La mayor parte de la gente no ha estado nunca, ni está, al corriente de nada. La opinión de la calle es siempre la opinión de otros. Y aunque podría parecer que vivimos rodeados de vecinos que saben de todo, incluso de virus, vacunas y volcanes, la suma ignorancia y la confusión, el pensamiento acrítico y lanar, es la seña de identidad de todos estos millones de expertos de andar por casa, a los que por cierto une, para escarnio suyo y mayor gloria del resto, una confianza ciega en la televisión y los demás medios de manipulación de masas.

Respecto al Caso Djokovic muy pocas personas en el mundo conocen los detalles del proceso judicial que ha protagonizado en este mes de enero de 2022 el tenista serbio, pero es evidente que no le han permitido jugar el Open de Australia por no estar “vacunado” ni querer hacerlo. A los hechos me remito: Roland Garros también piensa impedirle participar en el torneo parisino, y es obvio que aún no le ha dado tiempo al tenista serbio a entrar ilegalmente en Francia[1].

Conclusión: A las autoridades australianas y francesas no les importa si Djokovic está sano, tiene anticuerpos o es inmune. Le interesa que esté vacunado. Sospechosa obsesión. Extraña manía sin base médica.

Aun así, dicen, que no argumentan, lo siguiente: “Son las normas”. ¿Y nadie se ha cuestionado si las normas son justas o sensatas? Lo mismo le dijeron a Rosa Parks por negarse a dejar su asiento a una persona blanca en la década de los cincuenta en los Estados Unidos. Eran las normas. Si quieres las tomas, y si no, las dejas. ¡Al Gulag que son las normas! ¡A las checas que son las leyes!

Por otro lado, la segunda razón por la que el número uno del tenis mundial está sufriendo una campaña de descrédito digna de los tiempos paranoides que vivimos es por su oposición a un proyecto industrial de extracción de minerales valiosos en su país, Serbia[2]. Por lo visto, el pasado mes de diciembre, Djokovic dio la cara por los miles de compatriotas que se negaban a que la multinacional Río Tinto construyera una mina en territorio serbio para extraer jadar y litio[3]. Curiosamente, una de las filiales más importantes del grupo empresarial se emplaza en Australia, y concretamente en Melbourne, sede del Open de Australia. Pero por si todo esto no fuera suficientemente indicativo, dicho grupo empresarial es propiedad de Aluminum Corporation of China Limited y de BlackRock[4]. Y para quien no lo sepa, BlackRock es una potentísima sociedad mercantil especializada en servicios financieros, que, junto con Vanguard, es la mayor accionista de las farmacéuticas Astrazeneca, Moderna y Pfizer.

Pues bien, ante tal coyuntura, y frente a tales molinos de viento, Djokovic se encuentra en la encrucijada de Aquiles. O mejor aún, en la de Jesucristo. A partir de ahora, o va en pos de la fama intentando reconquistar el cariño de la prensa, o escoge salvar su alma y sufrir el desprecio del mundo.

Sea como fuere, y como decía el personaje de Harper Lee, Atticus Finch, “para poder vivir con otras personas tengo que poder vivir conmigo mismo. La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno”.

Pero de personajes con conciencia y calor humano, de quijotes que navegan contra corriente, defienden causas justas y anteponen sus ideales a su conveniencia, qué va a saber el ganado, si el ganado, que todo lo ignora, vive para ser llevado al matadero.

[1] https://elpais.com/deportes/2022-01-17/djokovic-entra-en-un-tunel-sin-salida.html

 

[2] https://www.france24.com/es/minuto-a-minuto/20220110-entre-pir%C3%A1mides-y-gur%C3%BAs-djokovic-una-pasi%C3%B3n-por-lo-chocante-y-lo-esot%C3%A9rico

 

[3] https://www.riotinto.com/operations/projects/jadar

 

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Rio_Tinto_Group