No, no lo es, Sánchez, porque sus personalismos indultos políticos sólo persiguen un fin inmoral y visible como es salvar su culo. Eso sí, a costa de forzar al Rey a firmar lo infirmable al saltarse éste también, y de su mano, la resolución del Tribunal Constitucional contra los indultos.

       Su indecencia, jovenzuelo irresponsable, contrasta frente a la honradez del común de los españoles y además, en esto, amigo, su culo no vale un real.

       Mire, no se puede indultar a quienes quieren romper España por la puerta de atrás y a día de hoy se mantienen en sus treces. Al menos, la tal panda de cuentistas es más coherente que usted, porque no han cambiado su rumbo ilegal.

       Es una tomadura de pelo al común de la ciudadanía hablar de concordia y echar gasolina a los últimos rencores de la Guerra Civil española. Su perfil le retrata sin paliativos: Valiente con un muerto, cobarde con cuatro chuflas independentitas que engañan a la gente con el cuento chino ese de la república allá en Cataluña, antiguo condado del rey de Aragón.

       Indecente es hacernos pasar al conjunto de la nación por esta afrenta salva culo, maltrato personalísimo a toda la población de España, porque hacer política siempre implica coherencia, sensatez, legalidad, sacrificio y constancia.

       Hasta los mismos troleros indepes se rebelan ante su inconsistencia y atrevimiento. Será la osadía del incauto, el paso adelante del inconsciente, la chulería del chuleta.

       Sea lo que sea, usted, con sus personalísimos indultos, ha desacreditado el valor de nuestro Tribunal Supremo, ha metido al Rey en un callejón sin salida y se está riendo de todos los españoles de bien que viven de su trabajo.

      Favorecer e indultar por la cara es un maltrato a los mismos catalanes que reclaman un interlocutor serio, coherente y firme, ya que quien te da lo que no mereces no es de fiar.

      Lo que define a un hombre de Estado es la firmeza de sus criterios, la solidez de su palabra, la honradez de sus planteamientos y el respeto a las instituciones.

      ¿Qué por qué no es decente usted, Sánchez?

      Muy fácil: Porque sus criterios son volubles, su palabra carece de solidez, sus planteamientos son rastreros y no respetas las instituciones.