“Novak Djokovic continúa retenido tras su llegada a Australia, donde pensaba participar en el Open de Australia que se celebra entre el 17 y el 30 de enero en Melbourne. El número uno del ranking ATP, que no ha anunciado el cumplimiento de la norma de pauta de vacunación completa para participar en el torneo pero sí contaba con una exención médica, ha convertido su situación en un asunto de estado, y el ministro de asuntos exteriores de Serbia ha comparecido para exigir su liberación inmediata.”   

    (Okdiario,  05/01/2022.)

 

   Abocado, como en la fábula del león enfermo, a la encerrona en el Abierto de Australia, el zorro Djokovic, el soberbio tenista serbio que ha visto a tantos deportistas de distintas especies entrar en la cueva vacunaría del desierto de irás y no volverás y salir con los pies por delante y los colmillos del rey de la globalinazión de la sabana (¿o sábana?) blanca) clavados 3 veces con sendas dosis de inoculación, ha evitado caer en la Trampa.

   Y, como secuela, un conflicto diplomático de opereta que enfrenta a la Syldavia de su república balcánica soberanista con una spamsionista y globalitaria Burduria austral. [Y no confundir a la primera con “la microaldea gala” y su poción mágica vs. la ponzoñosa pócima oMacrón de la “Aldea global”, ni a la segunda con la Bardulia va(sc)unada, en manos del mau-mau del Kikuyu sabinarianista y del Mao-Mao del bolchevasquismo.]

   De “Espartaco del mundo libre” lo ha tildado a Nole su padre (ante el colaboracionista tío Tom(i) Nadal) y de encarnación de Serbia, el gobierno de Belgrado. Pero no sería la primera vez que un serbio altera el curso de la Historia. De hecho, hace poco más de un siglo, el detonante de la Gran Guerra había sido otro serbio, Princip, el Arkanángel  Gavrilo que anunciaba el apocalipsis del “mundo de ayer” con aquel atentado de Sarajevo contra el Archiduque Franz Ferdinand, heredero del trono bicéfalo del Imperio Austro-húngaro, la Kakania (kaiserlich und königlich, ‘imperial y real’) de El hombre sin atributos de R. Musil, encarnación de la crisis de la conciencia burguesa que se avecinaba.

      EL SERBIO DJOKOVID VS. AUSTR(AL)IA  Y ¿SINOVAC O SIN NOVAK?

      “La Rastra no escribía, sólo pinchaba, y la Cama no hacía girar el cuerpo, sino que lo levantaba temblando hacia las agujas. El Explorador quiso hacer algo que pudiera detener el conjunto de la máquina, porque esto no era la tortura que el oficial había buscado, sino una franca matanza.”

                              Franz Kafka, “En la colonia penitenciaria” (La condena, Alianza ed., 1994, p. 143.)

 

       “Nole me tangere”

                                (Paráfrasis de la novela de José Rizal.)

 

       “No vak(una) Yo kovid

                               (Leído por ahí.)

   

   No sería de extrañar, iniciadas las hostilidades de esta III Guerra Global intestina y no declarada que libra el Gobierno Mundial contra la humanidad con la colaboración de los estados eméritos, que fuera precisamente este Principe in pectore de la historia del tenis quien, en el slalom gigante y cuesta arriba por coronar el Gran Slam del Open (Society)  de Australia, prendiera la mecha de la declaración oficial de guerra en la kafkiana colonia penitenciaria del Imperio anglosajón de su nada Graciosa Majestad Grambretona y sus australiados, esa Kakunia del Imperio, se diría, Australo-cánguro, desafiando con su inteligencia (Djokobits) y sus anticuerpos (Djokovid) a todas las kakunas habidas y por haber: de la e-Káizer o Faszier, pasando por la más Moderna que haiga, a la de garrafón de pangolín, la Sinovac China, sacudiéndose una vez más el yugo de los eslavos del sur.  Porque si le reescriben el genoma pinchándole Sinovac, se quedan sin/Novak Djokovic.  

  De modo que el partido de Djokovid vs. Goliat se presenta, más que reñido, a muerte.

Y mayores desafíos se han visto. ¿O no declaró la guerra al Imperio Alemán, durante la I República (1873), el Cantón de Cartagena a la vez que, tras su peripecia spamsionista por tierra y mar, se lanzó a la odisea de solicitar a Ulysses S Grant su anexión a EE.UU, como lo novelara, en la II República, Ramón J. Sender en Mr. Witt en el cantón (1935)?

¿O la conquista de Albania por el Reyno de Navarra? ¿O aquella insurrección de sendos pepes, el cubano José Martí y el tagalo José Rizal contra la metrópoli, por rizar el rizo?

  Se podrá alegar que Serbia carece de salida al mar (sin siquiera esa puerta al Adriático del Imperio austro-húngaro por el puerto de Trieste), pero también tiene estrangulada la salida al Océano Pacífico Bolivia mientras ostenta un sedicente “Ministerio de Marina”. 

   Y el reto a la colonia vacunatoria, ese Cantón del imperio global de las antípodas que es Melbourne, como en la I Mundial, un siglo atrás, bajo el miedo pánico a la epidemia: de la gripe mal  llamada “española” (verificadora de la información, en calidad de potencia “newtral”, con su prensa amarilla) de antaño, a esta gripe (¡qué coinsidensia!) de la (Cochin)China de  hogaño, ese peligro amarillo (amarillista, mejor) del sino-bitcong o del “desierto de los tártaros”, bárbaros y esteparios que nos quieren parias, mongoles que nos pretenden mongolos borderline, jázaros sionistas (cuya criptonazión no tardará Luys Coleto en desentrañar en El diccionario jázaro de Milorad Pavić, ese santón del “realismo mágico” serbio), “jemeres (en definitiva) al borde de un ataque de serbios”. Y a falta de naves, aeronaves, y una buen volea, y servi(o)dores para navegar por internet. 

   A fin de cuentas, ¿no habría sido más cómodo para Djokovic ahorrarse el ultimátum serbio al Imperio Austro-australiano, y seguir entrenando en Málaga sin dejarse atraer por los cantos de sirena del Tiranic globalista? Pues, si hay que ir se va, pero ir pa na...

   Aunque la resistencia es un gusanillo que remuerde la resiliencia del muerto en vida, pues resistencia es, diría hoy Unamuno, re-existencia. Y contra acovidaticio, rexistente.

 

        CARTA DE LOS REYES MAGOS O SÉ TODOS LOS CUENTOS

 

      “Digo tan sólo lo que he visto.

       Y he visto:

       […] que el miedo del hombre…

       ha inventado todos los cuentos.

       Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

       Pero me han dormido con todos los cuentos…

       Y sé todos los cuentos.”

              León Felipe, “Un signo… ¡quiero un signo!” (Nueva antología rota, México, 1975, p. 171.)

 

   Más aún, si cabe, en esta península Barataria gobernada por un tal Sánchez, expósito ¡o Expósito? de Sancho Zancas que, en estas antípodas del Mediterráneo occidental (la occitania de una civilización cristiana occisa que se pretende accidental) hace de la cabalgata de la víspera de Reyes un trágala de la vacunación infantil —Sanchinflarás las fiestas vs. Santificarlas, ¿valdrá decir woke vs. Vox?—, globalisto cruzado de flautista de Faizerín que secuestra a los hijos de quien no le han pagado el rescate por librarlos de la rata con alas (no, paloma, no, murciégalo) de la fiebre amarilla y hombre de los caramelos que los chantajea con las golosinas de los fondillos de la gabardina, para inoculárselos acto seguido en un abuso de dizque experto en pedófila epidemiología experimental. 

      

         “Ya se han contado todos.

          Todos se han dicho y se han escrito.

          […]

          Pero yo no quiero cuentos…

          No me contéis más cuentos.”

              León Felipe, “Un signo… ¡quiero un signo!” (Nueva antología rota, pp. 170-171.)