50 años después del fin de la II Guerra mundial el identitarismo surgió en Europa con fuerza: Jorg Haider. En la Europa  buenista de los “debates cerrados” Haider abrió la trinchera de la lucha europea contra los mercaderes y la plutocracia trasnacional.

Los bienpensantes asistieron, en 1999, al auge del líder del partido austríaco FPO (Partido Liberal Austriaco) que situó en el gobierno de su país a cinco ministros de su formación en virtud de un pacto con los demócrata cristianos.

El discurso de Haider contaba con el inmenso apoyo popular de más del 90 cien de los habitantes de la región austríaca que el líder del FPO gobernaba: Carintia. En ella, el partido nacionalista era abrumadoramente votado al haber efectuado políticas de orden público y bajos impuestos. El FPO, exitoso en Carintia, avanzó arrolladoramente en sucesivas elecciones legislativas desde 1990, hasta llegar al gobierno en 1999.

Su apuesta política era por la expulsión de la inmigración islamista, el cierre de mezquitas, la reducción masiva de impuestos y la implantación de la preferencia nacional como ley estatal, además de garantizar la lengua germánica y abandonar la implantación obligatoria de las “lenguas minoritarias”.

Pese al refrendo popular sobre su discurso y al apoyo de los electores, la presidencia de turno de la Unión Europea, en manos de Portugal, condenó la presencia de los de Haider en el gobierno austriaco, amenazando con la ruptura de las relaciones bilaterales entre los dos países europeos si la entrada del FPO en el ejecutivo de Austria se confirmaba.

El resto de naciones de la UE se lanzaron a una maratón para firmar declaraciones, manifiestos, condenas y amplias resoluciones coactivas contra el nuevo gobierno austriaco con participación de la ultraderecha.  La coalición de países occidentales –Francia, Italia y España, entre otros-, llegaron a sugerir por boca de presidentes y ministros de Exteriores que se expulsara a Austria de la Unión. El Parlamento Europeo aprobó por amplia mayoría una declaración solemne relatando el “peligro que entrañaba que los neonazis de Haider accedieran al gobierno austriaco”. En la misma se plasmaba la idea de que la Europa unida y democrática “no acepta la proliferación de ideales racistas y xenófobos que están alejados de lo que significan los principios éticos y morales de la Unión”.

Países como Israel retiraron a sus embajadores de Austria y denegaron la entrada de Haider a esas naciones. EEUU llamó a consultas al embajador austriaco. El orbe periodístico mundial no cesó en reportajes sobre Haider, donde metían imágenes de Hitler y de los campos de concentración, relacionando al FPO y a Haider con el nacionalsocialismo alemán, vetado en Austria y Alemania pero usado a placer para intoxicar sobre el partido del líder austriaco.

Los periodistas papanatas subvencionados de España, entre ellos los de El Pais o La Razón, rellenaron sus portadas durante días con las fotos de Haider tildándolo de nazi y supremacista.

Esbirros buenistas de la religión globalista  -de izquierdas y derechas- incluido el entonces presidente del gobierno español José María Aznar clamaron, en sonadas declaraciones: “hay partidos que no deberían poder presentarse a las elecciones, por el bien de la democracia”.

Entonces, el grupo popular europeo –él mismo que hace unos meses suspendió a los eurodiputados identitarios húngaros de Viktor Orban hasta que, finalmente, éstos lo abandonaron- amenazó con la expulsión de sus socios austriacos por pactar con la “ultraderecha”.

Varios ministros españoles compararon al FPO de Haider - partido exento de antecedentes penales, sin ninguna condena por actividad violenta ni terrorista- con “Euskal Herritarrok” –marca de Herri Batasuna/ETA-… ¿Les suena? Es una práctica habitual en el PP: voces de este partido compararon recientemente a Vox con Bildu, partido heredero de ETA, o con Podemos, formación comunista legataria del terror rojo leninista y frentepopulista.

La coacción contra Austria continuó. Para formar parte del gobierno austriaco y calmar a la extorsionadora élite de Bruselas, se obligó a Haider a firmar un documento en el que prometía que respetaría “los principios básicos que encarna la UE”. Haider se perfilaba como candidato más importante para ostentar la cancillería de Austria en el año 2000, pero la UE exigió que se cancelase su nominación por su carácter ultraderechista, lo cual se produjo. En 2005 y para distanciarse del gobierno austriaco, Haider fundó el partido “Unión por el futuro”, como escisión del FPO. El líder austríaco volvió a ascender meteóricamente: después de los comicios de 2006 los de Haider están en el Parlamento de Viena y en las elecciones anticipadas de 2008 pasan del 4 por cien de los votos al 11 por cien. Por su parte, la ex formación de Haider, el FPO, pasa de un 11 por cien a un 18 por cien. La “ultraderecha” sigue siendo fuerte. Y Haider sigue siendo un valor en alza.

Pero en la UE molestó el auge de Haider y, sobre todo, su discurso incisivo contra el proceso de sustitución demográfica y cultural de su nación a manos de inmigrantes, y en cual destapaba el fariseísmo de las élites de Bruselas que prometían libertad a los Estados mientras imponían censuras ideológicas y políticas a las naciones.

La UE destrozó el derecho de las naciones a elegir y votar su propio destino amenazando a Austria y deformando la imagen de Haider, líder nacionalista que no quiso jamás demoler la democracia ni instaurar campos de concentración ni reeditar el nacionalsocialismo –como nos dijeron- sino, lisa y llanamente, ordenar la política de inmigración, revisar las condiciones de pertenencia a la UE, defender la Soberanía, bajar los impuestos y alejar los fantasmas de los lobbies climáticos y adoctrinadores que ya entonces eran metidos en tromba por las instituciones europeas en la vidas de las naciones.

Los apóstoles de la manipulación pusieron a trabajar su maquinaria para hundir a Haider. La democracia “libre” que tanto pregonaban se había desenmascarado; la libertad, sólo era feudo de unos pocos: de los globalistas, de los apátridas, de las ONG, de las multinacionales, de los buenistas.

Haider fue gobernador de Carintia con inmenso apoyo popular hasta el año 2008. El 11 de octubre de ese año falleció cuando conducía su vehículo Volkswagen Phaeton. La versión oficial habló de “intoxicación etílica” del líder político. La Fiscalía prohibió cualquier otra “especulación sobre su muerte”. El sucesor de Haider al frente de su partido fue Setefan Petzner, quién declaró haber mantenido una relación homosexual con Haider. Este individuo facilitó a los medios la versión de que Haider conducía con una tasa de alcoholemia de “1,8 g por litro de sangre”. La viuda de Haider cuestionó las declaraciones de Petzner y la versión oficial a la que tildó de inverosímil y mentirosa.

Los rumores sobre la homosexualidad de Haider pululaban diez años antes coincidiendo con el auge del FPO en 1999. La policía, que “custodió” el teléfono móvil que Haider portaba durante el accidente, versionó que el líder identitario “había salido de un local de ambiente gay y mantenido conversaciones telefónicas mientras conducía a 142 kms/hora y bajo estado de embriaguez”. La versión era la del “amante” de Haider.

Este relato fue destruido cuando aparecieron fotografías del automóvil accidentado de Haider presentando claros agujeros de bala. Hecho que fue confirmado por varios técnicos de la Volkswagen, que serían silenciados más tarde.

La versión oficial policial, la de la fiscalía y la del gay que afirmó “ser amante de Haider” fue blindada. Periodistas y abogados que quisieron indagar el caso fueron amenazados, y las diligencias policiales y judiciales les fueron vetadas.

Eso sí, pululan por la red, todavía hoy, fotografías retocadas con photoshop para presentar a un Haider de ambiente lúdico-homosexual porque se lo ve celebrando con su equipo y simpatizantes los éxitos de su partido político.

La calumnia y la difamación, todavía hoy, rodean la misteriosa muerte del líder que en 50 años de establishment buenista tras la II Guerra Mundial, había hecho de su carrera política y personal una lucha continuada por la defensa cultural, nacional e identitaria de Austria, de su región –Carintia- y de la libertad de los pueblos de Europa.