Parece que te vas con la cabeza gacha a iniciar otra etapa ventajista de tus demagógicas programaciones de parásito, allá donde refrescarte con el beneplácito prostituido de tu harén particular, pretendiendo vivir de los golpes de suerte al sembrar cizaña. Tú no te vas de rositas. No has entendido nada, vives ajeno de la realidad, embalado de absurdo revanchismo y endiablada vanidad: tu paso por el desgobierno nos ha arrancado la vida de cuajo matando protocolariamente a nuestros padres. Aún no te enteras. Somos millones los que no olvidamos tus artimañas, los oscuros secretos que guardas cuando te observamos como responsable de un presunto genocidio, tú hijo de mala siembra que aniquilaste a nuestros seres queridos saturados de morfina siendo la hora de que despiertes en tu propia pesadilla. La condena de tu cuerpo cuando te reciban en la cárcel no será nada comparada a la de tu alma putrefacta que cree irse exonerada de responsabilidad criminal. Llegue sobre ti la maldición de nuestras tragedias y quiera Dios que tus retorcidas generaciones sean objeto de escarnio público para que el putrefacto fondo de vuestra malvada esencia se hunda en el olvido por vergüenza; así no vuelvas a atreverte, ni tu estirpe lo desee, a vivir de la muerte y del dolor, de la estrategia ventajista, de la sucia manipulación y del rastro de una repugnante depredación que se marcará para el resto de tus días al paso de la peste que has aventado, siendo preso de la soberbia que te extinguirá eternamente. Asco, rabia y ahora esperanza inspiras, cuando pierdes el aforamiento para recoger tu cosecha. Dejas la política, tu pretexto como arribista sin escrúpulos, con un reguero de sospecha y la certeza de tu culpabilidad. La Justicia te espera pero la peor maldición la llevas desde que naciste: así te consumas el resto de tus días mientras respires, en homenaje a nuestros Seres Queridos que nos arrebataste. Luego, cuando te toque traspasar el umbral, solo se habrá iniciado tu miedo eterno.