merecen las personas históricas de Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo?”

Los individuos del fenotipo 1 han tendido a eludir la pregunta mediante respuestas tales como “ no hay que mirar al pasado sino al futuro” o “no voy a entrar en esa cuestión porque lo que realmente me  preocupa es el aumento del desempleo”.  A estas personas les puedo recomendar un tratamiento intensivo a base de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina tales como la fluoxetina, la paroxetina y la sertralina, que han mostrado muy buenos resultados como terapia contra el trastorno de pánico.

Por su parte los individuos pertenecientes al fenotipo 2 han dado respuestas atrevidas, tales como: “son los verdaderos artífices de la  democracia española” o “ellos encarnan el espíritu de la reconciliación entre españoles que permitió la transición”. Para este caso de idiotez suprema no hemos encontrado tratamiento alguno que potencie la capacidad intelectiva de estos sujetos y no es efectiva la administración de tiroxina, la hormona  especialmente indicada para combatir el cretinismo; pero una terapia a base de venlafaxina puede facilitarles la conciliación del sueño, por su efecto inhibidor de los neurotransmisores noradrenalínicos.

Un estudio antropométrico craneofacial de los principales líderes del Partido Popular será siempre de gran utilidad para poderlos clasificar en sus distintos grados de idioticia. Pero no es el caso de ofrecerles ahora el resultado de nuestras investigaciones revelando los nombres y apellidos de los pacientes estudiados, pues estos seres, por más que sean de alguna manera torpes e infantiles no siempre son inofensivos: a veces  manifiestan -ante el más mínimo estímulo- una naturaleza psicopática que les puede llevar a la exacerbación de sus bajas pasiones con resultados claramente antisociales. Así que nos limitaremos a mencionar un solo nombre y un solo apellido. Hablaremos de D. Pablo Casado, quien ostenta la jefatura del partido hasta que, después de su próximo descalabro electoral, sea reemplazado por Isabel Ayuso. Este sujeto, que por sus rasgos afables podría  ser el sobrino preferido de cualquier tía que no entendiera de política, aúna en su persona, además de todas las cualidades mencionadas de su genotipo, una cualidad que no es muy común y que debemos resaltar: la candidez. Bonachón en el fondo, cree firmemente -tomando por realidad lo que no es más que un loco desvarío- que llegará a ser Presidente del Gobierno con el apoyo de Santiago Abascal, a pesar de que no pierde ocasión de humillarlo,  provocando con ello la ira de varios millones de españoles, que no se lo perdonan. Pero no veamos actitud malévola en el Sr. Casado: sus cortas luces no dan para más. Sintamos hacia él, por tanto, compasión y solo compasión: nunca desprecio. Quizás su psicopatología se forjara en aquellos tiempos en los que, con la mayor diligencia, le llevaba el maletín al megalómano presidente Aznar y escuchaba sus lecciones: especialmente las que versaban sobre cómo salir en una foto a costa de cualquier precio y cómo mantenerse en el poder compadreando con los mayores enemigos de España. Es duro tener que reconocer que para esta patología mental, que combina la soberbia,  la irresponsabilidad y un alto grado de estupidez, el único tratamiento posible es la jubilación anticipada.

Y dicho todo esto solo nos queda referirnos a otro colectivo de españoles, no encuadrable en ningún tipo de estupidez, ni de cobardía, ni de malignidad, ni de hipocresía, ni de mendacidad, ni de deshonor. Este grupo está muy bien representado por unos políticos valientes, sinceros y honrados que han fundado un partido llamado VOX,  que nunca se prestará a componendas, tejemanejes, corruptelas, complicidades, condescendencias ni  trapicheos con los enemigos de España, entre los que se encuentran  los socialistas, los comunistas, los liberales-izquierdosos, los separatistas, los filoterroristas y, en general, todos aquellos que ahora detentan el poder y que están llevando a la ruina económica y moral a nuestra querida patria.