El 30 de enero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional por el coronavirus y pidió a todos los países «una vigilancia activa». Al día siguiente, el Ministerio de Sanidad emitió un informe en el que aclaró que esa alerta de la OMS «no afectaba a la evaluación de riesgo de España»” (EL MUNDO 3/04/2020). 

A finales de enero de 2020, las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud) advertían a todos los gobiernos de la existencia de una cepa de virus, el Covid-19, variedad altamente contagiosa. Los responsables sanitarios de España, al tanto de las novedades que llegaban de la OMS sobre este virus, se supone informarían al ministro del ramo, el filósofo Illa, entregado a sus meditaciones kantianas y no tanto sanitarias, y éste trasladaría al Consejo de Ministros la alarma mundial que estaba encendida, una luz roja que aconsejaba hacer acopio de material y actuar con diligencia, esto es, medios y tiempo, dos factores indispensables para actuar con responsabilidad política frente a un virus asesino y muy infectante. Otra explicación no cabe, sino que el presidente del Gobierno y sus ministros estuvieran al tanto para que a continuación varias menestras del Gobierno acudieran a la manifestación del día chocho de marzo protegidas con guantes, porque de otra forma estaríamos ante un fallo grave de los mecanismos y protocolos de protección de la salud pública en España, los que atañen al flujo de información y asesoramiento al Ejecutivo y sus ministros, lo que sería aún más delictivo al señalar funcionamiento caótico en la dirección del país. En esto, la prueba del guante está y estará siempre ahí, en las fotos de esos azules guantes ministeriales.

Pedro Sánchez, pues, tenía en su mano elegir el día para tomar las medidas de protección de toda la nación frente al virus, pero el 8 de Marzo, el Día de la Mujer Subvencionada, llevaba preparándose meses atrás y se vislumbraba en el horizonte. En paralelo, el factor tiempo jugaba en contra de la vida de miles y miles de españoles ajenos a la presencia cotidiana en sus vidas de un virus tóxico que los dejaría sin aire, abocándolos a una agonía por asfixia, una muerte sin cura, dolorosa y lenta, porque hasta los sedantes se terminarían a finales de marzo.

La salud o los votos feminazis, he ahí el dilema de Pedro Sánchez el huero. El bien común frente al bien personal de seguir en un estrellato ahora estrellado. La política sensata de Estado frente a una decisión egoísta y mentalmente desequilibrada, fuera de toda cordura, ajena a la prudencia de un mandatario ˗en este caso mandado. Pasan los días y el virus, desde finales de febrero comienza su orgía española de contagios en bares, empresas, reuniones familiares…las horas pasan, las toses se multiplican, la fiebre incipiente en miles de hogares acaba con los termómetros de las farmacias…el que hace de presidente aún sopesa, duda qué hacer, aunque se muestra arrinconado, solo, acobardado porque presiente el pollo que Pablo Iglesias el comunista nuevo rico y su señora Irenita van a montarle ante la prensa si suspende las celebraciones feministas del día chocho de marzo. Además, ello sería interpretado como un torpedo en la línea de flotación de NI UNIDAS PODEMOS y la llorera de Irenita que entonces le espera a Pablo Iglesias durante días y noches en su recién estrenado casoplón sería una afrenta que rompería los débiles hilos de intereses que unen a ambas bandas rivales; menos mal que los indepes vascos y catalanes, antes bien untados con decenas de miles de euros, se mantienen al margen y no intervienen en este sainete que desembocará en luctuosa tragedia nacional para decenas de miles de familias españolas.

Sánchez el “Moncloador”, un hombre sin arrestos, un espécimen ideal para una monografía psiquiátrica sobre políticos, al moverse siempre sobre el filo de la navaja y teniendo frente a frente a la jauría podemita, tampoco piensa suspender la gran fiesta feminista del 8 de marzo con la que sueña Irenita para estrenarse a lo grande como Menestra de Desigualdad. Los autobuses están listos, las pancartas por estrenar y los charcuteros del país preparan a toda prisa miles de bocadillos de mortadela barata para las votantas que asistirán locas de contenta al gran carnaval de chicas teñidas de rojo berenjena.

El virus le lleva a Sánchez quince días de ventaja, dos semanas. De modo que ya le ha ganado la partida, virus rápido frente a presidente lento, he ahí el quid. Pero lo que nunca imaginaba este virus infeccioso es que Sánchez, además de darle quince días de ventaja, también le organice una macro manifestación y le concentre en las calles de Madrid a 120.000 feministas radicales. De modo que en la misma mañana del contagio nacional, el Covid-19, un virus muy listo y muy terminal, muta al ochodemarzovirus, una cepa española que convierte Madrid en una ratonera sin salida, en el epicentro de una pandemia nacional que tendría sus réplicas feministas en pueblos y ciudades. Algunas de las ministras que encabezan la farsa madrileña de compra de votos van protegidas con guantes azules, porque saben que entre ellas el bicho se está dando un festín del quince. Irenita ya tose sin taparse su boquita populista. El mismo virus, más contento que unas Pascuas, harto y cansado de contagiar se da un respiro y baila al son tamboril de las soflamas feminazis: “El machismo mata más que el coronavirus”. “¡Qué engañadas están, madre mía, yo infectándolas a placer y ellas tan contentas, tan ajenas a esta epidemia gratis total que debo agradecer a Irenita, la señora de Iglesias, Ministro Sin Cartera!”, se dice en aquellas horas el mutado feminazivirus en su regocijo de premuerte e infección generalizada en cantidades industriales.

Por esta insensatez del Gobierno, Madrid se convertirá en un escenario desolado y desasistido con miles y miles de muertes que podían haberse evitado en su inmensa mayoría, viéndose obligada su presidenta Ayuso a abrir tres morgues, cada una de gran capacidad.

Celebrado el día 8 de marzo, Sánchez y su banda aún permanecen en un estado de escandalosa inmovilidad y se limitan a dejar pasar los días sumidos en una perplejidad propia de incapaces, inútiles e indecentes. Tiene que transcurrir casi una semana, justo cuando se alcanza el 14 de marzo, cuando Illa el filósofo, Ministro de Sanidad sin la más remota idea de sanidad, es alertado por sus asesores con un informe demoledor: “El número de muertes crecerá de forma exponencial y superará en menos de dos semanas los 10.000 fallecidos”. Es entonces, una vez tasado el número previsto de bajas cuando Sánchez da el primer paso y decreta Estado de Alarma, contagiados y no contagiados quedarán recluidos en su domicilio. Se inician las gestiones para comprar mascarillas, test defectuosos y respiradores, se puja a la baja, el gasto en feminismo ha dejado las arcas vacías. Todo este material de bisutería llegarán allá para Mayo o Junio, de manera que no servirá absolutamente para nada, primero porque estará defectuoso, segundo porque los muertos, muertos estarán. De seguido, el Ejecutivo utiliza la vía de Decretos-Ley y comienza a lanzar medidas alocadas, inconexas, improvisadas…del 14 al 31 de marzo se incrementará el paro en un millón de nuevos parados.

Ante este caos nacional sin precedentes, Sánchez y sus ministros de tómbola optan por una ofensiva mediática sin precedentes en los circos de TV1, la Secta y A3, cadenas en la que aparece Sánchez todas las semanas en un publirreportaje falso e indecente, como a diario sus ministros sin agenda, sin rumbo, sin sustancia, se turnan por pura vergüenza torera al objeto de poner en escena su versión adulterada de una tragedia nacional, camuflando lo que es un parte diario de bajas de una guerra perdida antes de iniciarse con una demagogia populista y simplona, insoportable, intentando así ocultar, sin conseguirlo, que su Gobierno está derrotado, noqueado por una crisis sanitaria que le viene grande tanto al jefe de la banda como a su numerosísimo Consejo de Ministros de liliputienses, hombrecillos empequeñecidos por una tarea no propia para ellos, sino únicamente apta para políticos de gran nivel, de manera que se muestran perplejos ante el bicho, ese Covid-19 que ellos mismos permitieron y consintieron mutar a ochodemarzovirus.

A esta hora, Irenita, señora de Iglesias, en su tournée sin descanso por las numerosas televisiones del Gobierno, una vez seleccionados los programas basura de máxima audiencia, lo niega todo: “La celebración del día ocho de marzo 2020 no es responsabilidad de su Ministerio de Igualad, es decir, de ella”.