Sr. Director:

    Toda revolución necesite su proceso de gestación silenciosa, tiempo durante el cual esos desconocidos que la dirigen mantienen en nómina a los “indignados”, escondiéndolos en pasadizos subterráneos, a cuya sala de juntas, donde se dictan la directrices a seguir, se accede a través de un pasillo abovedado que gira al Este, desembocando en una pequeña estancia cuadrada de nueve por tres metros, y seis metros de altura, debajo del atrio de un templo católico abandonado, en medio de la cual hay tres columnas, y sobre un suelo de azulejos blancos y negros en damero, arena, un esqueleto momificado, una mesa con velas, un puñal, azufre, sal y agua.    

    Aparentemente espontánea, la revolución, principalmente para la percepción de la inmensa mayoría, porque en el conocimiento de lo que verdaderamente ocurre sólo estamos unos pocos, acumula sus propósitos, perfectamente diseñados desde el principio de los tiempos. Nada nuevo bajo el sol. 

    Podrá aguantar España la corrupción generalizada a todos los niveles, el individualismo de la sociedad, la incertidumbre de tantos hombres y mujeres parados, la  angustia de tantas familias que viven en el  umbral de la pobreza, la falta de expectativas de tantos jóvenes, la simpleza de una educación sin valores trascendentes, los miles de seres humanos asesinados en los vientres de sus propias madres y la muerte de quienes nos estorban. En definitiva, podrá aguantar España el clima de absoluta inmoralidad que se vive en todos los órdenes de la vida.  

    Podrá aguantar España la envestida independentista de Vascongadas y Cataluña, más las presiones de Marruecos sobre Ceuta, Melilla y Canarias alentada por una inmigración que en su mayoría viene a eso, a destruir España. 

    Podrá aguantar España la ofensiva contra la Justicia puesta ya de manifiesto por el Poder Judicial plantando cara al Gobierno por su vergonzoso y arbitrario propósito de ponerla a su servicio ideológico. Podrá aguantar el Tribunal Supremo sin investigar la gestión del Covid-19.