Desde que Moncloa nos dijo, con retraso para no asustar, que nos enfrentábamos a un problema de salud pública de proporciones no vistas en el último siglo, nos vienen diciendo machaconamente que estamos abocados a una nueva normalidad.

Me resisto a aceptar semejante normalidad y prefiero confiar en la medicina del siglo XXI para superar esta pandemia de manera distinta a como se hacía hace mil años de la mano de barberos cirujanos y de señores feudales. Me explico.

Hablando del siglo XXI ahora tenemos al Dr. Simón. Él no va en carromato de pueblo en pueblo vendiendo brebajes para sanar las lombrices. El comparece en rueda de prensa día sí y día también. A veces rodeado de hombres y mujeres uniformados a los que da la palabra e incluso justifica, aplaude y alaba haciendo las veces de Barbero Mayor del Reino. Es un hombre mediático que hipnotizó al público en general y a la clase médica en particular. Prevenir no ha prevenido, sanar tampoco sana, pero inicialmente, hay que reconocerlo le dio un aire técnico a la lucha contra el coronavirus suministrándole oxígeno al Gobierno socio comunista.

Ha conseguido que sigamos a rajatabla sus normas o las normas del Gobierno, tanto monta. En enero decía que España, como mucho, tendría algún caso diagnosticado de coronavirus. En febrero que la gripe era más mortal y que no teníamos ni coronavirus, ni riesgo. Terminó febrero diciéndonos que le sorprendía el exceso de preocupación que teníamos, que no había virus ni casos autóctonos y que debíamos saber los riesgos reales no los ficticios.

Como seguimos sus normas no hacían falta cribados en los aeropuertos y no teníamos que cerrar, allá por marzo los centros de día. No tenía sentido tomar muestras a asintomáticos y ya puestos se permitió la manifestación del 8M. Siguiendo sus normas, el 15 de marzo su Presidente anuncia el estado de alarma. Ese día el Dr. Simón, el técnico Simón, debería haber pedido perdón y haber hecho las maletas, sus proyecciones epidemiológicas o las que el respaldaba eran ya un letal fracaso.

Pero no, siguió tras su atril, cambió el discurso técnico para dar paso a otro lleno de rectificaciones y contradicciones, impropio de un profesional de la medicina. Le siguió un discurso político y opaco, de supervivencia personal y profesional, peligroso en tiempos de crisis.

El político Sr. Simón aparece en escena consciente de que, con sus graciosas comparecencias y múltiples apariciones, consigue por un lado aburrirnos y por otro ocupar el espacio de los discursos críticos a su gestión, tanto políticos como profesionales.

Se permite el lujo de que a un error le sigua una mentira y a la mentira otro error. La patada hacia arriba, esa que reciben muchos políticos por su incompetencia, le ha convertido en subdirector general, en “ese técnico” que todo gobernante mediocre necesita a su lado. Es imprescindible, el amo del ministerio, intocable. Sirve al virus Sánchez.

Estuvimos hipnotizados muchas semanas, posiblemente porque nos encontrábamos, gracias a sus razones, en lo más crudo de la pandemia y los profesionales empeñados y ocupados en doblar la curva, a pesar de sus razones. Y llegó un momento en que la hipnosis dejó de funcionar. El Sr. Simón se despachó el sábado pasado en una de sus comparecencias estelares manifestando, como si no hubiera un pasado, el “flaco favor que le hacen a España” si las comunidades se toman la desescalada como una carrera y añade “Si suspende uno solo suspendemos todos”.

El técnico con currículum no ha suspendido un examen, ha suspendido todas las evaluaciones y con él hemos suspendido todos. No con un cero sino con las cifras de esta crisis generadas al imponer a rajatabla normas politicotécnicas fallidas.

El Sr. Simón, es ya subdirector general, pero se le ha debido olvidar aquello de “quien con niños se acuesta se despierta mojado”. Quien se presta en una pandemia a ser el soporte del peor presidente que ha tenido España y la voz del más necio de sus ministros de Sanidad, corre el riesgo de tener que metabolizar las consecuencias del letal Gobierno Sánchez y hay que recordarle que su ministro de Interior ya manifestó que, en esta crisis, ”cualquier error va a tener coste en vidas humanas” y no creo que ningún ministro esté dispuesto a ofrecer su cuello y mucho menos por él.

Dr. Carlos Navarro Arribas.

Médico Inspector.

Médico Titular de Sanidad Exterior.