Tras dos semanas de guerra, la verdad es que no conocemos demasiados detalles sobre la marcha de las operaciones: los medios rusos dan muy pocos detalles, los occidentales una ininterrumpida avalancha de propaganda y manipulación que no da casi ninguna información real, los ucranianos una serie de afirmaciones triunfalistas; las páginas especializadas de análisis son algo más útiles, pero la gran mayoría son occidentales y nos dan siempre algo que está a medio camino entre una cobertura objetiva y un panfleto de la OTAN.

Lo único que sabemos es, aproximadamente, el avance de las tropas rusas y desde luego, aunque nadie conozca realmente los planes de operaciones y objetivos últimos, el progreso parece bastante lento. El Kremlin sigue diciendo que todo va según lo planificado pero no dan detalles, los occidentales sólo nos propinan manipulación de bajo nivel y los ucranianos afirman continuamente que los rusos están totalmente empantanados y sufriendo bajas catastróficas.

Yo no tengo más información que cualquier lector de este medio; desconozco tanto la marcha real del conflicto, los planes rusos, las pérdidas reales, el potencial real de Rusia y de ucrania, los detalles de lo que está pasando. Pero algo de lo que nos llega lo podemos desbrozar con simple sentido común.

En una guerra donde no hay una gran diferencia tecnológica entre los bandos y los defensores disponen de miles de armas antitanque y antiaéreas portátiles, no sólo se origen soviético sino occidentales y modernas, el ejército atacante necesariamente tiene que sufrir bajas de cierta entidad. Ahora bien, tampoco parece cierto que estén cayendo helicópteros y aviones rusos a puñados y blindados a centenares; de ser así las redes estarían totalmente inundadas de este tipo de vídeos y no es así en absoluto: los que vemos son siempre los mismos y sin duda conoceríamos todos estas supuestas desastrosas pérdidas rusas, puesto que parece haber por todas partes drones y móviles grabando.

También parece bastante absurda la pretensión de que los rusos se estén quedando sin tropas o sin armas, lo que me parece más bien una tesis autocomplaciente que no tiene ninguna base real, una grotesca forma de subestimar a Rusia.

El avance parece lento y seguramente encuentra fuerte resistencia, pero dudo que nadie pensara ocupar en dos semanas Ucrania, un país mayor que España con 44 millones de habitantes y muchos núcleos urbanos. Sin contar con que lleva desde 2014 siendo preparado militarmente por los países occidentales, quienes sabían que este momento llegaría y han trabajado para ello; si no los lacayos de la UE seguramente las élites ocultas que han orquestado desde el principio el enfrentamiento entre ucranianos y rusos.

Para tener una referencia de comparación que puede ser útil, en la segunda guerra del golfo Estados Unidos tardó casi mes y medio en conquistar el país, aunque la resistencia posterior se prolongó durante años. Sin embargo en aquel caso era infinitamente mayor la ventaja del invasor, tanto en tecnología como en calidad de los ejércitos; sin contar con que Ucrania goza de un suministro garantizado de armas portátiles modernas occidentales.

Seguramente las cosas no estén saliendo tan bien como Moscú planeaba; pero me parece también que se trata sólo de la mitad de la historia. El ejército ruso, al contrario de lo que pretende la propaganda occidental por no decir la ucraniana, me parece que está operando bajo instrucciones de limitar en lo posible las víctimas civiles y la destrucción del país atacado, lo que probablemente tiene un precio tanto en bajas como en rapidez del avance.

Y esto no por cuestiones éticas en las que no entro, sino simplemente porque es la línea que tiene sentido políticamente, pues arrasar el país (cosa que podrían hacer seguramente) dejaría sin sentido las mismas razones por las que han emprendido esta guerra. Ahora bien, como no tiene ningún sentido para los rusos castigar a la población civil, sí tiene perfecto sentido para los ucranianos castigar a esa parte de su propia población que es  más favorable a Rusia; de hecho llevan haciéndolo ocho años, desde el 2014.

Para Ucrania las víctimas civiles son un activo político y de propaganda, para Rusia es exactamente lo contrario. Por todo ello, cuando rusos y ucranianos se acusan recíprocamente de atacar a la población civil e impedir las evacuaciones, me parecen más creíbles los primeros y no porque sean los “buenos” sino por una cuestión de simple lógica.

Lo anterior nos lleva a cuál puede ser el objetivo final de la invasión rusa: la ocupación total de Ucrania o “solamente” una victoria militar que permita a Rusia imponer condiciones políticas, anexionándose o controlando ciertos territorios como las provincias de Donetsk y Lugansk. Repúblicas a las que habitualmente se refieren los medios como  autoproclamadas porque, según la despectiva propaganda occidental, cuando la voluntad de un pueblo no es la que “debe ser” entonces esa voluntad es autoproclamada, que en caso contrario es una voluntad democrática.

Pero hay más territorios prevalentemente rusos en la Ucrania geográfica: en todo el Este y Sur del país sin ir más lejos, en ciudades como Odessa y Kharkov; habría que ver si prevalece el sentimiento pro o anti ruso en según qué lugares. Sólo el Oeste de Ucrania es clara y decididamente antirruso y aquí es importante recordar la historia, porque gran parte de Ucrania occidental era polaca hasta el 1945 y fue anexionada por la Unión Soviética de Stalin.

Podríamos pensar que este tipo de cosas ya no sea importante después de 80 años, pero no es así como nos recuerda el caso de los países bálticos. Estonia, Letonia y Lituania formaron durante mucho tiempo parte del imperio de los zares, tuvieron 20 años de independencia tras la revolución bolchevique pero fueron ocupados por la Unión Soviética en 1940, además de sometidos a un parcial proceso de rusificación forzada, con la introducción de población rusa. Pero incluso así, cuando cayó el comunismo 50 años después no dejaron de aprovechar la ocasión para independizarse; del mismo modo, incluso hoy después de dos generaciones, la Ucrania occidental no es lo mismo que el resto del país y es perfectamente comprensible que la hostilidad contra Rusia sea mayor allí.

Todo ello condiciona los escenarios posibles y los objetivos que puede tener Moscú. Una ocupación militar completa de Ucrania parece difícil, o imposible visto cómo están marchando las cosas. Además tendría que hacer frente a una hostilidad continua en gran parte del país y a una resistencia que gozaría del apoyo occidental en armas y en dinero para realizar llevar a cabo una campaña de terrorismo (desde el punto de vista ruso) o de lucha por la libertad (desde el otro). Militarmente un pantano, políticamente una ocupación pura y dura, económicamente una ruina.

Otra posibilidad es la división en dos zonas de influencia al estilo de Corea: una Ucrania occidental y otra oriental, lo cual es perfectamente posible y cuya viabilidad política depende de la actitud hacia Rusia de las poblaciones ucranianas interesadas.

En fin, el objetivo mínimo es la anexión de las repúblicas ya en secesión y posiblemente algún territorio más, pero ello dejaría al resto de Ucrania completamente en el bando occidental y enemistado con Rusia durante al menos una generación; políticamente sería una derrota y un resultado muy magro para el esfuerzo y el precio pagado por Rusia. Lo que está claro es que todo lo que quede fuera de la ocupación rusa va a unirse militarmente a Occidente es decir el bando enemigo, la posibilidad de un Estado neutral ha desaparecido.

Todo ello dependerá de la evolución militar del conflicto y de las fuerzas reales en juego, que en gran medida desconocemos. Pero las élites ocultas que manejan Occidente tras la farsa democrática y la ramera UE han obtenido ya resultados importantes, para los que han trabajado durante años: arrastrar a Rusia a una guerra, excavar un foso de odio y enfrentamiento entre rusos y ucranianos, enemistar a Rusia con Europa. Con ello han dado inicio a una nueva fase de la gran guerra del globalismo contra las patrias, contra Rusia y contra la verdadera Europa distinta de la ramera UE.

Estos resultados políticos ya han sido obtenidos, usando a los ucranianos como carne de cañón en un diseño que comenzaron a actuar en 2014 y que perfectamente podemos considerar una guerra no convencional o guerra híbrida como se ha comenzado a llamar, en la cual la militar sólo es una de las dimensiones y ni siquiera la más importante.

El resultado de hundir a Rusia, sin embargo, dudo que vayan a conseguirlo, menos aún consolidar la hegemonía del mundialismo. En efecto en más de un aspecto, los procesos que acaban de empezar pueden llevar a que les salga el tiro por la culata a las élites globalistas. Será el tema del siguiente artículo de esta serie.