Lo que siempre hemos entendido como educación pública, pasó a mejor vida. No volvamos, por tanto, a decir educación, porque la educación entendida como la suma de conocimientos y valores ya no existe. La educación que reciben nuestros nietos en la escuela, el instituto o la universidad -los valores deben aprehenderse en la familia- ya tiene bastante poco de educación y va a tener mucho de adoctrinamiento.

La situación de detritus en que hoy se encuentra nuestra educación pública no deviene de quince años atrás, ni empezó con Zapatero, sino que empezó al poco de implantarse esa mentira que llamamos transición -¿transición a dónde, a lo que hoy llamamos democracia?- El punto de partida está en una nefasta ley llamada LOGSE, donde ya se sentaron las bases de la degeneración que hoy sufren nuestros estudiantes. Sólo un ejemplo: Se suprimieron las notas de escala numérica y se sustituyeron por un "progresa adecuadamente" para significar un aprobado y otras majaderías de semejante guisa.

De ahí en adelante, con cada gobierno socialista, las sucesivas leyes fueron a cada cual peor, mientras el partido popular, que tampoco se distinguió por hacer leyes ni siquiera aceptables, no lograba casi tocar pelo y cuando lo tocaba venía el gobierno siguiente socialista y le echaba su ley abajo.

Los de mi generación de posguerra tuvimos un sistema educativo de excelencia. Sí, sí, excelente. No ya porque la práctica totalidad de niños estaban escolarizados y los jóvenes tenían acceso a la enseñanza secundaria y universitaria con un sistema de becas efectivo, sino porque era eficiente en instrucción, conocimientos y muy escasamente, por no decir, nulo adoctrinamiento en el aula.

Alguna vez ya he dicho en este foro que mis tres hermanos y yo nos hemos educado la mayor parte de nuestros estudios en colegios de huérfanos del Ejército, allá por los años 60, por haber sido militar nuestro padre y que fallecida con anterioridad nuestra madre, con la exigua pensión que nos quedó no podíamos valernos por nosotros mismos, en un hogar ya inexistente. Mi hermana mayor tuvo que volver de la universidad de Santiago para hacerse cargo de nuestra casa y seguir estudiando por libre y los tres restantes ingresamos en los colegios de huérfanos. Ello permitió que mis hermanas sean hoy: licenciada en Letras una, doctor ingeniero de Montes la otra, ingeniero Aeronáutico mi hermano y economista el que escribe. Y como nosotros, otros muchos compañeros de entonces.

Nuestra educación se nutría del esfuerzo y el mérito. Había que memorizar sí, porque entonces no había ese almacén bastante trufado de mentiras que es Google, pero también había que aplicar inteligencia y tesón. Nada, o casi, se regalaba y para quien no servía o no podía seguir estudios superiores había universidades laborales.

A los tipejos que nos desgobiernan les importa tres pitos que el estado imparta una educación rigurosa en cada uno de los niveles educativos para saber pensar con raciocinio, buscar la libertad y ser bien dotados de conocimientos, sino todo lo contrario, lo que quieren son generaciones de analfabetos, ágrafos bien adoctrinados, de lo que se encarga la ingeniería social del desgobierno. Y estos mequetrefes ya no se cortan un pelo en decirlo y hacerlo.

Hemos dado como bueno y aceptado como normal que una señoritinga de Neguri que llevó a sus hijas a un elitista colegio de monjas nos espete a la cara que los hijos son del estado, lo que hoy en España equivale a decir del desgobierno. Y callamos.

Hemos dado como bueno y aceptamos como normal que se atente contra la enseñanza concertada, que es tan pública como la que imparte el estado, negándole en breve todo tipo de ayudas y financiación, con el fin de destruir y acabar con la educación privada y el derecho de los padres a la libre elección de centro y así almacenar a todo el alumnado en las escuelas públicas para ser hoy adoctrinados y mañana convertidos en unos desgraciados sin oficio ni beneficio, y vivir de de la miseria que le den los gobernantes. O sea, ellos. Y callamos.

Hemos dado como bueno y aceptamos como normal, que se nos anuncie que las enseñanzas no estatales o autonómicas sean gravadas con el tipo de IVA más alto, a fin de llevar a efecto lo dicho anteriormente. Y callamos.

Hemos dado como bueno y aceptamos como normal -también el partido popular- que las actividades de adoctrinamiento pasen a ser lectivas y de obligada asistencia, abriendo las aulas a falsas ONGs y a organizaciones llamadas de género, homo-sexualistas, trans-sexualistas, etc, donde se trivializa el sexo y se les inculca desde niños que la identidad sexual es algo de quita y pon, hoy una cosa y mañana la contraria. Y callamos.

Hemos dado como bueno y aceptamos como normal el destrozo total educativo como es la proposición de que un alumno no tenga tope alguno por el número de asignaturas suspendidas y prosiga, como si nada, su currículo escolar y hasta se gradúe con suspensos en su historial académico, siempre que una junta escolar así lo estime. Esto, es ya el golpe de gracia a la enseñanza como se ha entendido hasta ahora aquí y en todos los sitios. Solo un profesorado trufado de izquierdistas decidirá quien sí y quién no se gradúa. Porque no olvidemos que desde mis años de universidad en la segunda mitad de los 60, buena parte del profesorado al menos universitario era de izquierdas, hoy es una mayoría en todos los ciclos ya que ha sido convenientemente manipulado por la imperante cultura de la izquierda, que también ha absorbido a buena parte de la derecha. Y callamos.

Como dijo el mayor ladrón catalán que vieron todos los tiempos: "poco a poco y con paciencia, llegará la independencia". De igual manera que más o menos la mitad de los catalanes son hoy ya independentistas, tras 40 años, la educación ha trocado en adoctrinamiento. Y cada vez, a más a más. Y callamos.

En España casi todo es hoy una escombrera. Empezando por las instituciones: en primer lugar es una escombrera el que llamo desgobierno; es una escombrera el poder judicial mangoneado por los políticos; es una escombrera la fiscalía que no es del estado sino del desgobierno -dos pilares básicos del estado-; es una escombrera la abogacía del estado; son una escombrera las autonomías, comedero de enchufados políticos y muchas de ellas en rebeldía o en camino de serlo; es una escombrera la universidad, endogámica de familia y de ideologías que calla ante tanto despropósito; es una escombrera el parlamento, plagado de incultos; son una escombrera los partidos políticos -salvo poquísimas excepciones- que han robado y roban y viven de lo público a mansalva; son una escombrera las élites económicas y financieras que solo buscan engordar, ciscándose en el libre mercado y envileciéndose ante el poder político, toque el que toque y sea el que sea; es una escombrera la élite episcopal católica que calla y ni asoma la patita cuando el desgobierno profana sus templos, profana tumbas, anuncia que expulsa a sus monjes y derriba cruces, creyéndose que ellos no serán los siguientes, si no hacen ruido y callan.

Y cómo no, la educación, que es el futuro de una nación, es una escombrera, camino de serlo más. Siento el mal rato que quizá les he dado con la lectura de estas líneas, pero ver cómo nos vamos al despeñadero me obliga a no callar.

Pobre España mía.